INICIAR SESIÓNTres días antes de la Ceremonia de Apareamiento, el Alfa me confesó su infidelidad. —Mientras estabas fuera por negocios, me acosté con Sophie. Pero no te preocupes. Aun así seguiremos adelante con la ceremonia. Tú seguirás siendo la Luna de la manada. El corazón se me heló. Lo dejé sin pensarlo dos veces. Al día siguiente, la chica a la que había patrocinado durante diez años apareció en la puerta de mi casa. —Vivian, estoy esperando un hijo de Ethan —dijo, acariciándose el vientre apenas abultado, con una mirada llena de arrogancia—. Este bebé será el heredero del Alfa, así que ya puedes rendirte. Pero lo que Ethan no sabía era que yo también estaba embarazada. No se lo dije. Simplemente reservé un boleto para irme de la manada. Lo que jamás imaginé fue que, después de mi partida, Ethan perdería la cabeza intentando encontrarme.
Ver másDespués de dejar la manada, encontré trabajo como sanadora en una pequeña clínica. Los días eran largos, pero estaban llenos… y eran míos.Pensé que nunca volvería a ver a Ethan Blackwell. Entonces, una tarde, después de mi turno, ahí estaba él.Unos meses lo habían cambiado. Había perdido tanto peso que los pómulos se le marcaban de forma pronunciada. No se parecía en nada al lobo seguro y poderoso que solía ser.Me quedé paralizada apenas un segundo.En cuanto me vio, las lágrimas le corrieron por el rostro y la voz se le quebró.—Vivian, te he estado buscando por todas partes…Lo miré como se mira a un desconocido, y lo ignoré, intentando pasar de largo. Sin embargo, me bloqueó el camino.—Muévete —dije con voz de hielo.—Vivian, sé que me equivoqué. Solo dame una última oportunidad.Me tomó la mano. Sus lágrimas cayeron sobre el dorso, una tras otra.—Sophie me cegó. Después de que te fuiste, me di cuenta de que no puedo vivir sin ti. Vuelve a casa conmigo. Pasaré el resto de mi vi
La puerta se abrió de golpe y Sophie entró.Había oído que yo me había ido de la manada. Prácticamente resplandecía de triunfo.Creía que, con mi ausencia, Ethan no tendría más opción que seguir adelante con la ceremonia. Por fin se convertiría en Luna.—Ethan, ¿qué pasa? —preguntó Sophie, ocultando sus emociones y fingiendo preocupación—. Que esa perra se haya ido es su propia pérdida. No dejes que esto arruine tu salud. Puede que ella se haya ido, pero todavía me tienes a mí. Siempre estaré a tu lado. Y nuestro bebé… seremos una verdadera familia.Seguía soñando con convertirse en Luna.Ethan levantó la cabeza. Tenía los ojos inyectados en sangre. Ahora que sabía lo que ella había hecho, la mujer frente a él le provocaba repulsión.—Lárgate —ordenó con voz ronca.Él nunca le había hablado así. Sophie se estremeció, pero enseguida se puso una sonrisa dulce.—Ethan, puedes golpearme, gritarme, no me importa. Solo no te hagas esto a ti mismo. Me duele verte así.Ethan se puso de pie c
Ethan salió del hospital y condujo como un loco, pasándose un semáforo en rojo tras otro y, al llegar a casa, irrumpió, gritando mi nombre.—¡Vivian! ¡Vivian, ¿dónde estás?!Silencio.Todas las habitaciones estaban igual. El clóset vacío. Los cajones vacíos. Mi lado del baño, completamente despejado.—Vivian, sé que me equivoqué. Por favor, sal. Deja de esconderte de mí. —Tragó saliva—. Esto ya no es gracioso.Por más fuerte que gritara, la única respuesta fue el silencio.Se desplomó en el sofá, sujetándose la cabeza entre las manos.Fue entonces cuando lo notó: una pequeña caja sobre la mesa de centro. La abrió. Dentro estaban el anillo de compromiso que me había dado y un amuleto colgado de un cordón sencillo.El amuleto.Cuando habían empezado juntos, él no era nadie: un hijo bastardo no deseado que ni siquiera podía permitirse comer. Habían compartido un estudio estrecho. Cada noche, ella lo abrazaba y le decía que todo mejoraría.Y cuando por fin logró abrirse camino hasta conver
Faltaban solo unos días para la Ceremonia de Apareamiento, y Ethan no podía comunicarse conmigo. Ni siquiera a través del enlace mental había nada. Solo silencio.Caminaba de un lado a otro por la sala, cada minuto más inquieto.Había asumido que yo solo estaba siendo terca. Que me calmaría en uno o dos días y volvería arrastrándome para disculparme, como siempre hacía.Pero tres días de silencio absoluto… eso no era propio de mí. Era como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra.La inquietud lo carcomía.Fue entonces cuando Sophie apareció detrás de él y le rodeó la cintura con los brazos. Su voz era empalagosa.—Deja de fruncir el ceño. ¿Te gusta mi nuevo camisón?Llevaba un negligé morado de encaje, y sus manos recorrían el pecho de Ethan.Pero Ethan no estaba de humor, por lo que se la quitó de encima y apartó sus manos.—Pareces estar bastante bien. Tengo que irme.Los ojos de Sophie se llenaron de lágrimas al instante.—Solo quería que te quedaras conmigo un rato. Vivian i












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