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93

Author: Edi Beckert
last update publish date: 2026-11-02 07:48:52

Capítulo 93

Maria Eduarda

Pasaron diez días, momentos que parecían una eternidad. Todos los días iba al hospital, me ponía aquella ropa blanca que me hacía sentir como una astronauta entrando en una cápsula, pero nunca podía tocarlo realmente, abrazarlo, decirle que todo estaría bien con mi propio cuerpo, con aquella cercanía que tanto anhelaba.

Durante ese tiempo, lo observaba en silencio, prestando atención a cada pequeño cambio. Primero, los monitores mostraron que el nuevo corazón estaba fu
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    Capítulo 100MaiconEsta peste quería volverme loco y lo consiguió. Fue difícil fingir que tenía el control cuando, en realidad, quería incendiarlo todo, arrancarle aquella ropa mojada y olvidarme de lo que me impedía follármela con fuerza y dominio.Ella se movía despacio, supongo que intentando mantenerme estable, sin saber que así solo conseguía empeorar las cosas. Tenía ganas de gritar, sujetarla del cabello y hacer que su cuerpo chocara contra el mío con fuerza.— ¡Más rápido, joder! ¡Vas a volverme loco!De repente, pareció escucharme. Sus movimientos se volvieron magníficos y entonces sí tuve que controlar la respiración, hasta que terminé en su boca.— Respira, estás demasiado agitado. Parece que salir del hospital te ha acelerado... —comentó mientras se enjuagaba la boca y me lavaba el cuerpo.— Quítate esa ropa, italiana —dije, sujetando la prenda empapada, pero ella no me dejó.— ¡Ni hablar! Si me ves, querrás continuar. Te conozco muy bien —respondió con firmeza.Respiré p

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    Capítulo 99Maicon— ¿Qué dice ahí, peste? ¿Vas a seguir riéndote? —pregunté mientras ella leía aquella hoja con las recomendaciones.— Bueno, aquí dice... Cuidados posoperatorios:* Evitar esfuerzos físicos intensos durante al menos 12 semanas.* Reposo moderado durante las primeras 6 semanas, con caminatas ligeras y supervisadas.* Control estricto de la presión arterial y la frecuencia cardíaca.* Acudir a las consultas de seguimiento cada 15 días durante el primer trimestre.* Actividad sexual: Se recomienda esperar «12 semanas» antes de retomar la vida sexual activa, para garantizar una recuperación completa y evitar complicaciones cardíacas, ya que el paciente es demasiado intenso...Apenas terminó la frase, exploté.— ¿Doce semanas? ¡Estás bromeando, verdad! Sé perfectamente que son solo ocho semanas. ¿Quién le dijo a ese loco que soy de porcelana, eh? ¡¿Qué clase de médico de mierda es ese?!Ella intentó disimular la risa, pero yo ya estaba impaciente. Extendí la mano sin pens

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    Capítulo 98MaiconDIEZ DÍAS DESPUÉSNo puedo creer que por fin me hayan dado el alta. Ya no soportaba seguir en ese hospital. Ahora solo quedan algunos procedimientos de rutina y podré irme a casa. Me quedaré hasta mañana en el hotel que compró el Don y, si todo sale bien, viajaremos a Italia con la autorización médica de aquí.Cuando Maria Eduarda salió para firmar los documentos, aproveché para preguntarle al médico:— Doctor, ¿cómo será todo a partir de ahora? Sé que necesitaré fisioterapia y voy a cumplirla correctamente, pero mi mujer ya ni siquiera me besa y me estoy volviendo loco.— Bueno, entiendo... Puede volver a mantener relaciones sexuales a partir de las ocho semanas, pero besarla ya puede, porque han pasado más de seis semanas. Si ninguno de los dos presenta riesgos de infección, no veo ningún problema con los besos.— ¿Dos semanas, joder? ¿Voy a tener que esperar otras dos semanas? —El médico me miró asustado—. Disculpe, doctor, pero estoy a punto de explotar. ¿Podría

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    Capítulo 97Maicon— Quiero hablar con el Don —le dije a Duda, porque tengo la cabeza hecha un lío y sé perfectamente que la italiana no dirá nada si él le ha dado una orden.— Puedo llamarlo... Seguro que vendrá —respondió Duda con una sonrisa.Esta traviesa sabe que el Don es firme, pero voy a intentarlo.Vi que sacó un celular y escribió algo rápidamente. Solo entonces me di cuenta de que estaba usando el mío. Duda lo guardó en su bolso y después se desinfectó las manos. Entonces extendí la mía para llamarla a mi lado.— ¿Cómo supiste la contraseña? —pregunté.Ella miró el celular dentro del bolso, después me miró a mí y sonrió.— Ivete, ella es la mejor. ¿Sabes? Jamás imaginé que pudiera ser algo relacionado conmigo. Ivete hizo un comentario, susurré «Italiana» y me sorprendí.— ¿Por qué no? —Moví los dedos y acaricié su mano.— Bueno, siempre pensé que me odiabas. Tampoco creo que hayas cambiado la contraseña hace mucho tiempo, así que...— Confieso que sentí rabia en el pasado,

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    Maria EduardaCAPÍTULO 96Audio de Robson para Cabelo:— No, retenla ahí. Solo voy a pasar por allí, ver si Sarita está bien y vuelvo enseguida. Quiero a su mujer.— ¿Pero no era solo por el dinero? Puedes complicar las cosas así. — Era la voz de Cabelo.— No, quiero más. El idiota ni siquiera preguntó por el perro callejero que dejó conmigo y del que nos deshicimos. Fue muy fácil engañarlo con la historia de que su madre le pedía que fuera a buscarla. Dejó a su mujercita vulnerable. Para cuando se dé cuenta de que les pasó algo a su madre y a su mujer, yo ya me habré divertido con esa preciosura. Cabelo, tú no la tocas. ¡Es mía!— Solo le dejé un recuerdito en la cara. La mujer es una atrevida y confía demasiado en el imbécil de Maicon. Cree que es alguien importante. — Carcajadas.Escuché el audio de Robson, grabado en el momento en que mi suegra, Ivete y yo estábamos bajo su control y el de sus cómplices. Me quedé horrorizada.Se había hecho pasar por su mejor amigo. El Don estaba

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    Maria EduardaCAPÍTULO 95Por lo que entendí, esperaban mi opinión, así que, animada, dije:— Ella lo sabe, pero si no está involucrada... Bueno, no creo que deba pagar por los errores de su hermano —dije con cierto temor. Por mucho que no me agradara, lo justo era justo.— Haremos lo siguiente... Pero aquí no se queda más. La enviaré a otro estado. Necesito asegurarme de que mantenga la boca cerrada, porque si la abre, muere —dijo el Don con firmeza, mientras le daba otra patada en la cara a Robson, lo que desesperó a Ingrid.— ¡No! No voy a poder sobrevivir ni siquiera como prostituta en otro lugar. Aquí tengo dónde vivir. ¡Por favor, déjenme vivir aquí! —suplicó Ingrid.Recordé cuánto la apreciaban Maicon y su madre.— Don, si quiere, puede llevarla a Italia. Allí están los clubes nocturnos y puede trabajar. Si decide ser prostituta o no, ya será elección suya —pedí, aunque sabía que tarde o temprano terminaría cruzándome con ella.— ¡Por mí, que la manden directamente al diavolo!

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