Compartir

EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO
EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO
Autor: Anne Guzel

Parte 1.1

Autor: Anne Guzel
last update Fecha de publicación: 2026-03-31 03:29:10

«Dios… Al…» gimió Jovanka cuando las caderas de Altezza no dejaban de moverse con ese ritmo que él sabía que a su esposa le volvía loca.

Jovanka se aferró a su cuerpo con fuerza, mientras Altezza se volvía cada vez más impetuoso, haciendo que el cuerpo esbelto de ella ardiera con un deseo que crecía sin control. «Al…» jadeó, cada vez más perdida, con el clímax ya al alcance y acompañando sus movimientos, como si quisiera recibirlo por completo. Y no mucho después…

«Arrggghh…» gruñó Altezza al mismo tiempo que el calor de su descarga quedaba contenido en el preservativo que, a veces, le resultaba asfixiante.

Se lo quitó con rapidez y lo lanzó sin cuidado al cesto, mientras Jovanka—con la respiración aún agitada y el rostro encendido—ya volvía a cubrir su cuerpo con aquel camisón diminuto que, minutos antes, había logrado hacer que Altezza olvidara por completo el verdadero motivo de su visita.

El cuerpo atlético de Altezza seguía perlado de sudor, su respiración todavía intensa. Pero antes de volver a perderse en ella, se obligó a hablar.

—Mis padres han vuelto a sacar el tema de mi matrimonio. Y, sinceramente, estoy cansado de ocultar lo nuestro. Cariño, llevamos demasiado tiempo juntos… y ya te he dicho una y otra vez que quiero formalizar lo nuestro. ¿Acaso todo este tiempo no ha sido suficiente para que cambies de opinión y dejemos de escondernos?

La calma inicial en su voz se quebró al final, teñida de frustración.

Jovanka respondió con una sonrisa dulce. Su figura, delgada pero con curvas en los lugares precisos, se acercó a él con un andar lento y sugerente. Se sentó a su lado, se inclinó ligeramente y, con deliberada intención, deslizó sus dedos finos sobre el pecho desnudo de Altezza, en una caricia cargada de tentación.

—Lo sé… —susurró con un tono suave y seductor—. Yo también quiero gritarle al mundo que soy tuya… y que tú eres mío. Pero, amor, conoces mi contrato. Aún no puedo hacer público nuestro matrimonio… mucho menos tener un hijo contigo. —Suspiró, mimosa—. ¿No dijiste que me apoyarías hasta alcanzar mis sueños? ¿Vas a romper tu promesa ahora… o dejar de valorar todo lo que he logrado?

—¿Y hasta cuándo tengo que esperar? —La mano de Altezza se cerró alrededor de la muñeca de Jovanka; no con fuerza, pero sí lo suficiente para captar toda su atención. La miró fijamente, con intensidad—. Llevamos cinco años juntos. ¿De verdad no ha sido tiempo suficiente para demostrarte cuánto he tolerado por ti? ¿Cuánto más quieres que espere?

El corazón de Jovanka latía con fuerza. La frialdad en la actitud de Altezza y la dureza de su mirada la ponían nerviosa. Sabía que, durante todo ese tiempo, lo había tratado de manera injusta. Con plena conciencia, había aprovechado el inmenso amor que él sentía por ella para hacer siempre lo que quería, sin temer jamás que él pudiera dejarla.

No quería perder a Altezza… pero tampoco estaba dispuesta a renunciar a la carrera que había construido con tanto esfuerzo, esa misma que ahora se encontraba en la cima.

Egoísta, sí.

Pero también sabía que las oportunidades no se presentan dos veces. Y, mientras pudiera convencerlo, Altezza volvería—como siempre— a ceder ante sus deseos.

Intentando calmarse, Jovanka esbozó de nuevo esa sonrisa seductora. Liberó la mano que él sujetaba y la alzó hasta su rostro, acariciando con suavidad su mejilla barbada, con una intención claramente provocadora.

—Un año más, amor. Te lo prometo —susurró, dibujando esa sonrisa dulce que sabía que a él tanto le gustaba.

Se inclinó y rozó con suavidad la comisura de sus labios.

—Solo un año más… y entonces oficializaremos nuestro matrimonio. Yo, Jovanka Lawrence, le anunciaré al mundo entero que soy tu esposa… que seré la madre de tus hijos. Te prometo que haré realidad tu sueño de tener una gran familia.

Habló con un tono firme, envolviendo su cuello con ambos brazos mientras jugueteaba, de forma insinuante, con el cabello en su nuca.

Era el único recurso que le quedaba para poner fin a aquella conversación sobre el matrimonio y los hijos que Altezza tanto deseaba.

Un año después

—El año pasado me prometiste que formalizaríamos nuestro matrimonio este año. ¿Por qué, entonces, acabo de enterarme de que firmaste un nuevo contrato?

La pregunta de Altezza hizo que Jovanka se detuviera en seco mientras ordenaba su ropa.

