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Author: Eliza Marquez
last update publish date: 2026-07-20 12:03:15

Victoria permaneció inmóvil durante unos segundos y negó lentamente con la cabeza.

—No... por supuesto que no. Ethan no tiene otra mujer. Él jamás nos haría algo así... —sollozó.

Kate sintió un nudo en la garganta.

—Ay, Victoria... perdóname. No quería hacerte llorar.

La tomó de las manos y la condujo hasta el sofá.

—Ven, siéntate. Tienes que tranquilizarte.

Victoria respiró hondo varias veces y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—Siempre he sido muy sensible... —dijo con una débil sonrisa—. Pero tienes razón, debo calmarme. Él va a regresar. Ethan va a regresar cuando se dé cuenta de que no puede tirar por la borda nuestro matrimonio.

Kate asintió en silencio.

No tuvo el valor de destruir la poca esperanza que aún mantenía con vida a su amiga.

Victoria se puso de pie y caminó hasta el espejo de cuerpo entero.

Observó su reflejo durante unos segundos.

—Pídele a Sarah que prepare café.

Kate negó con la cabeza.

—Más bien dile que prepare algo de comer. No has probado bocado en todo el día.

Victoria asintió distraídamente y entró en el vestidor.

En realidad no tenía apetito.

Pero si Ethan regresaba...

No quería que la encontrara derrotada.

Después de revisar varias perchas, eligió un vestido de un tono claro que él siempre decía que resaltaba el color de sus ojos.

Lo sostuvo entre las manos y respiró profundamente.

—Tú puedes, Victoria... —se dijo a sí misma—. Todo va a salir bien.

Mientras tanto, Kate salió al pasillo con el teléfono en la mano.

La rabia que había intentado contener terminó por vencerla.

Marcó el número de Margaret.

La mujer respondió al segundo tono.

—¿Margaret?

—Sí, soy yo.

—Necesito que me digas la verdad. ¿Ethan tiene otra mujer?

Al otro lado de la línea se hizo un breve silencio.

—¿Cómo que otra mujer? —preguntó Margaret, sorprendida.

Kate apretó el teléfono con fuerza.

—Victoria está destrozada. Y después de ese comunicado lleno de mentiras, es evidente que Ethan intenta protegerse de algo.

Margaret suspiró.

—No lo sé, Kate. No tengo esa información.

—Victoria sigue convencida de que va a volver.

Kate bajó la voz para que su amiga no pudiera escucharla desde el vestidor.

—Pero yo no lo creo. Sarah, la empleada, está guardando todas las pertenencias de Ethan por órdenes suyas. Eso no es lo que hace un hombre que piensa regresar a casa.

Margaret permaneció en silencio.

Por primera vez, ni siquiera ella supo qué responder.

Ethan se encontraba en su casa de Malibú. Hacía apenas unas horas había regresado del viaje junto a Scarlett y, por primera vez en días, el silencio reinaba en la residencia.

Tomó su teléfono del bolsillo y presionó el botón de encendido.

La pantalla iluminó su rostro.

—Maldita sea... Me he quedado sin batería.

Esperó unos segundos mientras el dispositivo terminaba de iniciar.

Varias notificaciones comenzaron a aparecer una tras otra.

Llamadas perdidas.

Mensajes.

Y casi todos provenían de Marley.

Scarlett, que se encontraba en la cocina supervisando la cena, levantó la vista.

—La cena estará lista en media hora.

Al notar la expresión de Ethan, preguntó:

—¿Pasa algo?

—Se descargó el teléfono. Marley intentó comunicarse varias veces.

Tomó el móvil y se dirigió hacia el despacho.

—Estaré en la oficina un momento.

Cerró la puerta detrás de él y marcó el número de su socio.

La llamada fue respondida casi de inmediato.

—¿Dónde demonios estabas? —preguntó Marley.

—Sin batería. Acabo de encender el teléfono. ¿Qué ocurrió?

—Margaret me llamó muy preocupada. Al parecer, Victoria no tomó nada bien el comunicado.

Ethan permaneció en silencio unos segundos.

Después dejó escapar un suspiro.

—Sarah también me dejó un mensaje.

Se recostó sobre el respaldo de la silla.

—Pero... ¿qué quieres que haga?

Su voz sonó fría, casi resignada.

—Ni modo que vaya a consolarla.

Al otro lado de la línea, Marley guardó silencio.

Conocía a Ethan desde hacía muchos años.

Y sabía que, aunque intentara mostrarse indiferente, aquella decisión tendría consecuencias que ninguno de los dos podría controlar.

Victoria descendió lentamente por la escalera.

Al llegar al vestíbulo, se detuvo en seco.

Varias cajas de cartón permanecían abiertas sobre el suelo.

Dentro estaban los libros, fotografías, trofeos y objetos personales de Ethan.

Sintió que el pecho se le oprimía.

Sarah, que terminaba de cerrar una de las cajas, levantó la vista.

—El señor Callahan me pidió que preparara todas sus pertenencias.

Victoria permaneció inmóvil, sin apartar la mirada de las cajas.

Cada objeto era un recordatorio de la vida que habían construido juntos.

Kate apareció desde el comedor.

—Sarah nos preparó una ensalada. Ven, tienes que comer algo.

