LOGINMateo Morales lo tiene todo: fortuna, poder y un futuro trazado por su autoritario padre, quien lo obliga a casarse con la arrogante heredera Mariana Silva para fusionar sus dos imperios corporativos. Desesperado por escapar de su destino al menos por una noche, Mateo decide rebelarse e irse de fiesta bajo una falsa identidad. Es en un concurrido bar donde conoce a Camila, una joven humilde, hermosa y trabajadora que acaba de llegar a la ciudad buscando un mejor futuro. Para no ahuyentarla ni revelar su verdadera vida, Mateo le asegura que es un simple guardaespaldas. Lo que comenzó como un refugio de fin de semana se convierte en un amor profundo e incontrolable, llevándolo a vivir una doble vida llena de mentiras. Sin embargo, el tiempo se agota: el día de la boda pactada llega y Camila descubre la verdad de la peor manera posible. Devastada al ver en las noticias cómo el hombre que ama se casa con otra mujer por interés, decide confrontarlo y desaparecer para siempre, llevándose consigo un secreto que cambiará sus vidas. Dos años después, radicada en Canadá y criando sola al pequeño Manny —el vivo retrato de Mateo—, Camila intenta dejar el dolor atrás. Pero el destino vuelve a jugar sus cartas cuando Lucas, el mejor amigo de Mateo, la descubre por casualidad y nota el innegable parecido del niño. Entre pactos corporativos, matrimonios sin amor y verdades a punto de salir a la luz, Mateo deberá decidir si continuará atrapado en la cárcel de su imperio o si luchará por recuperar a la única mujer que amó y al hijo que nunca supo que tenía.
View More—¡Mateo, no estoy jugando! Tu boda con Mariana se tiene que hacer te guste o no —dice Fernando Morales a su hijo con un tono serio e imponente.
El poderoso empresario solo quiere que su único hijo una su vida a otra rica heredera para asegurar el poder de su imperio.
Pero Mateo Morales, el apuesto joven de 23 años, está muy lejos de querer hacerlo. Mira a su padre con sus ojos azules y responde firme:
—No, papá. Te he obedecido en todo, pero no puedo casarme con alguien por quien no siento nada. Mariana es insoportable, no es la mujer con la que quiero compartir mi vida.
Fernando lo mira fijamente y, mientras se acerca lentamente, le habla con la misma firmeza:
—No te estoy pidiendo tu opinión, te estoy dando una orden. Todo lo que tengo será tuyo algún día, y me estoy asegurando de que, cuando eso pase, nuestra empresa sea aún más fuerte. Los Silva son nuestros principales rivales; si nos unimos, ya no habrá competencia.
Al terminar de hablar, Fernando sale de la habitación confiado en que su orden será acatada.
Mateo queda furioso, sintiendo rabia de haber nacido en esa familia. Camina por la habitación de un lado a otro renegando de su suerte, hasta que se dice a sí mismo:
"Si mi familia ya me condenó a ser infeliz, entonces voy a salir esta noche y me voy a divertir como nunca. ¡Hoy voy a romper las reglas!".
Toma el teléfono y llama a Lucas, su mejor amigo. Solo una hora después, Mateo y Lucas están frente a las puertas de La Cava, uno de los bares de moda de la ciudad.
Se sientan y piden bebidas de inmediato. Un par de tequilas era perfecto para empezar; el objetivo de Mateo era olvidar sus penas esa noche y fingir que era libre.
—¿En serio te vas a casar, Mateo? —pregunta Lucas con sorpresa.
—¿Tengo otra opción? —responde él con decepción mientras espera la botella—. Si me pongo a pelear, mi padre me destruye. Ya lo conoces.
Mateo se queda en silencio, mirando hacia la barra para ver por qué la botella no llegaba a su mesa. En verdad la necesitaba.
Se distrae un momento, cuando de repente una voz suave llama su atención:
—Buenas noches, aquí está su botella —dice ella mientras se inclina para dejarla sobre la mesa.
Mateo queda impactado al instante con la belleza de la joven mesera. Su cabello negro, su piel tersa y su figura lo dejan sin palabras, pero lo que definitivamente lo atrapa son sus hermosos ojos cafés.
Ella lo mira fijamente y, casi en un susurro, pregunta:
—¿Desean algo más?
