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2. Señor Ego

last update Fecha de publicación: 2023-03-11 05:20:13

"Jamás se sabe cuándo se está en eminente peligro, hasta que te cruzas una mirada tan vacía que no aflora la mínima emoción, salvo ego en esos azulados que ahnelan adoración".

WD.Rose

...

Acostada en forma fetal, la mirada perdida en un punto, desganada, sin ganas de vivir, apenas me observa pero no hay brillo en sus orbes. No sé si pueda avivarse un día, me pone mal verla así. Por otro lado, me siento aliviada de saberla viva, una vez sucedió que la dejé sola unos minutos, fui al mercado por unas cosas, al regresar la encontré en la cama casi sin pulso, y tuve que llamar a una ambulancia. Resulta que fue una sobredosis, de eso hace ya unos meses, ahora la vigilo más. No voy a mentir, el pavor pulula en mí cada que debo dejarla sola. Que suceda otra vez puede significar que no salga ilesa como la primera vez. No quiero que vuelva a hacer lo mismo. No confío del todo en ella, no en ese estado inestable; y se resiste a recibir ayuda. En su opinión, los antidepresivos no sirven de nada y dejó de tomar los que le recetó el doctor.

-¿Cómo te ha ido? -pregunta, su voz es débil.

Me siento al borde la cama y tomo su mano entre las mías. Una sonrisa se dibuja en mis labios. Eso debe de asegurarle que me ha ido bien, que un mejor porvenir está a la vuelta de la esquina.

-Tengo el empleo, mira -le enseño la hoja -. Me han dado el horario de trabajo, inicio mañana, mamá.

-Es una buena noticia -declara con un lejano mote de felicidad.

-Lo es, no tienes de qué preocuparte, vamos a estar bien. -le aseguro pasando una mano sobre su cabello.

-No es justo que debas asumir la responsabilidad sola, buscaré un empleo, te ayudaré -susurra.

-De acuerdo, primero debes estar bien. Por ahora no debes sentirte angustiada, y deja que yo me encargue de lo demás, ¿está bien? -emito y dejo un beso en su frente.

-Gracias, eres tan buena, Ary, deberías estar estudiando...

-Lo sé, pero lo haré cuando estemos mejor, y esto es lo mínimo que puedo hacer por ti, mami, que me has dado todo. -pronuncio emotiva -. Soy buena porque tú lo eres, te amo.

-Te he dado tristeza, soy un problema, pero deseo cambiar, ya no puedo seguir así, Aryanna. La vida es demasiado corta para pasarla de esta manera. Y-yo estoy resuelta a salir adelante... -expresa con un poderoso quiebre en la voz.

Espesas lágrimas vuelven mi vista borrosa, jamás había sonado tan decidida que escucharla así me pone un nudo en la garganta. Dentro de mí hay una oleada de emociones fuertes, se disparan con locura y me echo a sus brazos, sin detener el convulso llanto que se avecina. Su palma está sobre mi espalda, baja y sube, la acción se repite varias veces. Es increíble que incluso la vida se despedaza para ella o no le vea el sentido, pero sigue teniendo el poder de llevarme a un lugar donde no me toca el dolor. Lo alivia, aunque no encuentre mitigar su sufrimiento; la abrazo, pretendo dedicarle un poco de lo que se esfuerza en entregar.

-¿Has desayunado? -averiguo tras poner una mínima distancia.

-No, aún no lo he hecho.

-Lo harás, tampoco he desayunado -admito esbozando una sonrisa.

Tan nerviosa estaba, que no me atrevía a probar bocado antes de salir de casa. La angustia, esa ansiedad que se agolpaba en mi ser me olvidó del apetito feroz que ahora ruge. Muero de hambre.

-Bien, deja que me adecente.

-Pero si estás hermosa -exclamo y niega con la cabeza, solo bromeo con la intención de sacarle una sonrisa.

-Claro, lo estoy -responde sarcástica.

