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EL TESTIMONIO

Author: Dunni
last update publish date: 2026-10-24 21:27:38

Thomas Shaw preparó té y puso una taza frente a Valeria y otra frente a Marina, y después se sentó en un sillón gastado junto a la ventana y los miró con ojos cansados. La luz de la tarde entraba por el cristal y caía sobre su rostro arrugado.

—Trabajé para David Laurent durante diez años —dijo Thomas Shaw—. Hice cosas de las que no estoy orgulloso. He pasado los últimos diez años intentando olvidar. Y no lo he conseguido.

Valeria lo miró. Sus ojos eran amables pero firmes.

—¿Qué tipo de cosas?
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  • EL MULTIMILLONARIO QUE COMPRÓ MI DIVORCIO    EL ÚLTIMO CAPÍTULO

    La casa estaba en silencio.Valeria estaba sentada en el estudio de su padre con Isabel dormida en sus brazos y la luz del atardecer entrando por las ventanas en largas franjas doradas. La habitación olía a libros viejos y a cera para muebles y a las rosas que había cortado esa mañana y colocado en un jarrón sobre el escritorio. Las paredes estaban cubiertas de estanterías y el suelo de madera crujía suavemente bajo sus pies. Todo estaba exactamente como su padre lo había dejado, y todo estaba exactamente como ella lo había transformado. Era el mismo estudio, pero ya no era el mismo lugar.Llevaba una hora sentada allí. No había encendido la lámpara. No había abierto un libro. Simplemente se había sentado en la silla de su padre con su hija en brazos y había mirado el jardín a través de la ventana. La luz del atardecer se filtraba entre las ramas de los árboles y caía sobre el césped en manchas doradas y anaranjadas, y el aire estaba quieto y cálido.Las rosas estaban floreciendo. Las

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    El cementerio estaba en silencio en la madrugada.Valeria aparcó el coche al final del camino de grava y se quedó un momento sentada con las manos en el volante. El cielo estaba gris y suave, como siempre lo estaba a principios de otoño, y los árboles a lo largo de la valla habían empezado a cambiar, sus hojas orladas de dorado. El aire olía a tierra húmeda y a hierba mojada y a algo más, algo que no tenía nombre pero que llenaba los pulmones de una sensación de paz.No había estado aquí en meses. Demasiados meses. La culpa le roía por dentro como un gusano silencioso.Salió del coche, abrió la puerta trasera y sacó a Isabel de su asiento. La bebé estaba despierta, sus ojos oscuros moviéndose por los árboles y las lápidas y el cielo gris sobre ellos. Llevaba un abrigo rosa y un gorro de lana y sus mejillas estaban sonrosadas por el frío.—Vamos a ver a papá —dijo Valeria en voz baja—. A tu abuelo.Isabel hizo un pequeño sonido y agarró el cuello del abrigo de su madre. Sus dedos dimin

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    Alexander estaba de pie en el jardín cuando Valeria bajó las escaleras.Era temprano. El sol apenas empezaba a asomarse sobre los árboles y el cielo se teñía de tonos rosados y dorados. La hierba estaba cubierta de rocío y brillaba como si estuviera salpicada de diamantes. El aire olía a rosas y a lluvia y a algo más, algo que no tenía nombre pero que llenaba los pulmones de una sensación de paz.Estaba mirando el viejo roble. El mismo bajo el que se habían casado. El mismo donde Valeria había estado de pie con Alejandro y le había prometido amarlo el resto de su vida. Las ramas se extendían sobre el césped como brazos abiertos y las hojas susurraban con la brisa matinal.—Alexander —dijo Valeria.Se giró. Su rostro estaba cansado pero en sus ojos había una serenidad que no había visto antes.—Buenos días —dijo.Valeria cruzó el césped y se quedó a su lado. La hierba estaba fría y húmeda bajo sus pies descalzos.—Estás levantado temprano —dijo.Alexander miró el árbol. Sus ojos se per

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