LOGINTres días habían transcurrido en los que cada noche Adrianna despertaba bañada en sudor, las pesadillas de lo ocurrido no la dejaban y despertaba gritando.
-¡Noo! -eran los gritos de cada noche y Lety corría a su habitación, para estar presente. -Ya ni niña, aquí estoy mi vida... tranquila.. tranquila. -Lety se abrazaba a ella tratando de calmarla, mientras Adriánna temblaba de miedo y sollozaba tan fuerte. -Madrina, siento que me voy a volver loca, cierro los ojos y veo esa sonrisa malévola, siento sus manos apretando mis brazos para no dejarme escapar, no puedo... no puedo con esto. -Tranquila pequeña mía, todo este mal tiempo pasará. -Lety trataba de consolarla pero era inútil. Las pesadillas eran frecuentes, tres días tenía encerrada en su habitación sin responder las llamadas de Lucrecia. El teléfono sonó y era su amiga que llamaba nuevamente. -Es Lucrecia cariño. -No, no le respondas. -Seguirá insistiendo y puede hasta venir aquí si no tiene noticias tuya, y entonces qué le voy a decir. -Entonces responde y di que me fuí de viaje y que se me olvidó mi teléfono. -Está bien mi niña. -Lety contestó -Hola querida. -Hola Lety... estoy llamando a Adri y no responde. -Mi niña se fue de viaje, una propuesta de trabajo fue algo inesperado y Se le olvidó el teléfono, estoy esperando que se comunique conmigo. -Que bueno...le dice que me llame cuando se comunique contigo. -Lo haré mi niña...lo haré. Lety colgó la llamada y miró tristemente a Adrianna. -Mi niña...se que es muy pronto pero tienes que salir de esa depresión, no te hace bien estar todo el día en cama y llorando. -Fue mi culpa madrina... -No...no mi niña, tu no eres culpable de nada, no eres culpable por las personas de mente retorcida y criminales. -Yo lo miré y sonreí, talvez lo mal interpretó. -No tiene nada de malo sonreír mi niña, ellos son los que tienen problemas mentales. Tu no eres culpable. ¿Entiendes? Adrianna cerró los ojos deseando no sentir toda esa ansiedad, deseaba cerrar los ojos y despertar y ver que era una pesadilla, pero la cruel realidad le golpeaba cada vez que abría sus ojos. Los días seguían pasando, y Adrianna seguia despertando agitada por las pesadillas que no la dejaban, se puso una bata y salió al pequeño jardín y se sentó a contemplar la belleza de las flores, miró un jarrón lleno de estas y sus lágrimas rodaban nuevamente, vio la similitud de su desgracia con el terrible destino de las bellas flores del jardín, no importaba si eran del jardín imperial o de una casa de campo, el destino era el mismo, ser cortada de sus raices y así mutiladas se obligada a sobrevivir y permanecer hermosas para el placer visual de su depredador. Así se sintió ella, le habían arrancado su alegría, sus ganas de vivir, sintiendo ganas de morir Pero tenía que seguir. Lety la miró sentada y con la mirada fija en las flores del jarrón, sirvió una taza de té y le llevó. -Hija, aquí tienes una tasa de té, te hará bien. -Gracias madrina..no se que hacer madrina, no quiero salir, siento vergüenza, me da vergüenza mirarme al espejo. -No la tengas mi niña, no tienes porque, tu eres inocente, y así como a ti, allá afuera hay muchas mujeres viviendo tu realidad, y muchas de ellas solas, porque no tienen a nadie en quien confiar, tú me tienes a mí. Y te apoyaré en la decisión que tomes. ¿Vaz a denunciar el delito? -preguntó sacándola de su ensimismamiento. Adrianna La miró, no había pensado en esa posibilidad, la vergüenza que sentía no se lo permitía, no deseaba ser expuesta ante todos. -No...no lo haré, y si viene nuevamente y me agrede, seguramente las autoridades no podrán hacer nada, son gentes muy poderosa. -¿Sabes quién es? -No se su nombre, Pero me imagino que debe ser familia o amigo de Lucrecia, ella dijo que solo eran familiares y amigos muy cercanos. Lety la abrazó fuerte y ella correspondió a ese abrazo. -Tranquila mi vida, vamos a buscar ayuda profesional y juntas saldremos adelante. Los días pasaban convirtiéndose en semanas, tres semanas habían pasado y Adrianna seguía sumergida en la depresión, no deseaba ver y Mucho menos hablar de lo sucedido con nadie. Ernesto había llevado a una amiga profesional para que la ayude lo cual ella se había negado. -Hija voy hacer