LOGINMI MEJOR ENEMIGO. EPÍLOGO.OCHO AÑOS DESPUÉS.El otoño había llegado a Nueva York con esa elegancia tranquila que solo tienen las ciudades acostumbradas a reinventarse cada año. Las hojas de los árboles de Central Park se habían vuelto doradas y rojizas, y el aire tenía ese aroma limpio que anuncia el cambio de estación.Desde la terraza del apartamento, Seija observaba el parque mientras sostenía una taza de café entre las manos.Habían pasado ocho años.Ocho años desde aquel día en que había arrastrado a Camilo al juzgado con la determinación de alguien que ya no estaba dispuesto a seguir esperando a que la vida decidiera por ella. Durante mucho tiempo había pensado que ese sería el momento más impulsivo de su vida; sin embargo, con el paso de los años comprendió que en realidad había sido el más sensato.Porque todo lo que vino después había valido la pena.Dentro del departamento se escuchaban risas.—¡Papá, eso no vale! —protestó una vocecita con indignación.—Claro que vale —res
MI MEJOR ENEMIGO. CAPITULO 86. Solo tú y yoLas semanas siguientes estuvieron llenas de ese caos alegre que aparece cuando varias personas deciden organizar algo importante sin tener demasiada experiencia en hacerlo, lo que significó que casi todos los encuentros casuales terminaron convirtiéndose en improvisadas reuniones de planificación donde alguien sacaba un cuaderno, otro buscaba fechas en el teléfono y Rebecca comenzaba a hablar con la energía de una general preparando una campaña militar.Por supuesto que fue ella quien asumió la planificación de la boda con la misma intensidad con la que organizaba todo en su vida. En menos de tres días ya había investigado lugares, precios, fechas disponibles y hasta proveedores de flores.Aquello provocó que la mesa del comedor de su casa terminara cubierta de catálogos, calendarios, muestras de telas y listas interminables de detalles que nadie más parecía considerar importantes.Seija estaba sentada frente a ella hojeando una carpeta llen
MI MEJOR ENEMIGO. CAPITULO 85. Destino finalPodía continuar su vida lejos de él. A fin de cuentas, llevaba casi dos años haciéndolo.O podía reconocer que a pesar de la decepción, ella también había experimentado todas aquellas certezas y sabía que no quería vivir lo mismo de nuevo.—Camilo —respondió con suavidad mientras deslizaba los dedos por su mejilla— llevo años estando segura de que quiero estar contigo… solo queda ver si esta vez sí podemos hacerlo realidad.La sonrisa que apareció en el rostro de Camilo fue tan sincera que casi parecía la de alguien que todavía no terminaba de creer su propia suerte.—Eso fue demasiado fácil —murmuró.—No fue fácil —replicó Seija—. Solo llegó en el momento correcto.—Eso también es verdad —murmuró él inclinando la cabeza y aceptando el comentario.Durante unos segundos permanecieron mirándose en silencio; luego Camilo la abrazó con un gesto espontáneo que casi la hizo reír.—Te amo —murmuró contra su cabello mientras la hacía caer sobre él.
MI MEJOR ENEMIGO. CAPITULO 84. Sin discursos profundosLa mañana llegó lentamente, con esa luz clara y silenciosa que entra por las ventanas cuando la ciudad todavía no ha terminado de despertarse. Camilo abrió los ojos despacio y al principio no se movió. Permaneció recostado sobre la almohada mientras su mente regresaba poco a poco al presente, reconociendo el lugar donde estaba y recordando, casi con miedo, todo lo que había ocurrido la noche anterior.Durante un año entero se había acostumbrado a despertar en habitaciones que no le pertenecían, en ciudades que no eran su hogar y en mañanas que siempre comenzaban con la misma sensación de vacío. Por eso tardó un momento en comprender que esa vez era distinto.Había alguien apoyado contra su pecho.Seija dormía profundamente, con la cabeza recostada sobre su hombro y una expresión tranquila que él no recordaba haber visto en mucho tiempo. Su cabello oscuro se extendía sobre la almohada y parte de su brazo, y el ritmo suave de su res
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 83. CompletosSeija lo miró con los ojos vidriosos, y el pecho subiendo y bajando con respiraciones entrecortadas.—Quiero que me lo hagas hasta que no pueda caminar —siseó y a él se le antojaron las palabras sucias más perfectas.La sonrisa de Camilo volvió a sumergirse entre sus piernas, esta vez sin piedad. Su lengua se movió en círculos rápidos sobre su clítoris mientras sus dedos bombeaban dentro de ella, y un sonido húmedo y excitante llenó la habitación. Seija ya no formaba palabras, solo gemidos rotos, jadeos, y el nombre de Camilo repetido como una plegaria.Podía sentir cómo se tensaba alrededor de sus dedos, cómo sus muslos comenzaban a temblar con más violencia… pero ni por un segundo le sorprendió que él no la dejara correrse.Camilo se apartó de nuevo, ignorando su protesta, y se puso de pie en un movimiento fluido. Antes de que ella pudiera reaccionar, la tomó en brazos y la llevó hacia el dormitorio, donde la arrojó sobre la cama con un movim
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 82. Dímelo —Mucho… importa mucho —dijo ella mientras el aliento se escapaba entre sus labios sin que pudiera evitarlo—. Porque tú y yo no somos un error.Camilo sintió que dejaba de respirar mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Seija con una lentitud deliberada, deteniéndose en el modo en que el vestido oscuro se ceñía a sus caderas, en la manera en que la tela se pegaba a su vientre cada vez que respiraba.Más de un año sin tocarla, y aún conocía cada curva, cada lunar, cada cicatriz.—No… no lo somos —murmuró mientras tiraba de su cuerpo haca él y escuchaba el leve jadeo que se escapaba de su boca, ese sonido mínimo que lo enloquecía porque sabía lo que significaba: que aún lo deseaba, que aún respondía a él como una cuerda de violín afinada solo para sus dedos—. No he dejado de pensar en esto —confesó, y su aliento caliente rozó el lóbulo de su oreja cuando la pegó completamente a él—. En cómo sería saborearte de nuevo. En cómo gemirías cuando por fi






