LOGINBuenas noches ❤️ 📚Esposos por Conveniencia 📚
Valentina salió del baño varios minutos después, con el cabello todavía húmedo y vestida con un pantalón oscuro y una blusa sencilla. Damián guardó el teléfono apenas la vio aparecer. Ella lo notó. —¿Pasó algo? —No te preocupes. Valentina entrecerró los ojos. —Tenés cara de estar demasiado contento para que no haya pasado nada. Damián no intentó negarlo. —Ramiro confirmó lo que esperábamos. Valentina se quedó quieta. Las palabras de su padre seguían demasiado recientes. —¿Hoy? —Hoy. Ella entendió enseguida. —El hotel. Damián asintió. La ligereza de aquella primera mañana como esposos desapareció por completo. —El banco confirmó el vencimiento. Félix ya no tiene margen para cubrir nada.. Valentina bajó la vista. Aquella era la promesa que había hecho. Apoyarlo hasta el final. Había repetido que su palabra no cambiaría cuando llegara ese momento, pero escucharlo ahora era diferente. Ya no estaban hablando de algo que ocurriría algún día. Había llegado. —¿Vas a sa
Valentina abrió los ojos cuando la claridad que se filtraba entre las cortinas comenzó a molestarle y algo pesado le rozó la pierna. No tardó en descubrir que no era una sola cosa. Una pierna descansaba sobre las suyas y un brazo rodeaba su vientre. Abrió los ojos por completo y permaneció inmóvil durante varios segundos, tratando de entender por qué había un cuerpo ocupando demasiado espacio a su lado. Entonces recordó que estaba en la habitación nupcial.Y con su esposo Damián. Giró lentamente la cabeza. Él dormía de costado, pegado a ella, con una mano apoyada sobre su vientre y parte de la sábana desplazada hacia el lado que Valentina había reclamado como propio antes de dormir. Bajó la vista. La pierna de Damián había cruzado exactamente la frontera imaginaria que ella había establecido y ahora estaba cómodamente instalada sobre la suya. Valentina intentó moverla despacio para no despertarlo, pero antes de conseguirlo volvió a mirarlo. "Qué hombre...que lindo que es
La habitación nupcial los recibió con pétalos esparcidos sobre la cama, luces tenues y dos cisnes hechos con toallas enfrentados en el centro del colchón, con los picos tan juntos que parecían besarse. Valentina se quedó detenida en la entrada. Damián dejó la llave sobre una mesa. —Bueno... Ella señaló la cama. —Creo que esos dos van a estar más cerca que nosotros durante todo este año de matrimonio. Damián siguió la dirección de su dedo. Después soltó una carcajada. —¿Tanta fe te tenés? Valentina giró hacia él. —No te hagas el lindo. —No me hago. Lo soy. Ella abrió mucho los ojos. —Wow... tampoco te creas tan importante. Damián arqueó una ceja. —Eso sonó ofensivo. —Era la intención. Valentina agarró su bolso y caminó hacia el baño. —Voy a ducharme. Cuando salió, llevaba un pantalón de pijama cómodo y una remera vieja que claramente había sobrevivido demasiados lavados. Damián la observó de arriba abajo. Valentina se detuvo. —¿Qué? —¿Eso es todo lo que trajiste?
Lorena seguía sin presentar cambios como siempre. Valentina entró en la habitación y se acercó directamente a la cama. Le tomó una mano y se inclinó para besarle la frente, como había hecho incontables veces durante aquellos años. —Hola, mamá. Damián se quedó unos pasos atrás. Había algo en la manera en que Valentina se transformaba al acercarse a aquella cama que le resultaba difícil ignorar. No aparecían lágrimas inmediatas ni grandes demostraciones de dolor. Había algo quizá más fuerte. Costumbre. Años entrando en esa misma habitación, esperando una reacción que nunca llegaba y regresando al día siguiente para volver a intentarlo. Valentina acomodó la sábana sobre el cuerpo de su madre. —Me casé hoy. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. —Sí, ya sé. Probablemente quieras levantarte solo para preguntarme qué locura hice. Damián bajó la vista por un instante. Después de lo que Vivian le había contado, aquella habitación ya no le parecía simplemente el lugar donde Lo
Cuando Valentina regresó al salón, la celebración continuaba. No con la misma euforia del comienzo, porque lo ocurrido había dejado conversaciones a media voz y miradas que todavía intentaban reconstruir el escándalo, pero Damián se había encargado de que los periodistas ya no estuvieran allí y de que nadie volviera a mencionar a Esteban Toledo. Apenas la vio aparecer, Isadora se acercó. —¿Estás segura de que querés seguir? Valentina asintió. —Sí. Estoy bien. Isadora no pareció completamente convencida. —Podemos terminar esto ahora. Nadie va a cuestionarlo después de lo que pasó. —Yo sí. La respuesta hizo que Damián, que estaba a pocos pasos, girara hacia ella. También alcanzó a ver la genuina preocupación de su madre. Isadora podía estar en contra de aquel matrimonio, podía tener todas las dudas que quisiera sobre Valentina y su apellido, pero era una buena persona y sabía perfectamente que aquella muchacha no había fingido su desmayo. Valentina tomó aire. —Es mi boda. Aun
Afuera de la habitación, Vivian permanecía sentada en uno de los sillones del pasillo. Ramiro estaba de pie cerca de ella, revisando algunos mensajes en el teléfono. —El médico dijo que está bien —comentó él. Vivian asintió. —Sí. Por suerte. —Félix estaba bastante preocupado. Ella soltó aire por la nariz. —Puede estar preocupado. Eso no cambia lo que pasó. Ramiro guardó el teléfono. —Sos muy cercana a ella. —Desde la universidad. —Entonces la conocés bastante. Vivian levantó la mirada. —Más de lo que la conocen algunas personas de su propia familia. Ramiro percibió el tono. —¿Por Lorena? Vivian se acomodó en el asiento. —Por muchas cosas. Dudó antes de continuar. No porque desconfiara de Ramiro, sino porque estaba por hablar de situaciones que durante años había considerado asuntos privados de Valentina. —Vale pasó años tratando de mantener todo en orden: su madre, los estudios, la relación con su padre... y siempre fingiendo que podía con todo. —¿Daniela ya estaba