unas compras y regreso enseguida, no tardo. -dijo Lety, -Está bien madrina. -dijo Adrianna cerrando con seguro, sentía pánico quedarse sola. Lety subió al Uber de Ernesto que había estado pendiente de ella, y se había hecho cercano. -Muchas gracias Ernesto, gracias por traer a la psicóloga para mí ahijada. -No tienes nada que agradecer, sé por lo que están pasando. Yo también viví esa experiencia con mi hija. Y lo peor de todo es que eso tuvo consecuencias, y ya tiene dos años. -dijo Ernesto y Lety abrió los ojos como plato, no había pensado en esa posibilidad,. -¡Por dios! Eso sería terrible para Adrianna. -expresó Lety con mucha preocupación. -Son posibilidades que se deben tener en cuenta. Mi hija sufrió mucho, tuvo que decidir entre tenerlo o no. Pero con la ayuda recibida, pudo no solo aceptar su maternidad, sino que decidió seguir. Con el nacimiento de mi nieto, nació una nueva etapa de su vida. Lety estaba sumergida en sus pensamientos. "Dios mío.... Que mi niña no esté embarazada, sería terrible para ella, no lo soportaría....por favor Dios, escucha mis plegarias" pensaba muy centrada en sus cavilaciones. Llegaron al centro de la ciudad y lo priner que hizo fue ir a la farmacia, y después hacer el resto de compras. Mientras Adrianna, cerró la puerta y regresó a su habitación, cuando los golpes en la puerta llamaron su atención. Su corazón dio un vuelco queriendo salir de su pecho. -¡Dios mío! Ayúdame por favor, -pidió sintiendo terror de imaginar que era su agresor quien tocaba la puerta. Sentada en una esquina, abrazada a sus piernas y con los ojos cerrados estaba en pánico a la espera de un milagro. No supo ni cuánto tiempo pasó en esa posición, Solo escuchó la puerta que se abrió, luego la de su habitación, y gritó desesperadamente. Lety corrió para abrazarla. -Ya...soy yo mi niña, tranquila mírame, soy Lety. -casi gritó para que reaccione. Adrianna abrió los ojos, el grito de Lety la sacó del trance en el que se encontraba. -Madrina, era el...estuvo aquí madrina. -Ya mi vida... ya... Aquí no hay nadie más que yo. -dijo Lety abrazándola tan fuerte para calmar el temblor de su cuerpo. Adrianna sentía que cada día se hundía en la desesperación, Lety preparó un té, luego de que ella lo bebió, la dejó acostada en su cama, Adrianna cerró los ojos y trató de dormir, era algo que también la atormentaba, las pesadillas eran tan reales que despertaba gritando. Ya no quería ese tormento para ella, a mitad de la noche despertó bañada en sudor, se puso de pie y fue al baño, se miró al espejo y vio su rostro después de mucho tiempo, vio sus ojeras marcadas, su rostro demacrado y sus ojos hinchados de tanto llorar. La imagen frente a ella, no era la de ella, era una mujer completa mente diferente, opaca y gris, hizo una mueca de sonrisa que dolió en sus labios, miró sus cabellos sin brillo, pasó sus manos por su rostro a modo de frustración, miró el botiquín y caminó a paso lento, lo abrió y miró el frasco de cedante vació el contenido en su mano, sirvió un vaso con agua y lo bebió. Fue de regreso a su cama y se acostó nuevamente. Empezó a sentir pesadez en sus ojos, sentía arder su estómago y poco a poco fue cayendo en la inconsciencia. Al día siguiente, Lety preparó el desayuno y lo llevó a la habitación. -Hija despierta, mira la hora que es mi niña. Lety dejó la bandeja y la movió. -Adri, ¡Adrianna! ¡Dios! Muchacha que hiciste, dios mío. -exclamó tomando su teléfono y marcando el número de emergencias. -¡Por favor ayuda! Una ambulancia por favor, pronto, mi niña ingirió una sobredosis de calmantes. Dejó el teléfono y trató de reanimarla,. El tiempo se hizo eterno, que diez minutos después estaban llegando los paramédico y la trasladaron al hospital más cercano. El teléfono sonó y Lety miró, cortó la llamada, no quería responder pues era Lucrecia que llevaba días llamando para saber de Adrianna. El teléfono sonó nuevamente, cuando intentó cortar vio el nombre de Ernesto. -Hola Lety, estoy fuera y vi todo cerrado. ¿Estás de compras? No quise tocar la puerta para no asustar a Adrianna. -Estoy en el hospital Ernesto, Adrianna ingirió pastillas. -Voy enseguida, tranquila. -dijo Ernesto y media hora después estaba llegando. -Lety... tranquila, todo saldrá bien. -dijo l, y Lety salió corriendo a sus brazos y siendo recibida por el, tratando de reconfortar la. -Todo saldrá bien. -dijo en el momento que la miró fijamente. -Ernesto, gracias por estar aquí, no sabes lo importante que es para mí tenerte en estos momentos. -Siempre que pueda ayudar lo haré. -respondió Ernesto. Ernesto y Lety seguían esperando en el pasillo por noticias, y una hora después la enfermera salió para llevarlos al consultorio del médico que la había atendido. -Señorita...