Todo parece demasiado bueno para ser real, mamá siguiendo mi juego, animada a bajar y comer junto a mí, decidida a darse una oportunidad de vivir. El día no puede ir mejor, ha empezado a salir el sol. Direcciono mis pies hasta la pequeña cocina, aquí habitan muchos momentos. Mariola dando sus primeros pasos, correteando y papá detrás advirtiendo que no es lugar para juegos. Me divertía muchísimo lo traviesa que era ella, daba alegría a nuestras mañanas, también atrasaba a papá cuando debía irse al trabajo, lloraba hasta que mamá debía decirle que papi volvería pronto. Ahora que vuelvo a verme sola, se esfuman escenas añoradas, instantes que no volverán, sin embargo regresan de forma cíclica a mi cabeza, dejando una marca que no se borrará.

En la alacena no hay mucho, apenas alcanza para el día de hoy. Le he pedido hace dos días a Mila, la vecina, un nuevo préstamo. Me da verguenza que deba pedirle otra vez. Suspiro. Al menos ya podré pagarle. Tomo lo que queda del paquete de sándwich, son cinco rebanadas, es todo. De la nevera cojo el tarro de mermelada a medias. Ha quedado zumo de naranja de ayer, lo sirvo en dos vasos. Cada vez es menos, confío en que todo va a mejorar.

Espero un rato, aprovecho de echarle un vistazo a la hoja, noto que mi entrada será de lunes a viernes a las ocho de la mañana y saldría a las cinco salvo el día jueves que voy a quedar libre a las cuatro. Todo indica que estaré lejos de mamá muchas horas diarias, eso me alarma bastante.

Me muevo hasta el comedor, dejo todo en la mesa y aguardo a mi madre. Ella se presenta en cuestión más arreglada y me acompaña.

-Háblame sobre el empleo, tu jefe... ¿ha sido amable?

¡¿Amable?! Ha sido un cretino conmigo, algo cortante y grosero. Pero veo a mamá sonreír, más viva que otros días que no puedo decirle la verdad. Si es necesario pintar de rosa y darle una buena impresión sobre ese Silvain, lo haré.

-Todo bien, es algo serio, pero no hay cuidado, mamá. Creí que no me daría el trabajo, pero ha sido todo rápido. -me limito a comentar.

-Todavía queda gente en este mundo con un gran corazón... -emite esperanzada.

Es lo que no poseo yo, disfrazo la realidad, y la verdad es que me aterra no ser suficiente en esa mansión, temo fallar o hacer algo incorrecto a los ojos de ese hombre que ni siquiera parece tener un corazón.

-Sí, mamá -continúo comiendo -. Quiero platicarte sobre el horario, llegaré tarde a casa, no quiero que te preocupes. ¿Puedo confiar en ti? ¿vas a estar bien?

-Sí, te lo prometo -susurra genuina, dejando una mano sobre la mía, acaricia mi dorso, me mira con amor.

-Te creo, gracias.

Me levanto, voy a lavar los trastes, mamá me detiene y se ofrece en hacerlo. Le doy un beso en la mejilla, y me encargo de los quehaceres que faltan. El día no deja de cambiar el rumbo, ya no se dirige a la remota oscuridad, la dirección esclarece y rescata de las penumbras la austera necesidad de mamá por esconderse en cuatro paredes.

Limpio la pequeña sala, desde trapear, hasta quitarle polvo a los objetos. Luego llega ella e insiste en que se lo deje a su cargo, porque luego estaré exhausta para ir a trabajar.

-No te preocupes, mamá.

-Siempre dices eso, Aryanna. Yo terminaré de hacerlo -insiste quitándome la aspiradora, estaba a punto de empezar a limpiar el alfombrado -. Es hora de que haga mi papel, tú ve a descansar, mañana será un día agotador.

-Voy a estar bien.

-Por favor... -me advierte con la mirada.

¿En qué momento ha regresado una parte de la mujer que creí haber perdido?

Sonrío, dejaré que haga lo que desee, con tal de volver a verla así de ansiosa.

...

Ha llegado la noche, voy a mi habitación. Tomo una ducha y me voy a la cama. Alargo la mano y la tomo de la mesilla de noche. Ha sido el regalo de mi padre, no creí que la usaría, ahora es mi compañera.