Acababa de regresar de un rodaje en el extranjero y estaba buscando un regalo que, estaba segura, lograría hacerlo feliz. Sin embargo, en lugar de acercarse y abrazarla como solía hacer, Altezza se quedó de pie en el umbral de la puerta, manteniendo la distancia a propósito, observándola con una expresión inexpresiva que ella conocía demasiado bien: estaba enfadado.

Jovanka adoptó una expresión suplicante, intentando ablandar su enojo. Se sentó en el borde de la cama, bajó la mirada y comenzó a jugar con sus dedos delgados y bien cuidados.

—Sé que he roto mi promesa… lo siento —pidió en voz baja. Alzó la mirada un instante para verlo, pero enseguida volvió a bajarla, incapaz de sostener el destello de ira en el rostro de Altezza.

Silencio.

Altezza no dijo ni una sola palabra, y eso solo consiguió que los nervios de Jovanka aumentaran.

—Te juro que no quería faltar a mi palabra. Pero, Al… no podía dejar pasar esta oportunidad —continuó, con la voz suave y entrecortada—. Sabes cuánto admiro al señor Spencer. Es un director que me encanta, y trabajar con él siempre ha sido mi mayor sueño. Tú lo sabes.

Jovanka volvió a mirarlo, intentando descifrar lo que pasaba por su mente. Pero Altezza seguía con esa expresión imperturbable.

La inquietud se instaló en su pecho. Aun así, en algún rincón de su interior, estaba convencida de que, igual que las veces anteriores, él terminaría cediendo. Porque Altezza la amaba… y siempre acabaría concediéndole todo lo que quisiera. Siempre había sido así. Siempre lo sería.

—Entonces, ¿cuánto más tengo que esperarte esta vez? ¿Un año? ¿Dos? ¿Cinco? —preguntó Altezza de nuevo.

Su voz era tranquila, plana, como si no hubiera emoción alguna en ella… pero, precisamente por eso, resultaba evidente que estaba conteniendo una furia que amenazaba con desbordarse.

El cuerpo de Jovanka se tensó, y su rostro perdió el color. Quiso responder, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta.

—Llevamos seis años juntos. Seis años ocultando nuestro matrimonio, no solo a tus fans o a tus compañeros de trabajo, sino también a mis padres. —La mirada de Altezza se volvió más dura—. ¿Tan vergonzoso es para ti ser mi esposa?

Los ojos de Jovanka se abrieron de par en par, horrorizados.

—Altezza, sabes que no pienso eso…

—¿Entonces qué? —la interrumpió—. Entiendo que no quisieras que tus logros se vieran opacados por la influencia de mi familia, lo acepté. Pero ahora ya estás en la cima de tu carrera. Eres famosa. El nombre de mi familia ya no va a interferir en tu camino. Así que dime… ¿por qué sigues empeñada en mantener en secreto nuestro matrimonio?

No era una pregunta que realmente necesitara respuesta. En el fondo, Altezza ya sabía la verdad: todo se reducía, una vez más, a ese contrato.

—¿Eres consciente de todo el tiempo que hemos desperdiciado? —preguntó Altezza mientras avanzaba hacia el interior de la habitación.

Sus pasos eran lentos, casi ligeros. Sin embargo, en lugar de acercarse a Jovanka, se dirigió al tocador. Se apoyó en él, sentándose sobre el borde, con las manos en los bolsillos del pantalón y la cabeza inclinada, como si los zapatos que llevaba puestos resultaran más interesantes que el hermoso rostro de su esposa.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO   Parte 32.3

    Adaline negó lentamente con la cabeza.—No me molesta.—Sinceramente, no pretendo menospreciarte por evitar la manera convencional. Es solo que, por lo que sé, las mujeres normalmente quieren intimar con un hombre al que aman. Y ambos sabemos que ahora mismo no hay amor entre nosotros. Estoy intentando respetar tu cuerpo.Altezza dejó escapar una risita.—Además, soy de esos hombres a los que les gusta el contacto físico. Me preocupa que, si empiezo una vez, después no pueda detenerme y termine queriendo más.Las mejillas de Adaline se tiñeron de un rojo aún más intenso.—Por supuesto, sería completamente natural, teniendo en cuenta que ahora somos marido y mujer legalmente —continuó Altezza con un guiño travieso—. Pero aun así, no quiero que pienses que estoy aprovechándome de la situación. A menos que de verdad estés dispuesta y no te moleste que empiece a tocarte, acariciarte, besarte en...—¡Basta! ¡Ya es suficiente, señor! —Adali

  • EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO   Parte 32.2

    Adaline levantó ligeramente la mirada y asintió.—Lo recuerdo.—¿Qué te pedí que hicieras?—Me pidió que diera a luz a su hijo —respondió Adaline con formalidad.Altezza asintió lentamente.—¿Y?—Eso fue todo.—De acuerdo. Sé que deberíamos haber hablado de esto antes de la boda. Lo siento por haber estado tan ocupado y no haber encontrado el momento para contártelo. —Altezza hizo una pausa y contuvo el aliento durante unos segundos—. En realidad, no es que no tuviera tiempo. Quizá simplemente estaba buscando excusas para seguir posponiéndolo. Mientras tanto, mi madre se adelantó y lo organizó todo sin tener en cuenta mis planes.Altezza respiró profundamente, clavando la mirada en los ojos dorados de Adaline.—No sé si esto te hará daño o no. Al principio, este secreto solo lo conocíamos Antony y yo. Pero, por lo que dijo mi padre hace un rato —a menos que lo haya entendido mal—, parece que él también lo sabe. Así que t

  • EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO   Chapter 32.1

    Altezza levantó la cabeza al oír que se abría la puerta del baño.Adaline salió, con su pequeña figura envuelta en un albornoz negro del hotel que le quedaba demasiado grande y colgaba holgadamente de su cuerpo, cubriéndola hasta media pantorrilla.—¿Acaso no se supone que ese es mío? —preguntó Altezza al notar que Adaline miraba alrededor de la habitación.—¿Eh? Ah, esto... bueno, yo... —Adaline volvió a mirar por los rincones de la habitación—. ¿Has visto por aquí alguna bolsa de tela negra? Ayer traje una muda de ropa y dejé la bolsa sobre la encimera del baño. Esta mañana todavía estaba allí, pero ahora ha desaparecido.Hablaba confundida mientras recorría la habitación en busca de la bolsa.Altezza frunció el ceño mientras observaba los movimientos de su esposa.—Quizá la dejaste en otra habitación —sugirió Altezza mientras se levantaba de la cama y caminaba tranquilamente hacia el baño—. Pero ¿podrías quitarte primero ese albornoz? Si

  • EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO   Chapter 31.2

    El comentario, pronunciado en voz baja, fue recibido de inmediato por un coro de carraspeos procedentes de los familiares mayores, seguido por un silbido todavía más estridente de Gian.Adaline levantó la cabeza y miró directamente a los ojos dorados de Altezza. Su rostro se volvió de un rojo intenso, no por el rubor que llevaba en las mejillas, sino por la vergüenza abrumadora que se apoderó de ella.Altezza sostuvo su mirada con una cálida sonrisa.—Por favor, intercambien los anillos de boda —indicó el maestro de ceremonias.Altezza tomó la alianza de oro del estuche de joyería que Duncan le tendía. Lentamente, se la deslizó en el delicado dedo de Adaline antes de levantarle suavemente la mano y depositar un beso sobre su dorso.El roce de sus labios contra la piel de Adaline le provocó a Altezza un extraño y agradable estremecimiento en el pecho.—Novio, por favor, bese a la novia en la frente.Altezza se acercó un poco más y dejó

  • EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO   Parte 31.1

    Adaline ya había bajado al salón principal y había quedado al cuidado de una maquilladora y de varios miembros del equipo de organización del evento encargados de atenderla. Se acomodó en un rincón del sofá, con la mirada fija en la pantalla plana que brillaba frente a ella. El monitor transmitía en directo la ceremonia de boda que se estaba celebrando en el salón de baile principal.Adaline no tenía idea de cuántos camarógrafos había contratado la familia Quirino para inmortalizar aquel momento sagrado. Fuera cual fuera el número, las cámaras habían conseguido dejarla maravillada. La majestuosidad de la decoración que llenaba el salón era sencillamente impresionante, y sus dudas de hacía apenas unos instantes se desvanecieron momentáneamente ante semejante magnificencia.Todo era lujoso y hermoso, algo que Adaline jamás había imaginado que llegaría a experimentar en su vida.—El novio acaba de entrar al salón —se escuchó decir a uno de los miembros del personal

  • EL BEBE DEL MAGNATE ITALIANO   Parte 30.2

    —Activándome de deseo cuando escuche su dulce voz.Su respuesta hizo que su padre, Benjamin Quirino, tuviera que contener a duras penas la risa. Delila se quedó mirando a su hijo con los ojos muy abiertos.—Imagínate lo que es para mí. Llevo días obligándome a no pensar en mi futura esposa ni a echarla de menos. Y, de repente, la llamo solo para consolarla, y todos esos pensamientos que he estado intentando reprimir volverán de golpe.—Ma, ahora mismo estoy en el punto más alto de mi libido. Si no consigo controlarme porque no dejan de aparecerme imágenes eróticas de mi futura esposa en la cabeza, ¿de verdad quieres que me pase el tiempo en el baño...?Delila le tapó la boca a su hijo con su regordeta mano antes de que pudiera terminar.—¡No te atrevas a decir ni una palabra más, Altezza Quirino! —gruñó, manteniendo la mano firmemente sobre su boca.Altezza, travieso, lamió la palma de su madre.Delila se estremeció de asco y se limpi

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status