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CAPÍTULO 22

last update Fecha de publicación: 2026-08-28 01:25:20
El colapso de la empuñadura de plata en las galerías subterráneas no erradicó la maldición del Hotel Romaní; la atomizó en millones de esquirlas incontrolables. Al romperse la columna vertebral del Espejo Maestro, la masa acumulada de azogue no retrocedió hacia las entrañas de la tierra, sino que fue expulsada hacia la superficie con la furia de una arteria reventada. El fluido mercurial se filtró por las viejas tuberías de plomo, los conductos de ventilación cubiertos de hollín, los huecos de l
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  • Déjate llevar   EPÍLOGO

    Seis meses después del colapso del Hotel Romaní, los periódicos regionales de la capital dejaron caer el caso del Valle de las Nieblas en el olvido periodístico. Para las autoridades provinciales y el departamento de policía, la tragedia quedó archivada en un expediente burocrático bajo una explicación técnica y conveniente: un incendio de proporciones catastróficas originado por una falla estructural fortuita en una edificación centenaria de madera, agravado por la repentina deflagración de un antiguo depósito de gas instalado en las galerías inferiores.Ningún informe oficial hizo mención a las toneladas de azogue hirviente que brotaron de las cañerías, a las anomalías geométricas de los pasillos ni a las extremidades pálidas que intentaron arrastrar a los huéspedes hacia el interior de los cristales. La versión oficial convirtió el horror en un triste accidente del pasado.Sin embargo, en la realidad de la materia, la noche de las superficies pulidas dejó cicatrices imborrables en l

  • Déjate llevar   CAPÍTULO 24

    La noche devoró al Hotel Romaní en una tormenta incandescente de llamas rubíes y humo denso, blanco y metálico.Desde la linde del bosque de pinos ancestrales, a un centenar de metros de la fachada que se desmoronaba, los sobrevivientes contemplaban el colapso definitivo del imperio de los Garden. El detective Roger Vance, con su gabardina envolviendo apretadamente el muñón de su brazo derecho —cauterizado por el azogue y chamuscado por el calor de la pira—, permanecía arrodillado sobre la pinocha húmeda, abrazando contra su pecho a su esposa Elsa y a su hija Luna. La mujer sollozaba en silencio, cubriendo el rostro de la joven para evitar que viera caer las vigas de la mansión.A un lado, el agente Jackson yacía sentado contra el tronco de un abeto, con la placa de policía parcialmente derretida sobre el pecho, el uniforme cubierto de hollín y la mirada perdida en un trance catatónico; las balas gastadas de su revólver yacían desparramadas en la hierba. Johan, más atrás, tiritaba bajo

  • Déjate llevar   CAPÍTULO 23

    El gran vestíbulo no era una vía de escape; era la falsa promesa de un cauce. Las corrientes de mercurio que serpenteaban furiosas bajo las lamas del parqué no buscaban la libertad fuera de la edificación, sino que convergían como ríos de plata líquida hacia un punto nodal en la cima de la escalera señorial: la suite principal de Eliot Garden, el sanctasanta del patriarca donde el pacto de 1898 había sido sellado con sangre y geometría.Para comprender la naturaleza de lo que iban a enfrentar, la jerarquía de la maldición debía quedar clara: la Cámara de Reflexión era el continente, el sótano donde latía el Espejo Maestro, la superficie que gobernaba toda la red de azogue extendida por el hotel. Pero la suite del piso superior guardaba el origen y el fin de todo. Allí se alzaba el Espejo Primigenio, el núcleo absoluto, el ojo ciego por donde el Hotel Romaní había mirado por primera vez al abismo al final del siglo pasado. Destruir el Espejo Maestro en los subterráneos había debilitado

  • Déjate llevar   CAPÍTULO 22

    El colapso de la empuñadura de plata en las galerías subterráneas no erradicó la maldición del Hotel Romaní; la atomizó en millones de esquirlas incontrolables. Al romperse la columna vertebral del Espejo Maestro, la masa acumulada de azogue no retrocedió hacia las entrañas de la tierra, sino que fue expulsada hacia la superficie con la furia de una arteria reventada. El fluido mercurial se filtró por las viejas tuberías de plomo, los conductos de ventilación cubiertos de hollín, los huecos de los montacargas y las grietas centenarias de la madera de roble, transformando el edificio entero en una inmensa trampa refractaria. El hotel dejó de ser una estructura física de muros y tejados para convertirse en un laberinto de espejismos donde la lógica del espacio y la frontera entre la materia y la penumbra colapsaron definitivamente.Cualquier superficie capaz de devolver aunque fuera una fracción de reflejo dejó de actuar como un objeto inerte. Los imponentes cristales de las ventanas que

  • Déjate llevar   CAPÍTULO 21

    El estruendo del bastón de ébano de Eliot al estrellarse contra la piedra base resonó en la profundidad del subterráneo como el chasquido sordo de un trueno congelado. La empuñadura de plata tallada se fracturó en mil esquirlas incandescentes, liberando una marea de azogue puro, una masa líquida y reluciente que desafió la gravedad de la Tierra: no fluyó hacia las grietas del suelo, sino que comenzó a elevarse en ondas hirvientes y luminosas hacia la bóveda de la antecámara. La geometría perfecta que había sostenido la arquitectura maldita del Hotel Romaní durante casi un siglo colapsó en un pestañeo, abriendo una grieta vertical, limpia y atronadora en el tejido mismo que separaba el plano de la materia del mundo de los espíritus.En ese umbral geométrico, suspendidos sobre el abismo de plata donde la carne caliente de los vivos y la sombra helada de los muertos se fundían en una sola neblina de luz fosforescente, Nick y Abraham quedaron atrapados frente a frente.Ya no había un cuerp

  • Déjate llevar   CAPÍTULO 20

    El aire en la antecámara del subterráneo había dejado de pertenecer a la atmósfera terrestre. Se había transformado en un fluido denso, cáustico y helado que cristalizaba la saliva en los labios antes de que las palabras pudieran formarse. El vapor verdoso del mercurio brotaba con la presión violenta de un géiser a través de las grietas del suelo de piedra volcánica, bañando la cueva con una iluminación enferma y pulsante que proyectaba sombras monstruosas sobre las paredes abovedadas.Eliot Garden dio dos pasos hacia adelante, arrastrando la pierna tullida mientras sus nudillos, blancos por la tensión, se aferraban con rabia a la empuñadura de plata de su bastón de ébano. El viejo patriarca observaba el rostro del forastero —el recipiente humano que su nieta política y la culpa habían arrastrado al hotel—, pero sus pupilas veladas por las cataratas, la vejez y una ambición enfermiza ya no buscaban la carne joven del muchacho de la capital. Intentaban descifrar el espíritu ancestral qu

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