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Author: Manuel
last update Petsa ng paglalathala: 2026-10-13 03:25:33

LUZETTE

—¡Tú no eres su padre!

Mi grito desgarró la barata habitación del motel mientras apretaba a Skye aún más contra mi pecho.

Diego llenaba el umbral como una tormenta a punto de estallar, con los ojos ardiendo de una furia fría y posesiva.

Miró a nuestro hijo, su hijo, y algo peligroso cambió en su expresión. Un depredador que acababa de descubrir que poseía algo precioso.

—Soy su padre —dijo, y el impacto en su voz se impuso a su ira—. Pero entiendo por qué no confías en mí. No voy a quit
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    DEIGOPero eran un regalo, no un derecho, y aun siendo un hombre como yo, no estaba en contra de ellos. Solo que en la historia de mi vida nunca había habido sitio para un hijo. No tal como yo la escribía.Quizá debería haber dicho que los hijos nunca estuvieron en mi radar, porque la última persona que quería ser era mi padre, que se pudría en el infierno.Había estado demasiado concentrado en demostrarle a ese bastardo que se equivocaba conmigo. Demasiado concentrado en cambiar las tornas para demostrar que era lo bastante bueno para dirigir la mafia. Y ahora la dirigía mejor de lo que él la dirigió jamás, de lo que habría podido dirigirla nunca. Porque yo veía cómo cambiaba el futuro, y la mafia tenía que cambiar también. O morir.Pensándolo bien, supongo que siempre había tenido una vaga idea de que algún día, en un futuro sin trazar, habría hijos, cuando mi posición estuviera más que consolidada, después de casarme con alguien que beneficiara a la mafia.¿Pero así? ¿Ahora? Yo no

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    LUZETTE—¡Tú no eres su padre!Mi grito desgarró la barata habitación del motel mientras apretaba a Skye aún más contra mi pecho.Diego llenaba el umbral como una tormenta a punto de estallar, con los ojos ardiendo de una furia fría y posesiva.Miró a nuestro hijo, su hijo, y algo peligroso cambió en su expresión. Un depredador que acababa de descubrir que poseía algo precioso.—Soy su padre —dijo, y el impacto en su voz se impuso a su ira—. Pero entiendo por qué no confías en mí. No voy a quitártelo.—Diego…—Tenemos que llevarlos a ti y a Skye a un lugar más seguro —dijo Diego, manteniendo las manos quietas—. Dime qué necesitas llevar. Nos iremos cuando estés lista.—No voy a ir contigo.—Sí tienes opción —dijo tras una pausa tensa—. Pero, por favor, escúchame antes de decidir. Podrían ir tras ustedes por mi culpa.Alargó la mano hacia Skye. Me giré para esquivarlo.—Necesita su sillita y su mantita…Recogió la sillita y la manta y las dejó junto al bolso; luego se agachó a unos pas

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