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Capítulo 9: Diligencia debida

Autor: Rarejewel
last update Fecha de publicación: 2026-05-30 10:14:42

Capítulo 9: Diligencia debida

Roman llamó a Garrett Finch el viernes por la mañana.

Garrett había sido el asesor legal de Ashford Global durante once años. Contestó al segundo tono, como siempre hacía, como si hubiera estado esperando la llamada.

"Necesito un informe completo sobre Montague Industries", dijo Roman. "Participaciones, estructura, personal clave. Todo lo que puedas reunir."

Hubo una pausa. No muy larga. Garrett no era un hombre que dejara que los silencios se prolongaran, así que aquella pausa resultó evidente.

"Señor", dijo con cuidado. "Montague no es una empresa que se investigue por curiosidad."

"Lo sé."

"Tienen relaciones con ciertas personas que suelen interesarse por ese tipo de investigaciones. Incluso a través de canales legítimos, suele llamar la atención."

"Garrett."

La segunda pausa fue más breve.

"Deme hasta el miércoles."

Volvió a llamarlo el martes por la tarde y pidió reunirse en persona. Eso le dijo dos cosas a Roman: el informe era más amplio de lo esperado y Garrett no quería hablar del tema por teléfono.

Se reunieron a las cuatro.

Garrett entró con una carpeta bajo el brazo, la dejó sobre el escritorio de Roman y se sentó con la expresión cautelosa de un hombre que había pasado dos días decidiendo cómo presentar algo.

"Esto es parcial", dijo antes de que Roman pudiera abrirla. "Lo que hay ahí es lo que pude obtener sin levantar sospechas. El panorama completo es considerablemente más grande."

Roman abrió la carpeta.

La primera página era una descripción general de la empresa.

Montague Industries, fundada por Savio Montague, empresa familiar de tercera generación. Participaciones legítimas en bienes raíces, capital privado, logística marítima y operaciones de importación. Valor estimado actual de los activos declarados: tres mil doscientos millones de dólares. Afiliaciones discretas y participaciones no declaradas: significativas.

El informe no daba más detalles, lo que significaba que Garrett no había podido acceder a información específica o había decidido no dejarla por escrito.

Reputación de la familia: los conflictos se resuelven en privado. No es una empresa contra la que la gente actúe dos veces.

Roman pasó la página.

Seraphina Montague. Educada en Londres y Ginebra. Regresó a Estados Unidos a los veintidós años. Se incorporó inmediatamente a las operaciones de Montague. A los veinticuatro, según contactos consultados, dirigía directamente operaciones confidenciales.

Roman se detuvo en la cifra.

Veinticuatro.

Ella tenía veintitrés cuando se conocieron.

Él había entrado en una cena benéfica y la había visto de pie, ligeramente apartada del resto de la sala, y había pensado que era tímida. Se había presentado, ella le había estrechado la mano, había dicho su nombre y le había sonreído de esa manera tan particular que tenía, como si le pareciera interesante pero no pensara decírselo, y él había pasado el resto de la noche buscando razones para estar en la misma parte de la sala que ella.

Pasó la página.

Una fotografía impresa en papel común, granulada por provenir de una fuente secundaria.

Una sala de juntas. Una mesa larga y oscura. Seis hombres sentados a un lado. Otros dos de pie junto a la pared del fondo. Todos mayores, de cincuenta o sesenta años, con esos rostros que habían pasado décadas en salas de reuniones y sabían cómo ejercer el poder dentro de ellas.

Sera estaba sentada en la cabecera de la mesa.

Veinticuatro años, quizá veinticinco. Una mano apoyada sobre la mesa, una carpeta abierta frente a ella, la boca a mitad de una frase. Todas las personas de aquella sala la observaban con la atención concentrada y ligeramente cautelosa de quienes entendían que lo que dijera a continuación determinaría algo importante.

No les estaba presentando una propuesta.

Les estaba diciendo lo que iban a hacer.

Roman observó la fecha en una esquina de la fotografía.

Tres años atrás.

Cuatro meses antes de conocerla en aquella cena benéfica, donde ella había permanecido ligeramente apartada de la sala y le había permitido pasar toda la noche creyendo que era él quien la estaba descubriendo.

Ella ya era esa persona cuando entró en aquella cena.

Le había estrechado la mano, le había sonreído y le había permitido construir la versión de ella que quisiera construir, y nunca lo corrigió.

Tres años a su lado.

Su hogar gestionado.

Sus migrañas controladas.

Su empresa protegida discretamente.

Las operaciones de la familia de ella funcionando en segundo plano todo ese tiempo.

Todo eso, y ella jamás le había pedido que mirara más de cerca.

No sabía si aquello decía algo sobre ella o sobre él.

Miró la fotografía durante mucho tiempo.

Garrett permaneció en silencio al otro lado del escritorio. No intentó llenar el vacío. Llevaba demasiado tiempo en ese trabajo para no saber cuándo era mejor esperar.

Roman dejó la fotografía sobre la mesa y hojeó el resto del informe sin leerlo con atención. Nombres, participaciones, resúmenes de transacciones.

Todo apuntaba a la misma conclusión.

Una mujer que había sabido exactamente quién era desde la primera noche en que se conocieron y que había pasado tres años de su vida siendo vista como alguien mucho más pequeña de lo que realmente era.

Cerró la carpeta.

Garrett la recogió del escritorio y la colocó de nuevo bajo el brazo. Miró a Roman con la expresión que reservaba para las cosas que había decidido decir sin rodeos.

"Señor."

Hizo una pausa.

"¿Sabía quién era realmente su esposa cuando se casó con ella?"

Roman lo miró.

Conocía su nombre.

Su rostro.

La forma en que sostenía una taza de café con ambas manos mientras leía.

El silencio particular en el que se sumía cuando estaba reflexionando sobre algo.

La manera en que se reía de las cosas que realmente le parecían graciosas y no fingía reírse de las que no.

Conocía, aunque nunca las hubiera catalogado conscientemente, un centenar de pequeñas cosas específicas sobre ella.

Lo que no sabía era que todo aquello era solo la superficie de algo mucho más grande.

"Creía que sí", dijo Roman.

Garrett asintió.

Se puso de pie, se acomodó la chaqueta y salió del despacho.

Roman permaneció sentado detrás de su escritorio después de que la puerta se cerrara y observó el espacio donde había estado la carpeta.

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