El cuadernillo, un objeto de infinito valor para mí, ahí he dejado todo lo que siento y se me atora en el alma, lo he tomado en mis manos. Ligera, pero carga con un enorme peso entre sus páginas. He vaciado mi corazón en cada línea escrita, párrafos enteros que si tuvieran voz, expresaran la desazón que tengo en el pecho. Esa tristeza está atrapada en las capas de mi piel, y quiero muchas noches gritarla al mundo, al final me conformo con poder susurrarselo a la almohada.

Empecé a escribir desde la muerte de papá y mi pequeña hermanita, desde entonces se ha vuelto un método que saca de mí todo lo que no hilo con la voz.

Escribo para no sentirme sola.

»Me derriba en consecuencia un fugaz anhelo por regresar el tiempo, saber que un retroceder es cosa de soñadores tontos, anula la idiotez que siento por devolver las agujas del reloj, la inquebrantable urgencia por guiarlas a la izquierda, el ritmo que baila el pasado, una pieza que no suena ahora«.

Es la introducción que está en la primera hoja, luego de adentrar la vista por la siguiente, y finalmente escrudiñar otras sombrías, llenas de arrugas que confiesan cuanto he llorado al escribirlas.

Es hora de pasar la página, pero no evito leer el antaño, rememorando de inmediato el peso que causa dar un paso atrás. La caída repentina y el impacto final llega, una profunda inmediatez que aloja cristales sobre mí, escarlata ya lo pinta todo y doy un rápido parpadeo haciendo que se desvanezca el recuerdo de mi desesperada decisión.

Mi antebrazo guarda un poco de eso, cicatrices que surcan mi piel, dándole un aspecto poco agraciado, antiestético. Cuando no cubro esa parte de mi cuerpo y lo dejo a la vista de muchos curiosos, no me importa, ellos pueden creer lo que quieran, pero si tuviera que explicarlo, me inventaría una historia. Diría que ha sido el arañazo de un felino, y no esa persona abrumada que se aventó a la estupidez.

Ya no soy esa, ni regresaré a esa etapa de tormento, y no voy a mentir, me veo tentada muchas veces a tirar la toalla, pero no vale la pena ejecutar la desgracia, suficiente con los malos días, basta con seguir respirando, tengo un motivo, con nombre propio, yo llevo su apellido, es mamá.

Lunes, 02 de Enero de 2020.

Vacío, inexplicable agujero que devora la ilusión, sueños, rotura que no halla la aguja ni el hilo para solucionarlo. Han pasado dos meses desde que radica en mí la nostalgia, me abrazo a mí misma, pero no entro en calor, sigo en un crudo invierno, y no hay una fogata que derrita la pesadumbre que siento.

Se han ido. ¡No puedo hacerme a la idea!

Es desgarrador, un disparo al corazón.

No le deseo esto a nadie, es una sensación desagradable, estás respirando, pero es como si no hubiera oxígeno en realidad.

Ahogada, desesperada y en busca de cómo seguir el decurso, he atentado contra mi vida. Ahora me doy cuenta que solo ha sido una tontera.

Prefiero atreverme dejar en papel lo que no puedo guardarme, en lugar de vencerme y de irme a la inconsciencia eterna.

No es fácil...

Es algo más que un reto...

Una hora se le suma al día y se multiplica el dolor. Llega el acreciento con ferocidad, lo trae la noche; cuando se levanta el sol, me estrello contra la realidad, no volverán, su sonrisa que calma, sus besos que curan, el sonido etéreo de su voz pronunciando un "te amo". Todo se ha ido, experiencia e inocencia, dulzura y ternura, papá y Mariola no tienen un pase de vuelta, por eso debo resignarme a que su viaje no tiene retorno.

Los echo tanto de menos, no creo que encuentre las palabras correctas para insertar el dolor que causa la ausencia, aún si lo hiciera, las líneas no podrían expresar lo que siento, es demasiado.

Decidiré si cambiar los puntos suspensivos o no.

Pero...

Todo se ha quedado en la pausa, y si se reanuda no será la misma continuación.

Suspiro.

Tomo el borde de la hoja y la paso, mis ojos recorren la página en blanco. Siento que ya es hora de escribir un nuevo inicio. Tomo el lápiz, pero al afincar sobre el papel se le rompe la punta. ¿Es una mala señal?

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