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Capítulo 3

ผู้เขียน: Stars
Dos días después, Ethan irrumpió en el hospital con Sophie siguiéndole los pasos.

En cuanto me vio, se apresuró a acercarse para revisarme. Al comprobar que estaba bien, soltó un suspiro de alivio.

—Lo siento tanto. Estos últimos días he estado ocupado —dijo, sujetándome la mano—. ¿Qué pasó? ¿Cómo terminaste en el hospital?

Retiré mi mano. En mi cabeza, quise preguntarle: ¿ocupado en la cama, acaso? Pero me contuve y solo dije:

—No es nada.

Levanté la mirada hacia Sophie. El resentimiento en su rostro duró apenas un segundo antes de que lo disimulara. Y lo único en lo que pude pensar fue en la cara que había visto justo antes de perder el conocimiento.

Ella me quería muerta. Quería muerto a mi bebé.

Estaba a punto de contárselo todo a Ethan cuando sonó su teléfono. Me lanzó una mirada de disculpa.

—Perdón, tengo que contestar. Un segundo.

En cuanto Ethan salió de la habitación, la máscara de Sophie se cayó.

Se acercó a mi cama y soltó una risa fría.

—Ese pequeño bastardo en tu vientre sí que tiene ganas de vivir. Ni el acónito pudo matarlo.

La sangre se me heló, y luego me ardió como fuego. Apreté los puños y la miré fijamente.

—Así que fuiste tú. Intentaste matar a mi bebé. Vas a pagar por esto.

Los labios de Sophie se curvaron.

—¿Y qué si fui yo? ¿Qué vas a hacer? ¿Ir corriendo con Ethan? ¿A quién crees que le va a creer, a ti o a mí?

Sacó un informe médico de su bolso y lo agitó frente a mi cara.

—Sorpresa. Yo también estoy embarazada. Mi bebé es el futuro heredero del Alfa. El tuyo solo estorba. Así que tenía que deshacerme de él.

Tomó el vaso de agua de la mesita junto a mi cama.

—Lo siento, Vivian. No lo tomes personal. Solo estoy haciendo lo mejor para mi hijo.

Antes de que pudiera reaccionar, arrojó el vaso al suelo. Se hizo añicos sobre el azulejo. Luego, ella misma se tiró al piso.

No tenía idea de qué estaba haciendo… hasta que Ethan regresó corriendo.

Bastó con que viera la escena: Sophie en el suelo, vidrios rotos por todas partes, para que su rostro se ensombreciera.

Sophie alzó la mirada hacia él entre lágrimas.

—Sé que mi bebé no fue concebido de la manera correcta. Pero si quieres golpear a alguien, golpéame a mí. Por favor… solo no lastimes a mi bebé.

Me quedé paralizada. La sangre en mis venas se convirtió en hielo.

—¿Qué estás…?

Antes de que pudiera terminar, Ethan se abalanzó hacia mí y me apartó de Sophie de un empujón. Con fuerza.

Mi vientre se estrelló contra la esquina de la mesita de noche.

Un sonido ahogado escapó de mi garganta. Pero Ethan no me estaba mirando. Sus ojos estaban fijos en Sophie.

Sophie se sostuvo el vientre, gimiendo de dolor.

—Ethan, mi estómago… me duele muchísimo.

—Mi bebé… ¡salva a mi bebé!

El rostro de Ethan se puso blanco. Tomó a Sophie en brazos y salió corriendo de la habitación.

No miró atrás. Ni una sola vez.

El impacto había enviado una sacudida brutal a través de mi abdomen. Me mordí el labio y me obligué a ponerme de pie. El dolor era cegador.

Entonces bajé la mirada y vi… sangre. La cual empapaba mi bata, corriendo por mis muslos y dejando un rastro en el suelo detrás de mí.

Tambaleándome salí de la habitación, gritando por el pasillo del hospital.

—¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude! ¡Salven a mi bebé! ¡Por favor, salven a mi bebé!

Me llevaron de urgencia a cirugía. Les supliqué a los sanadores una y otra vez: por favor, salven a mi hijo.

Recé en silencio. Renunciaría a cualquier cosa. A Ethan, a los años que había desperdiciado con él, a todo. Ya no me importaba.

Solo quería que mi bebé viviera.

Pero los ojos del sanador me lo dijeron todo. Soltó un largo suspiro y negó con la cabeza.

—Lo siento. Si solo hubiera sido el impacto, quizá habríamos podido salvar al bebé. Pero el acónito ya lo había debilitado todo.

—Estás sufriendo una hemorragia. La única forma de salvar tu vida es interrumpir el embarazo. De lo contrario, las perderemos a ambos.

Cerré los ojos con fuerza. Durante un largo y agonizante momento, no pude hablar.

Entonces di mi consentimiento.

Mi bebé se había ido.

Cuando todo terminó, cuando sentí que el último pedazo de mi hijo abandonaba mi cuerpo, mi corazón murió con él, mientras una única lágrima caía sobre el frío acero del a mesa de operaciones.
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