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34. LA NOCHE DE ANOCHE

Auteur: CATA PAEZ
last update Date de publication: 2026-04-08 02:41:21

—¿Qué haces? —la voz de Alicia era un susurro lleno de miedo.

Mathew la había tomado de la mano y tiraba de ella con fuerza mientras la llevaba a un lugar oscuro.

—Ali, eres mía y no puedo evitar lo que siento.

—Mathew, yo...

Pero sus palabras fueron cortadas por el sonido de un auto que llegaba a ellos con las luces apagadas.

La puerta se abría al mismo tiempo que el pánico llenaba el pecho de Alicia, era su fin, solo pensaba en su pequeño hijo y lo que el padre de Mathew podría hacerles al v
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  • EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO   54. NADA ESTÁ BIEN

    El mundo se cerró.No de golpe… no con ruido.Sino lento.Pesado.Inevitable.—¡Salgan todos! —ordenó el médico con firmeza—. ¡Ahora!Las manos comenzaron a moverse rápido.Enfermeras. Instrumentos. Una jeringa.Alicia seguía llorando, temblando, resistiéndose incluso cuando su cuerpo ya no tenía fuerzas.—¡No! ¡No, por favor! —su voz se rompía—. ¡No quiero dormir más! ¡Es tu culpa! ¡Es u culpa Mathew! Eso fue lo que terminó de destruirlo. Mathew no opuso resistencia cuando lo empujaron fuera de la habitación.No dijo nada.No luchó.No pidió quedarse.Porque entendió que él era el problema.La puerta se cerró frente a sus ojos.Y algo dentro de él… se vino abajo.No caminó, pero tampoco supo cómo llegó al pasillo.Solo sintió el aire pesado, el pecho apretado y las manos vacías.Y entonces… ya no pudo más.Sus piernas cedieron. El golpe contra el suelo fue seco, pero no le importó, porque el dolor… ya no estaba en su cuerpo. Estaba en otro lado.Más profundo.Más irreversible.—Math

  • EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO   53. NO TE PUEDO OLVIDAR

    Mientras que Mathew era observado por Alicia atentamente, Roberto estaba por llegar a su apartamento, el que compartía con Annie, solo cuando ella no estaba en misiones. El lugar estaba en silencio y sumido en una profunda oscuridad, sin embargo no era un silencio tranquilo, era uno roto.Las cosas estaban en el suelo, vidrios partidos, un cuadro torcido colgando apenas de un clavo, un cojín desgarrado.Y en medio de todo ese desastre… Annie.Sentada en el piso, con las piernas recogidas contra el pecho, los ojos rojos, la respiración irregular. Había llorado tanto que ya no sabía si le quedaban lágrimas o solo ese vacío espeso que le apretaba el pecho.Roberto no sabía cuánto tiempo llevaba así, ella tampoco lo sabía. La pelirroja solo sabía que él no estaba y eso… dolía más que cualquier otra cosa.Cuando la puerta se abrió, no se movió, pero su cuerpo sí reaccionó, ella enseguida se tensó, porque lo conocía y lo reconocía aún en la distancia. Roberto entró despacio, observando el

  • EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO   52. LO QUE AÚN RESPIRA ENTRE NOSOTROS

    El hospital volvió a oler a pérdida.A desvelo.A angustia.Mathew cruzó las puertas automáticas con Alan en brazos.El pequeño estaba aferrado a su cuello, con los ojitos hinchados, la nariz roja y las manos apretadas en la camisa del que consideraba su padre, como si al soltarlo fuera desaparecer.—Papá… —susurraba de vez en cuando, sin atreverse a decir nada más.Mathew no respondía, pero no porque no quisiera, sino porque no podía. Su aspecto… Era devastador.La barba crecida, desordenada, cubría gran parte de su rostro, pero no lograba ocultar la palidez enfermiza de su piel. Tenía los labios resecos, partidos, como si llevara días sin hidratarse correctamente. Sus ojos… estaban hundidos, rodeados de ojeras oscuras, profundas, casi violáceas, como si el sueño hubiese abandonado su cuerpo por completo.Y su mirada…Su mirada estaba rota.No había brillo.No había fuerza.Solo un cansancio que iba más allá del cuerpo.Era un hombre sosteniéndose con lo último que le quedaba.Alan.

  • EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO   51. LAS COSAS QUE MURIERON ENTRE NOSOTROS

    El lugar era pequeño, más bien silencioso, demasiado tranquilo para todo lo que Alicia llevaba dentro.Estaba confundida, todavía nadie le había dicho porque ya no vivían en el pueblo, ni como fue que termino en un hospital de lujo, ni porque Roberto se veía más maduro que la última vez que lo vio. ¿Pero cuando había sido la última vez que lo vio? Ni siquiera eso podía recordar. Las paredes de la casa de Roberto estaban cubiertas con recuerdos que ella no podía confirmar si eran reales o inventados por su mente. Fotografías viejas, algunas borrosas, otras más claras. En varias estaba él… pero en ninguna estaba ella.Pero cuando se veía las fotografías de su amado novio, él sonreía.Y eso era suficiente para ella. Alicia estaba sentada en el sofá, con una manta sobre las piernas y una taza de té entre las manos. Sus dedos aún temblaban un poco, pero ya no era por el frío. Era por la sensación constante de no pertenecer del todo a su propia vida. Al menos a la que creía que era suya

  • EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO   50. LOS MUERTOS QUE NO ESTABAN MUERTOS

    —¿Cree que ella pronto... —pregunto Paula, mientras miraba a su amiga sobre una camilla, luego de una semana de intensa recuperación en el hospital y de que su bebé estuviese fuera de peligro se había enterado que Alicia estaba allí recuperándose también. —Sí, es fuerte. Físicamente tuvo lesiones graves pero no comprometedoras, la verdad es que su situación es un poco más compleja por los traumas que tuvo que vivir.—No quiero ni recordarlo. Paula sabía y entendía perfectamente a lo que se refería el médico. Sabía que lo que había vivido Alicia era algo muy parecido a lo que ella había pasado durante años. Tortura, malos tratos, gritos, abusos.Esa mañana Alicia, Alan y Mathew salieron temprano con rumbo a las oficinas de TenPa, ella tan despistada como siempre, iba con varios minutos de retraso, minutos que se volvieron un infierno. Hacía 5 días se había dado cuenta de su embarazo, aunque a decir verdad lo único que había pasado era una confirmación de sus sospechas. Lloró, grito

  • EL AMOR PROHIBIDO DEL CEO   49. ¡ALICIA, NO CORRAS!

    —¡Vamos, Alicia! no te escondas más. La chica estaba empapada, ya no sabía muy bien porque le dolía tanto el cuerpo, si por le agua fría o por los golpes que le habían dado los hombres de James.—Alicia, si te dejas atrapar te prometo que no tocaré a tu hijo. Sus ojos estaban cerrados con fuerza, mucha fuerza. Sus costillas dolían como el demonio, le costaba respirar y el frío le estaba matando lentamente. —¡Te encontré! —el pequeño escondite que había encontrado no sirvió por mucho tiempo, después de todo esa mujer que creyó su madre, era alguien sedienta por sangre y eso lo hizo por un breve momento más inteligente. Alicia la mira enmudecida, parecía que los ratones se habían comido su lengua. Sus ojos estaban vacíos e inertes, allí mismo frente a quien un día creyó que era su madre, estaba cansada de correr y huir. * * * UNA HORA ANTES * * *Alicia sintió la mano de su madre en su rostro, la bofetada había sido dura y fuerte, su oído derecho estaba zumbando y un pitido, todo

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