¿Cómo está mi ahijada? -fue lo primero que preguntó antes de que la enfermera hablara. -Vamos al consultorio del doctor, ahí le dará mejor información. -Ve Lety, aquí espero, y por favor trata de estar calmada. Lety siguió a la enfermera y llegó al consultorio. -Siéntese por favor. -pidió el Galeno , Lety sentía sus pies en arenas movedizas, miró al médico que entregó una hoja con unos resultados positivos. -¡Positivo! -dijo alternando la mirada entre el papel y el médico. -Asi es, está embarazada, y logramos salvarlos a los dos, lo que no entiendo es porque ella sabiendo que está esperando un bebé intentó quitarse la vida. -preguntó el Galeno. Lety sintió que el mundo se le oscurecia. ¿Cómo le diría a su niña que ese acto repulsivo tenía consecuencias? Lloró desconsoladamente, el médico hizo señales a la enfermera para que trajera un vaso con agua y tratar de calmarla. -No se que es lo que pasa señora, pero no veo el motivo para actuar de ese modo al recibir la noticia de la llegada de un bebé. Lety miró al doctor, cerró los ojos suspiró profundo y respondió. -¿Cómo se le dice a una víctima de abuso sexu4l que su agresión tiene consecuencias que se la recordará el resto de su vida. El Galeno miró a la enfermera y entendió los motivos de la reacción de Lety y de el porqué Adrianna intentó quitarse la vida -Entiendo, y lo siento mucho, no sabía lo ocurrido, aquí en el hospital tenemos un programa para mujeres que han sufrido este tipo de abuso. -Doctor, no sé cómo actuar ni que decirle a ella, está deprimida, sus pesadillas no la dejan y ahora esto. Yo solo espero que esté bien para que decida que hacer. -habló Lety con mucha tristeza. -Tranquila, haré un informe para el departamento de psicología y ellos sabrán orientar la, a usted y a la víctima. -respondió el Galeno mientras tecleaba en su computador. Lety sintió un poco de alivio al saber que Adriánna recibiría ayuda y así poder darle la noticia de que sería madre a su corta edad.Cinco años después.La mansión Marccetti brillaba aquella noche como nunca antes. Guirnaldas de luces colgaban de los árboles del jardín, y una enorme carpa blanca estaba decorada con flores lilas y rosas, los colores favoritos de Paulina. Había música suave en el aire, y cada rincón parecía preparado para celebrar no solo los quince años de una jovencita, sino la historia de toda una familia que había aprendido a sanar juntos.Adrianna miraba a su hija con los ojos llenos de lágrimas contenidas. La pequeña que una vez pidió su fiesta de princesas ahora estaba frente a ella, convertida en una joven radiante, con un vestido de tules celeste y morado que le daba un aire de reina.—Estás preciosa, mi niña. —susurró Adrianna, acariciando su mejilla.Paulina sonrió con esa dulzura que siempre la había caracterizado.—Gracias, mamá. Pero lo más bonito de todo esto es que estamos juntos. Eso es lo que quiero celebrar. Y con este travieso hermoso. —dijo cargando por un momento a Adriano el pe
Claudio giró lentamente. Sus ojos se abrieron de par en par al ver a Emiliano. Durante un segundo, la sorpresa lo dejó sin palabras.—Emiliano… —susurró para adi mismo. Nuevamente Nelson lo tenía informado enviando fotografías de ellos.El joven avanzó un paso más, temblando de rabia.—¿Sacerdote? —escupió la palabra con desprecio.—¿Eso eres ahora? ¿Crees que con una sotana puedes borrar lo que hiciste? ¿Que puedes esconderte detrás de Dios para limpiar tus pecados?Claudio apretó los labios. Bajó lentamente del altar y se acercó, con la mirada llena de dolor.—No busco esconderme. Estoy aquí porque necesito expiar mi culpa. Porque no sé cómo vivir con lo que hice.—¡No! No intentes justificarte. ¡Lo que hiciste con mi madre no tiene perdón! La destrozaste, la marcaste para siempre. Y ahora… ¿quieres jugar a ser santo? ¿Quieres que te vean como un hombre bueno, como un guía espiritual? ¡Eres un farsante! —gritó Emiliano, con los ojos llenos de lágrimasClaudio respiró hondo, tratando
