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Las señales que no explicaban nada.

Author: Marli
last update publish date: 2026-10-11 13:18:29

CAPÍTULO 5

Las señales que no explicaban nada

Valeria empezó a reconocer el patrón antes de admitir cuánto le afectaba. Adrián podía pasar un día entero sin aparecer y luego regresar con una observación que parecía hecha a la medida de su sentido del humor. A veces preguntaba por su jornada con una atención genuina; otras, respondía con monosílabos y dejaba la conversación suspendida. Ella nunca sabía si estaba ante un hombre que necesitaba espacio, uno que no sabía sostener una conexión o alguien que prefería mantener abiertas todas las puertas sin comprometerse con ninguna.

El problema era que la incertidumbre no se parecía a la tranquilidad que Valeria había elegido para su vida. Había pasado años construyendo una independencia que no dependiera de la aprobación de otra persona. Le gustaba tomar decisiones sin tener que explicar cada paso, salir cuando quería, quedarse en casa cuando lo necesitaba y dedicar su energía a asuntos que consideraba importantes. No deseaba volver a una etapa en la que su ánimo estuviera atado a la disponibilidad de un hombre.

Por eso decidió establecer una regla consigo misma: no revisaría constantemente si Adrián estaba conectado, no interpretaría cada publicación como un mensaje cifrado y no reorganizaría su día para responder de inmediato. La regla parecía sencilla. El desafío era cumplirla cuando una parte de ella quería saber si él pensaba en ella.

Una noche, mientras preparaba materiales para sus clases, Adrián publicó una canción cuya letra hablaba de las personas que se alejan y regresan cuando creen que alguien empieza a olvidarlas. Valeria se quedó mirando la pantalla. La coincidencia parecía demasiado precisa, pero se obligó a recordar que la canción no llevaba su nombre. Quizá le gustaba al cantante. Quizá la había escuchado en la radio. Quizá era una elección sin significado. La mente humana tenía una capacidad extraordinaria para construir historias alrededor de lo que deseaba comprender.

Aun así, aquella publicación la acompañó durante la noche. Se preguntó si Adrián sería consciente del efecto que podía producir con esos pequeños gestos. ¿Buscaba llamar su atención? ¿Le gustaba saber que ella seguía allí? ¿O era Valeria quien estaba atribuyendo intención a cada movimiento porque ya le importaba más de lo que quería aceptar?

Cuando él volvió a escribir, ella respondió con naturalidad, pero no dejó que la conversación avanzara sin abordar el tema. Le preguntó si prefería hablar cuando le apetecía y desaparecer cuando no, o si simplemente tenía una forma distinta de comunicarse. Adrián tardó en contestar. Luego explicó que no era de los que informaban cada detalle de su día y que no le gustaba sentir que debía rendir cuentas.

Valeria sintió una punzada de irritación. No le estaba pidiendo un informe, sino un mínimo de coherencia. Le explicó que la libertad no consistía en hacer lo que uno quisiera sin considerar al otro, sino en elegir con honestidad qué podía ofrecer. Adrián respondió que ella analizaba demasiado las cosas. Valeria estuvo a punto de cerrar la conversación, pero prefirió ser clara: no esperaba promesas, aunque tampoco quería participar en un juego que ninguno se atreviera a nombrar.

Aquella vez, Adrián no hizo una broma. Admitió que no sabía muy bien qué estaba ocurriendo entre ellos. Le gustaba hablar con ella, pero no quería precipitarse ni convertir una conexión agradable en una obligación. Valeria agradeció la sinceridad, aunque la respuesta no resolvía todo. Ella tampoco quería apresurarse. Lo que necesitaba era saber que ambos estaban conversando desde un lugar real.

La charla terminó sin una conclusión definitiva. No se prometieron escribir todos los días ni decidieron qué eran. Pero, por primera vez, dejaron de fingir que la distancia no tenía consecuencias. Y Valeria comprendió que la pregunta no era solamente por qué Adrián se alejaba. También debía preguntarse por qué ella seguía esperando que regresara.

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