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Capítulo 2

Author: Stars
No me aferré a él ni le hice un berrinche como de costumbre, sino que me limité a pasar de largo.

Sin embargo, antes de que pudiera alejarme, Nathan me sujetó de la muñeca.

—¿Qué te pasa? —inquirió—. ¿Por qué estás siendo tan fría con tu novio?

Levanté la vista y, al encontrarme con su mirada sincera, sentí un dolor agudo, como si algo me atravesara el corazón.

En la escuela, había estado enamorada de Nathan durante tres años, por lo que, el día que comenzamos a salir, el foro escolar prácticamente explotó. Nadie creía que nuestra relación fuese a durar demasiado.

Después de todo, él y yo pertenecíamos a mundos completamente distintos. Mientras él era el único hijo del Alfa, el legítimo heredero al puesto y el chico de oros que todos admiraban, yo lucía normal, tenía calificaciones promedio, y mis padres eran gente común. En definitiva, era de esas personas que no destacan y desaparecen entre la multitud.

Sabía que alguien como yo no era digna de alguien como él.

Pero cuando se acercó a mí, simplemente no fui capaz de rechazarlo.

Aquella noche, me llevó a casa en su auto. Cuando se detuvo frente a mi casa, habló de repente.

—Kira, eres mi novia. Algún día podrías convertirte en mi Luna. ¿Cuándo vas a aprender a controlar tu carácter?

Me quedé inmóvil, con la mano sobre la manilla de la puerta, y tardé un buen rato en girarme para mirarlo, completamente atónita.

—¿Qué acabas de decir? —pregunté, alzando una ceja.

—Te fuiste del banquete sin dejarme ni un mensaje. ¿Sabes cuánto tiempo estuvimos buscándote Serena y yo? —Suspiró—. Soy tu novio, pero, lo que es más importante, soy el Alfa y tengo una manada que dirigir. Serena es mi Beta, por lo que los dos ya tenemos suficientes asuntos de los que ocuparnos todos los días. ¿Podrías dejar de complicarnos más las cosas?

Decía que habían pasado mucho tiempo buscándome, pero yo no había recibido ni una sola llamada ni un solo mensaje por el enlace mental. Pero, aun así, yo era la inmadura y la caprichosa.

Bajé la cabeza y respondí con indiferencia:

—Está bien. Entiendo.

—Bien. Vete a casa. Serena y yo todavía tenemos que revisar unos planes de gestión.

Al llegar a casa, saqué del cajón de la cómoda la carta de renuncia y la solicitud para abandonar la manada que había escrito tiempo atrás.

La primera vez que pensé en romper con él fue el día en que empezó a dejarme de lado por Serena. Pero no fui capaz de renunciar a una relación por la que había luchado tanto.

Después de dudar durante un buen tiempo, volví a guardar ambos documentos en el cajón, pero las decepciones siguieron acumulándose, una tras otra, hasta que mi amor terminó reducido a cenizas.

—Kira, cuando me convierta en Alfa, vendrás a trabajar conmigo en la Administración de la Manada —me había dicho tiempo atrás.

Por esa promesa renuncié a mi sueño de convertirme en doctora y lo seguí hasta aquella manada lejana.

Pero, una vez que empecé a trabajar allí, descubrí que las cosas eran mucho más complicadas de lo que había imaginado: revisiones interminables de proyectos, cenas de negocios a las que no podía faltar, una reunión tras otra… Por lo que, para mantener el ritmo de Nathan, me obligaba a trabajar todas las noches hasta tarde.

Como no sabía nada sobre la administración de una manada, tenía que esforzarme diez, incluso cien veces más que los demás.

Sin embargo, Nathan jamás valoró mi esfuerzo, y, sin miramientos, lanzó sobre el escritorio, con un suspiro, el proyecto en el que había pasado una semana entera trabajando hasta el cansancio.

—¿Por qué no puedes ser más como Serena? Mira este proyecto. ¿De verdad le pusiste algo de cabeza? —Frunció el ceño y se llevó una mano a la frente—. Olvídalo. Que Serena se encargue. Ella me causa muchos menos problemas que tú.

Con una sola frase, despreció mi trabajo como si no valiera nada una semana entera de mi esfuerzo.

Después de aquello, nunca volvió a asignarme ningún proyecto, por lo que, año tras año, seguí siendo una empleada de nivel básico.

Cuando fui a la oficina de Nathan para entregar mi carta de renuncia y la solicitud para abandonar la manada, él no estaba.

En su lugar, Serena estaba recostada en el sofá como si fuera la dueña del lugar. Al ver la carta de renuncia en mi mano, me lanzó una mirada de desprecio.

—Si Nathan no hubiera movido influencias para contratarte, ni siquiera habrías calificado para trabajar aquí. Renunciar es, probablemente, la decisión más inteligente que has tomado —dijo, mientras tomaba mis documentos y estampaba su firma en ellos—. Nathan hoy está de viaje de trabajo, así que yo estoy a cargo de todos los asuntos administrativos. Lo más rápido que podemos tramitar una renuncia es en un mes. Tienes tiempo de sobra para recoger todas tus cosas inútiles.

Recuperé los documentos sin cambiar de expresión.

—Gracias —dije en voz baja, antes de darme la vuelta y salir.

Cuando ya estaba en la puerta, escuché el sonido de un vaso haciéndose añicos, mientras Serena apretaba los dientes con rabia.

—¿Por qué tú? Soy más inteligente, más bonita y mejor que tú en todos los aspectos. Entonces, ¿por qué Nathan te eligió a ti y no a mí?

Mi mano se detuvo sobre la manilla de la puerta. Me di la vuelta y, al ver su rostro distorsionado, no pude evitar responder:

—Si lo quieres, quédatelo. Terminaré con Nathan y me iré de la manada. Tenías razón: este lugar nunca me perteneció.
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