LOGINBajamos las escaleras y vamos al salón, donde están sentadas la madrastra de Gaby y otra mujer. En el suelo del salón, Davinho está sentado con Gaby.—Buenas tardes —saluda Vivian con una sonrisa forzada—. Hemos venido a buscar a Bruno para llevarlo a un cumpleaños.La mujer que está a su lado se levanta con una sonrisa empalagosa.—Encantada, soy Tati —dice con una voz melosa que me provoca escalofríos—. ¡Ay, tu hijo es tan lindo! Me ha encantado, ¿lo sabías? He insistido en venir a buscarlo con mi amiga.—Hum... —murmura Dominic con desdén—. Lamento informarte de que has venido para nada. Él no va.—Ay, ¿pero por qué? —pregunta Tati, haciendo pucheros—. Tenía tantas ganas de que viniera conmigo...—Porque no tengo que darte explicaciones —responde Dominic con voz cortante—. No va. Vivian, si Gaby quiere venir a ver a Davinho y pasar el día con él hasta que se duerma, puede hacerlo. Pero ahora él no va a salir de aquí. Solo saldrá si mi esposa o yo vamos con él, algo que dudo que suc
—Hum —murmura—. A esa hora yo también voy a salir. No puedo llevar a Davinho. ¿Con quién vas a dejarlo?—Me lo llevaré conmigo —respondo.—Hum... —reflexiona—. Está bien. ¿A qué hora terminará esto?—No lo sé —respondo.—Hum, ¿para que te deje allí, verdad? —pregunta con ese tono que conozco muy bien.—No —respondo secamente.—¿Cómo que no? —Se vuelve hacia mí, frunciendo el ceño—. Stella, ¿adónde vas exactamente?—Voy a mi antigua escuela, a una reunión de antiguos alumnos de secundaria —explico pacientemente.—¿Y por qué no puedo llevarte yo? —pregunta, con la voz cargada.—Porque ya he quedado en ir con Meggie —respondo.—Eso no me está gustando —dice con ironía.Respiro hondo, sintiendo que mi paciencia se agota.—Cariño —empiezo, con la voz más suave que puedo—. Voy a salir para hacer algo que es importante para mí. Voy a reencontrarme con todos, a recordar mi adolescencia. Y voy a llevar a Davinho. Estaré con Meggie. Amor, ¿por qué tanta inseguridad? ¡Por favor, puedes confiar e
—Dime una cosa que te guste —lo provoca Meggie con una sonrisa de lado—. Ah, ya sé: te gusta fastidiar los planes de los demás.—No vas, Stella —dictamina él, ignorando a Meggie.—¡Pues sí que voy! —respondo, sintiendo que crece mi indignación—. Paso el día y la noche encerrada en esta casa. ¿Y ahora que tengo una oportunidad de salir tampoco me dejas? ¡No me vengas con esas!—¡Joder, Stella! ¿Ya no me obedeces? —exclama, con la voz cargada de frustración.—No —respondo con firmeza, cruzándome de brazos.Frunce el ceño, sus ojos se oscurecen y sé que está hirviendo por dentro.—No vas a ir —repite, con voz más baja, pero aún más peligrosa.—Sí que voy, y no hay nada más que discutir —declaro, sin bajar la mirada.—Stella —me llama en tono de advertencia.—Dominic —respondo en el mismo tono.—Ya está decidido, ella va —interviene Meggie con todo el descaro del mundo, rompiendo la tensión entre nosotros.Dominic la mira, luego me mira a mí y finalmente suelta un suspiro de derrota.—Ent
—¿Y como el abuelo también? —pregunta Otávio con una sonrisa.—¡Sí! —coincide Davinho, riéndose.Termino de servirle y empieza a comer sin ningún reparo... Después sirvo a Dominic y también me sirvo yo, y así comenzamos nuestro almuerzo. Terminamos...—¡Mamá, papá, me lo he comido todo! —anuncia Davinho, orgulloso.—Así es como me gusta verte —dice Dominic con una sonrisa.—Ahora el pequeñín va a dejar que baje el almuerzo antes de volver a jugar —dice Celina con dulzura.—Sí, tía —responde Davinho.Dominic lo baja de la silla y él sale corriendo, gritando el nombre de Cometa. Dominic se acerca, me abraza y me dice:—Cariño, voy a salir un rato con mi padre y Rodrigo.—Está bien, cariño —respondo.—Ven aquí —dice, tomándome de la mano y llevándome hacia el pasillo.Nos quedamos en el pasillo. Estoy entre la pared y él. Es alto y yo soy bajita. Entonces me da un beso apasionado y me levanta, dejándome contra la pared. Sus manos se deslizan por mi cuerpo... Interrumpe el beso y dice:—S
—¡Ay, qué bonito! —exclama Camila, suspirando—. Así es como me gustaría tener una amistad.—Oye, pero nos tienes a nosotras aquí —dice Meggie, dándole una palmadita en el hombro.Entonces los chicos llegan al comedor.—Vaya, la mesa está preciosa —comenta Rodrigo.Dominic me abraza por detrás, me besa el cuello y coloca las manos sobre mi barriga. Siento su calor, su perfume y, por un momento, olvido todas mis preocupaciones.—Stella, ¿no te molesta que estén tocándote la barriga todo el tiempo? —pregunta Celina con una sonrisa—. Siempre viene alguien a acariciártela. Yo lo odiaba.—A mí no —respondo, pero hago un gesto con la boca señalando a Dominic, y él se da cuenta.—A mí sí me molesta —dice Dominic con firmeza—. No paran de querer tocarla. Ya me imagino cuando la barriga crezca.—Vas a tener que aguantarte —le advierte Meggie con una sonrisa—, porque yo voy a aprovecharlo. Y Davinho, ni te cuento. Cada vez que Stella está acostada o sentada, él viene, la abraza y le besa la barr
—¡Mi nietecito amado! —dice Celina, abrazándolo con fuerza—. ¡Cuánto te he echado de menos! —Le toca la frente—. Estás calentito.—Estoy resfriado, tía —responde él, con la voz nasal.—¿Ya has tomado medicamentos? —pregunta ella, preocupada.—Sí —respondo—. Camila le puso un medicamento.—Ah, entonces enseguida se pondrá mejor —dice Celina, sentándose a la mesa y acomodando a Davinho en su regazo.—¿Y mi padre no ha venido? —pregunta Dominic.—Sí, está en el salón con Rodrigo —responde Celina.—Voy a hablar con él —dice Dominic, levantándose y saliendo.Davinho salta del regazo de su tía y sale corriendo detrás de su padre.—¡Papá, espera! —grita.—Está creciendo tan rápido —comenta Celina con un suspiro nostálgico.—Sí, es verdad —coincido con una sonrisa.—Te noto tristona —observa Celina, mirándome con atención, como alguien que se preocupa de verdad—. ¿Qué pasa?—La madre de Davinho ha vuelto —confieso, con la voz quebrada—. Ha buscado a Dominic y han quedado para verse hoy. Eso m