—Perdón, ¿qué dijiste? —pregunta él, sin dejar de mirarla directamente a los ojos.
—¿Desean algo más? —repite ella, subiendo un poco el tono de voz.
—No, muchas gracias.
Ella se retira, pero no sin antes mirarlo de nuevo. Cuando llega a la barra, siente que el corazón le late a mil por hora.
—¿Qué te pasa, Camila? —pregunta Valeria, su amiga y compañera de trabajo.
—Ese chico de la mesa seis... ¡es hermoso! Tiene los ojos más bellos que he visto en mi vida —dice Camila emocionada.
Lo que no imaginaba era que a Mateo le había pasado exactamente lo mismo con ella.
—Amiga, sé que es lindo, pero ¿ya lo miraste bien? Se nota que le sobra el dinero, justo lo que a nosotras nos falta —dice Valeria mientras acomoda unas copas en su bandeja.
Camila suspira y dice en voz baja:
"Es cierto, Valeria tiene razón. Un chico como él jamás se fijaría en alguien como yo". Y continúa trabajando.
Pero lo que Camila no sabía era que Mateo no le quitaba la mirada de encima.
—¿Qué tanto miras a la mesera? —pregunta Lucas curioso.
—Mírala, es hermosa. Nunca había visto a una chica tan bella —dice Mateo con total sinceridad.
—Sí, es linda, pero es una mesera y tú eres Mateo Morales —responde Lucas desconcertado.
Aunque para su amigo era una locura, Mateo no piensa pasar la noche solo observándola. Decidido, se levanta y camina hacia ella. Mientras Camila acomoda unas botellas en otra mesa, una voz la hace temblar:
—Hola.
Ella se queda paralizada. Había escuchado su voz hace solo unos instantes, pero era suficiente para reconocerla. Al verlo parado frente a ella, siente un vuelco en el estómago.
—¡Hola! ¿Necesita algo más? —pregunta nerviosa.
—Sí, necesito saber tu nombre —le dice él tomándose de valor y regalándole una sonrisa.
Camila siente que le tiemblan las piernas, traga en seco y trata de disimular los nervios.
—¿Perdón? No le entiendo...
—Sí, quiero saber tu nombre. Y también me gustaría saber si te gustaría salir conmigo —pregunta él, mirándola fijamente a los ojos.
Ella lo mira sin poder creerlo. Camila es una joven humilde y sencilla que llegó desde un pequeño pueblo a la capital en busca de un mejor futuro. Aunque es muy bonita, jamás imaginó que un chico como él se fijaría en ella.
Mateo tiene todo el aspecto de venir de una familia acomodada; se nota en su ropa, su perfume y el reloj de alta gama que lleva en la muñeca.
Pero por más increíble que parezca, la cita se concreta. Se ven al día siguiente y, tras compartir un café, Mateo confirma que ella es alguien transparente y especial. Sin embargo, el temor a perderla lo lleva a cometer un gran error.
—¿En serio eres el escolta del chico que estaba contigo? Pensé que tú también tenías mucho dinero, como casi todos los que van a ese bar —pregunta Camila curiosa mientras caminan por el parque.
—No, yo solo soy su guardaespaldas. Me pagan bien, pero no soy millonario —miente Mateo.
Camila no se siente decepcionada con la noticia; al contrario, le alivia saber que no es un típico chico rico.
Mateo la mira y siente culpa por mentirle, pero sabe que si le dice la verdad, tendría que confesarle que está a punto de casarse. Lo que siente por Camila es tan especial que no quiere arruinarlo, así que prefiere mantener el secreto.
Pasan los días y Mateo comienza a llevar una doble vida: por un lado es el heredero de la familia Morales que está comprometido por obligación, y por el otro, un simple guardaespaldas enamorado.
Camila se enamora cada vez más de él y al poco tiempo inician una relación. Mateo sabe que tarde o temprano tendrá que decirle la verdad, pero el amor que siente por ella es tan grande que no halla la manera de confesarlo por miedo a perderla.
