LOGINEn la celebración de la manada, mi novio, el Alfa, pasó de largo frente a mí y sacó a bailar a mi mejor amiga, Serena. —No sabes bailar. No quería que hicieras el ridículo delante de todos. Si estás cansada, ve a sentarte por allá y descansa. Sus palabras sonaban llenas de preocupación, pero me hirieron profundamente. Él no tenía idea de que llevaba un mes entero preparándome para el baile de esa noche, de que ya había perdido la cuenta de cuántas veces me había caído ni de que tenía las piernas cubiertas de moretones a causa de ello. Antes de que pudiera decir una sola palabra, los dos ya se deslizaban por la pista de baile. Bailaban como si hubieran olvidado por completo mi existencia. No era la primera vez que Nathan me dejaba de lado por culpa de Serena. Sin embargo, no hice ninguna escena, sino que me limité a darme la vuelta y salí del salón en silencio. Esa misma noche, reservé mi boleto de avión y envié mi solicitud para abandonar la manada. En otro tiempo, había seguido a Nathan hasta esta lejana manada porque lo amaba. Ahora que ese amor se había acabado, también podía marcharme sin mirar atrás.
View MoreEl día de mi ceremonia de apareamiento, llegué al lugar vestida con mi vestido de novia.Antes de que comenzara la ceremonia, estaba retocándome el labial frente al tocador cuando una voz familiar hizo que mi mano se detuviera en el aire:—Una vez prometimos que seríamos las damas de honor de la otra en nuestras ceremonias de apareamiento. ¿Esa promesa todavía cuenta?Sorprendida, me di la vuelta para ver a Serena de pie en el umbral, vestida de dama de honor. Mantenía la cabeza baja, incapaz de mirarme a los ojos. Jamás podría perdonarla por todo lo que me había hecho, pero tampoco podía negar que, durante el colegio, había sido mi mejor amiga.Si no me hubiera defendido cuando sufría acoso, quizá ni siquiera habría logrado graduarme.Respiró hondo y caminó lentamente hacia mí.A través del espejo la vi tomar con suavidad el labial de mi mano y aplicarlo cuidadosamente sobre mis labios.Por un instante, sentí que habíamos regresado a la época de la escuela, cuando me había maquillado
Trabajé en el hospital durante un año, donde conocí a Derek, mi novio actual.Derek era médico adjunto del hospital y el especialista que me había tomado bajo su tutela cuando recién comenzaba a trabajar.No tenía el poder ni la influencia de Nathan, pero era bueno conmigo y me daba la seguridad que tanto necesitaba.Poco después fijamos la fecha de nuestra ceremonia de apareamiento y yo no pude evitar pensar que mi vida sería tranquila a partir de ese momento.Sin embargo, una tarde cualquiera me encontré con la última persona que quería volver a ver…Ese día estaba atendiendo pacientes como de costumbre, pero, cuando llamé al siguiente, nadie entró al consultorio.Levanté la vista hacia la puerta y vi a Nathan de pie, inmóvil, mirándome con incredulidad.—¿Kira?Yo tampoco esperaba verlo allí.No obstante, tras un breve instante de sorpresa, recuperé la compostura.—Señor, ¿qué síntomas presenta?Él corrió hacia mí y me sujetó del brazo, mirándome con los ojos inyectados en sangre.—
—Ella no va a volver.La sonrisa en el rostro de Nathan se congeló.—¿Qué dijiste?Serena le lanzó una mirada de reojo y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.—¿No te has dado cuenta? Ya renunció y abandonó la manada. No va a volver —respondió, poniendo énfasis en las últimas cuatro palabras.Nathan se quedó paralizado, pero, antes de que pudiera asimilarlo, su asistente lo llamó:—Alfa, la renuncia de Kira y su solicitud para abandonar la manada ya fueron procesadas. ¿Conservamos su escritorio?—¿Cuándo autoricé que abandonara la manada? —estalló Nathan de inmediato—. Yo solo la suspendí. ¿Cuándo demonios aprobé...?Se interrumpió a mitad de la frase, como si de pronto hubiera comprendido algo, y miró a Serena, incrédulo.—¿Fuiste tú?Serena no respondió, pero la expresión de su rostro lo decía todo.Nathan se puso de pie y avanzó hacia ella con grandes zancadas.—Tú firmaste la renuncia de Kira. Y esa denuncia anónima... También la escribiste tú, ¿verdad? ¿Por qué hiciste algo as
Regresé a la manada donde había crecido y, en cuanto bajé del avión, vi a mis padres esperándome.Antes de que mi madre pudiera decir una palabra, las lágrimas ya corrían por su rostro, mientras me abrazaba con fuerza.—Mi niña... Has sufrido demasiado —sollozó.La fachada de fortaleza que había mantenido durante todo ese tiempo se vino abajo en cuanto vi sus lágrimas.Escondí el rostro en su pecho y lloré, dejando salir todo el dolor que había acumulado durante tantos años.—Ya estás en casa —dijo mi padre, revolviéndome el cabello con ternura—. Eso es lo único que importa.Como sabían que iba a volver, habían preparado un gran banquete para recibirme.Al ver a toda mi familia reunida, feliz y tranquila, comprendí de pronto que la felicidad que había buscado durante toda mi vida siempre había estado allí.Durante la cena, mi madre me preguntó cuáles eran mis planes para el futuro, y, tras meditarlo por un momento, respondí:—Quiero estudiar medicina por mi cuenta y convertirme en una












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