Victoria asintió lentamente.

Antes de que pudiera avanzar, Sarah volvió a hablar.

—Todavía debo sacar la ropa del señor Callahan de la habitación principal.

Victoria respiró hondo.

—Déjalo... yo lo haré después.

Sarah inclinó la cabeza y regresó a su trabajo.

Las dos amigas se sentaron a la mesa.

Kate esperó a que Victoria probara al menos un bocado antes de hablar.

—¿Por qué no vienes unos días a mi casa?

Victoria negó con suavidad.

—No es necesario. Estaré bien.

Kate sabía que no era cierto, pero insistir solo conseguiría que se encerrara más en sí misma.

—Tengo que ir al canal dentro de un rato. Debo grabar el programa.

Victoria levantó la vista.

—¿Cómo marcha?

—Muy bien. Los números de audiencia siguen subiendo y la dirección está pensando en cambiarnos a un horario de mayor audiencia. También habrá nuevas producciones para la próxima temporada...

Kate continuó hablando sobre reuniones, contratos y proyectos.

Pero Victoria apenas la escuchaba.

Su mirada seguía fija en las cajas del vestíbulo.

Por primera vez comprendió que aquello no parecía una pelea de matrimonio.

Parecía una despedida.

No.

Victoria no estaba dispuesta a permitir que su matrimonio terminara de esa manera.

No después de tantos años.

No con un comunicado enviado a la prensa.

Necesitaba hablar con Ethan.

Mirarlo a los ojos.

Escuchar de su propia boca que realmente quería poner fin a todo.

Y, sobre todo, entender por qué.

Esa idea comenzó a darle fuerzas.

Cuando Kate se marchó rumbo al canal de televisión, Victoria subió a su habitación, a partir de ese instante, Victoria lo intentó todo. Lo llamó por teléfono, pero él no atendió las llamadas. Le envió mensajes al móvil y a su mail, pero él no respondió.

Decidida tomó su bolso y bajó nuevamente las escaleras.

Sarah seguía organizando las pertenencias de Ethan.

—¿Va a salir, señora? —preguntó la empleada.

—Sí. No sé a qué hora regresaré.

Tomó las llaves de su automóvil.

Conocía demasiado bien a su esposo.

Si no estaba en la oficina, solo había un lugar donde podía encontrarlo.

La casa de Malibú.

Era la residencia más cercana a su trabajo y, además, Ethan detestaba pasar horas conduciendo. Siempre que tenía reuniones en Los Ángeles prefería quedarse allí antes que regresar a la mansión.

Victoria puso el motor en marcha.

Mientras el automóvil abandonaba la propiedad, una única idea ocupaba su mente.

Aquello no podía terminar sin una conversación.

No mientras aún existiera la posibilidad de salvar su matrimonio.

El trayecto hasta Malibú se le hizo eterno.

Durante todo el camino, Victoria ensayó una y otra vez las palabras que le diría a Ethan.

Tal vez todo había sido un malentendido.

Tal vez aún estaban a tiempo de salvar lo que habían construido durante tantos años.

Al llegar a la casa, estacionó el automóvil y descendió con el corazón latiéndole con fuerza.

No tuvo que tocar el timbre.

La puerta corrediza que daba acceso desde la playa permanecía abierta, dejando entrar la brisa del mar.

Victoria respiró hondo y entró con cautela.

La casa estaba en silencio.

Avanzó unos pasos por la amplia sala de estar.

En ese momento, Ethan, que se encontraba de espaldas observando el océano, escuchó los pasos.

Se volvió lentamente.

Sus miradas se encontraron.

Victoria sintió que el pecho le dolía.

Después de tantos días, por fin lo tenía frente a ella.

Una sonrisa, pequeña y llena de esperanza, apareció en sus labios.

—Hola...

No pudo evitarlo.

Lo había echado tanto de menos.

—¿Qué demonios haces aquí?.

—Tenemos que hablar.

Ethan, la miró y preguntó: —¿Te he invitado a entrar en mi casa?.

—No, Ethan... por favor —suplicó. Se miraron a los ojos durante unos segundos, hasta que él, acercándose, masculló:—Has el favor de salir de mi casa.

Desesperada por aquella frialdad, Victoria se acercó apoyando las manos en el respaldo de la silla dijo:—Soy una idiota, una imbécil, pero, por favor, ¡escúchame!.

Ethan, te echo de menos, cariño.

Se escucharon pasos y Victoria vio entrar a la sensual actriz Scarlett Collins se quedó parada mirándola. Ambas mujeres se contemplaron y Scarlett, agarrando a Ethan por la cintura, preguntó: —¿Qué hace ella en nuestra casa ? Él, con gesto impasible, la besó en el cuello.

—Tranquila. Ha sido una visita inesperada. Adiós, Victoria no quiero volver a verte. Su frialdad, cómo la miraba aquella mujer y el beso que Ethan le había dado en el cuello la hicieron temblar de rabia. La rabia por lo que le estaba haciendo se apoderó de su cuerpo y, saliendo por la puerta, gritó: —Eres un idiota, ¡un grandísimo idiota!.

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Comments (2)
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lablig
:( :( :( ansiosa de saber más de tu historia. ;) ;)
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lablig
Cuando iniciarán las actualizaciones? :) *~*????
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