Al día siguiente muy temprano, Lucas se levanta de su cama después de haber pasado toda la noche pensando qué iba a hacer."¡Esto es increíble! Nunca me había sentido tan confundido en mi vida", se dice mirándose en el espejo.Camila, por su parte, inocente de todo, empieza su día como todos los demás, abrazando y consintiendo a su hijo."¡Buenos días, mi bebé precioso! ¡Eres bellísimo! No me importa que te parezcas a ese hombre, tú eres el amor de mi vida".Manny solo se ríe, con esa sonrisa que a Camila la enamoraba cada vez más; sus bellos ojos azules y su tierna mirada son lo más hermoso que ella tiene en la vida.—Buenos días —le dice Valeria saliendo de su habitación.—Buenos días —contesta Camila con Manny en sus piernas.—¿Cómo amaneció ese príncipe? —le dice Valeria a Manny dándole un beso.Abre la puerta y toma el periódico que dejan afuera todas las mañanas, se sirve una taza de café y empieza a leerlo. De repente, Valeria mira a Camila sorprendida.—¿Qué pasa? —pr
—¿Me puedes decir dónde estabas? —le pregunta Mariana a Mateo, enojada al verlo llegar a su elegante departamento.—Déjame en paz —le contesta él sin afán, aflojando su corbata.—¿Mateo, qué te pasa? Pensé que este matrimonio iba a ser candente, ¡que destilaría pasión! ¡Pero eres un hielo, ni siquiera me has tocado! Dime la verdad, ¿eres gay?—¡No! ¡No soy gay, Mariana! Mi problema es que amo a otra mujer y por culpa de este matrimonio la he perdido para siempre. ¿Contenta? —furioso, Mateo se va a la habitación de huéspedes donde dormía desde que llegaron.Mariana queda boquiabierta, sorprendida. Nunca imaginó esa respuesta; Mateo le volvía a repetir que no la amaba.Dos años despuésToronto, Canadá—¡Mira quién llegó! Es mamá —dice Valeria sonriendo con un bello niño en sus brazos.—¡Sí, mi amor, ya llegué! —le dice Camila al pequeño, mientras lo carga en sus brazos y lo llena de besos.—¿Cómo te fue en el trabajo? —pregunta Valeria.—Bien, cansada pero bien —contesta Camil
—¿Cómo pudo hacerme esto? —se preguntó Camila, mientras las lágrimas la ahogaban.—Es un millonario, no es un guardaespaldas como te dijo —dice Valeria desconcertada, leyendo nuevamente la nota de la revista.—Es hoy, Valeria. Aquí dice que la boda es hoy. Quiero verlo, necesito verlo —dice Camila con la voz entrecortada, al mismo tiempo que sus manos tiemblan y siente que el corazón se le quiere salir por la boca.—¿Qué? No, Camila. ¿Cómo vas a ir a verlo casarse? No vale la pena, ¡es un mentiroso! —le dice Valeria furiosa.—¿No lo entiendes, Valeria? Necesito verlo, necesito saber por qué lo hizo, por qué me engañó —dice Camila, decidida y dolida al mismo tiempo.Mateo, sin imaginar el dolor que había causado en la mujer que realmente amaba, se mira al espejo vestido de novio.Era el momento. Salió de la habitación y abajo lo esperaban sus padres, orgullosos de que su hijo se casara justo con la mujer que ellos querían.Llegan a la iglesia y Mateo espera a la novia en el alta
El remordimiento por mentirle a Camila tenía a Mateo viviendo un calvario, pero al mismo tiempo el deseo de no perderla lo hacía mantener la mentira.—Tú has perdido la cabeza definitivamente. ¿Cómo pudiste decir semejante mentira? —pregunta desconcertado Lucas mientras toma un café con Mateo.—Estoy enamorado de ella, Lucas. Sé que es algo que no podré sostener para siempre, pero solo necesito tiempo para saber qué hacer —dice Mateo con desesperación.—¿Qué va a pasar cuando te cases con Mariana? ¿Cómo vas a sostener esa mentira? ¿Qué le dirás a Camila cuando tengas que irte de luna de miel? —pregunta intrigado Lucas.—¡No lo sé! Le diré que me tocó viajar contigo. Eres mi jefe, ¿recuerdas?Después del café con Lucas, Mateo se encuentra con Camila. Al verla, su corazón se acelera; cada vez que la veía se daba cuenta de que la amaba. Aunque llevaban poco tiempo, ella se había metido muy dentro de su corazón.—¡Mi amor! —dice Camila feliz al verlo, mientras se lanza a sus brazos.






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