Los tres jóvenes estaban en el jardín, sentados sobre el césped húmedo, rodeados de faroles pequeños que iluminaban la noche con una luz cálida. El aire fresco traía consigo el aroma de las flores recién abiertas y el murmullo de los grillos parecía acompañar la tensión que había en el ambiente.Enzo, de rostro serio y mirada intensa, mantenía los puños cerrados apoyados en las rodillas. Paolo, con ese aire más reservado, jugaba con una ramita entre los dedos como si buscara calmar la ansiedad. Emiliano, aún con una inocencia que se resistía a perder, observaba las estrellas y susurraba preguntas que nadie se atrevía a responder.—¿Crees que hoy nos lo diga? —preguntó el más pequeño, sus ojos brillando con esa mezcla de curiosidad y miedo.—Debe hacerlo. No podemos seguir viviendo en la oscuridad. Ya somos grandes, tenemos derecho a saber. —respondió EnzoPaolo levantó la vista y miró a sus hermanos, luego hacia la puerta de la casa, como si esperara ver aparecer en cualquier momento
Esa misma noche, Adrianna permaneció despierta, mirando el techo de su habitación. Paolo se había marchado al amanecer, dejándola con un beso en la frente y una promesa silenciosa de acompañarla en lo que viniera.Ella se levantó y fue hasta la habitación de los niños. Los observó dormir: tan tranquilos, tan ajenos a las tormentas de los adultos. El mayor se movía inquieto, como si en sueños intuyera la sombra que se cernía sobre ellos.Adrianna acarició su frente y susurró:—No voy a dejar que vivan con mentiras. Merecen la verdad.Ella volvió a su habitación y tomo el teléfono y llamó a Lety.Era tiempo de empezar de nuevo. —Madrid. Perdóname por despertarte a esta hora, pero necesito que vengas.—¿Te pasó algo mi niña.? Ya voy.Adrianna colgó la llamada y sonrió. Sentía que no podía dejar pasar max tiempo. Necesitaba estar junto a Paolo. Ayudarlo en el proceso.Lety llegó tan pronto como pago.—Hija. ¿Que pasó? —preguntó Lety algo preocupada.Adrianna tomó sus manos y se sentaron
Claudio miró a su padre. Se abrazó tan fuerte a él. Paolo se debatía entre Adrianna y su hijo. Deseaba poder estar con uno sin lastimar al otro. Deseaba proteger a ambos. Su corazón se rompió en mil pedazos, al escuchar la historia de su hijo. —Hijo. Me duele está situación. —Padre, perdóname. Adrianna perdón. Fallé... Fallé. No pude cumplir con lo prometido pero fue más fuerte que yo. —¿Que hiciste hijo? —Fui. Los ví. Padre. Son hermosos mis hijos. Pero no. No me acerqué. Simplemente los miré a distancia. No los quiero lastimar padre. —Paolo pasó las manos por su rostro. Su frustración era tanto al ver a su hijo en esa situación.—Hijo mío. Cuánto daría por que las circunstancias fueran otras. —Tranquilo padre. Es mi destino y lo acepto. Paolo sentía la impotencia de no poder ayudar a su hijo. Verlo demacrado y con ojeras marcadasEra la certeza de que Claudio tenía noches sin dormir. Sus pensamientos eran un vaivén entre el alivio de haber tomado una decisión.el temor de lo qu
El sacerdote lo miró, sin entender del todo.—¿Qué quieres decir, hijo?Claudio levantó la mirada. Sus ojos, enrojecidos por el llanto, brillaban con una intensidad nueva, como la de un hombre que acababa de ver una salida donde antes había solo abismo.—Quiero entregarme. Quiero… ser sacerdote.El padre Ricardo entrecerró los ojos, sorprendido por la fuerza de aquella declaración.—¿Estás consciente de lo que dices? No es un camino ligero, ni fácil. No es un escape.Claudio asintió con firmeza.—Lo sé. Y no lo busco como huida… lo busco como condena y como redención. Quiero que mi vida sea servicio. Quiero cargar con el peso de los pecados del mundo, como yo cargué con el mío. No puedo ser padre para mis hijos, pero quizás… solo quizás puedo ser padre para los que no tienen uno.Hubo un silencio reverente. El sacerdote, conmovido, se acercó más y lo miró con profunda seriedad.—Si decides esto, Claudio, deberás morir al hombre que fuiste. Significa que renunciarás a tu nombre, a tus







