LOGINEstaba muerta de miedo.La habían atado y se habían hecho pasar por ella para enviarle mensajes a Vanessa y engañarla para que fuera.Temía que por eso le pasara algo a Vanessa.—Casi me matas del susto, ¿qué te pasa?A Bianca todavía le latía muy rápido el corazón de la angustia. Le aterraba que a Vanessa le pasara algo.Esos tipos actuaban por órdenes de alguien. No solo iban tras ella, sino también tras Vanessa. Vanessa sonrió y le dio unas suaves palmadas en la espalda.—¿Desde cuándo eres tan miedosa? No es propio de ti.Bianca dejó de abrazarla y la miró con enojo fingido.—¡Y todavía te burlas! Estás embarazada. Si te pasara algo, ¿qué les diría al abuelo Roberto y a Rafael?—Además, viniste por unos cuantos mensajes. ¿No se te ocurrió llamar para confirmar?Aunque seguía reprochándoselo, Bianca por fin sintió alivio.—Si hubiera llamado para confirmar, ¿cómo habría logrado que bajaran la guardia?Vanessa la ayudó a levantarse y la llevó a sentarse en el sofá. Un guardaespaldas
Durante el trayecto Vanessa pensó en algo y se fue tranquilizando.Hizo una llamada.Después de dar unas instrucciones, recobró la calma. Poco antes, Bianca le había escrito para decirle que se cortó la mano y no podía detener el sangrado. Temía contagiarse y le preguntó qué debía hacer.También le dijo que, si se contagiaba, no quería seguir viviendo. Vanessa estaba tan preocupada que ni siquiera llevó guardaespaldas. En apenas media hora, llegó al edificio de Bianca.Recibió una llamada.La atendió frente al edificio y, después de escuchar lo que le dijeron, respondió:—Bien, entendido.Después de colgar, Vanessa subió. Llegó al departamento de Bianca.Tocó el timbre.Apenas sonó unas cuantas veces, abrieron la puerta desde adentro. No alcanzó a ver bien lo que sucedía. Alguien la agarró y la metió de un tirón.Era un tipo de una fuerza enorme.Vanessa no se alteró.Alzó la mirada y vio a Bianca atada y tirada en el suelo. Tenía cinta adhesiva en la boca y no podía hablar. Al verla,
—Que todos podamos vivir como queramos y sin preocupaciones.—Salud.—Salud...La luz tenue los iluminaba y creaba una escena cálida y hermosa. A la mañana siguiente, apenas amanecía. Cuando Bianca despertó, Sergio ya se preparaba para salir.Pero, como en las dos mañanas anteriores, el desayuno estaba en la mesa. Lo había preparado temprano.—¿Otra vez te vas a trabajar? —preguntó Bianca al salir en pijama blanca y verlo de traje formal y zapatos de vestir.—Sí —respondió Sergio—. Tengo una cirugía esta mañana y necesito llegar temprano para prepararme.—Recuerda desayunar para que estés bien alimentada.Sergio se veía elegante y distinguido con aquel traje blanco. Siempre hablaba con una dulzura que podía prestarse a malentendidos. Bianca se sintió conmovida y asintió de prisa, nerviosa, sin sostenerle la mirada.—Ten cuidado al manejar.—Espérame.—Está bien. —Bianca asintió sin pensarlo.En cuanto lo dijo, se quedó inmóvil. Sergio ya se había ido. Pero ella seguía sintiendo aquella
—Yo puedo sola.Bianca intentó retirar la mano, pero él se la sujetó con más firmeza. Sergio acercó la cara hasta casi rozarle los labios. Bianca sentía su aliento en la piel.—Antes eras puro fuego conmigo y ahora te muestras tan distante. Sí que sabes hacerte la difícil.Bianca levantó la cara de golpe, indignada por la acusación. Por poco se besaron en los labios. Se quedó inmóvil y replicó:—Antes estabas soltero. Ahora ya no.Sergio bajó su voz suave y clara.—¿Quién te enseñó a echarme la culpa a mí?Bajó la mirada.Los labios rosados de Bianca brillaban y daban ganas de probarlos. Sin que supieran cómo, el ambiente se volvió más íntimo.La temperatura subía.Entonces, de la tablet salieron unos gemidos de placer tan obscenos que hacían sonrojar a cualquiera. Sergio la miró con deseo y se inclinó despacio para besarla.—¡¿Qué haces?!Al ver que estaba a punto de besarla, Bianca levantó la mano y le giró la cara.—¡Sergio, estás tan desesperado que te da igual con quién! —lo repre
—¿Tan mala memoria tienes? ¿Ya olvidaste lo que hiciste?Sergio la miró con una actitud severa y distante que no invitaba a acercarse. Andrea se estremeció.—Sergio, perdóname. De verdad borré los mensajes porque me dejé llevar por los celos. Yo...Andrea bajó la cabeza, arrepentida.—Perdón. Fue culpa mía, lo reconozco. Te pido disculpas.Sergio abrió la puerta del auto.—Ya te escuché. Pero perdonarte o no es decisión mía.Subió al auto.—Y no te perdono.Dicho eso, cerró la puerta, arrancó y se alejó a toda velocidad. Andrea sintió un dolor punzante, como si le clavaran un cuchillo sin piedad. Era la primera vez en su vida que le pasaba algo así.Siempre tuvo pretendientes de sobra y todos la colmaban de atenciones, pero Sergio solo la trataba con desprecio. Apretó los puños y lo miró con malicia. En cuanto Camila se pusiera en acción, haría que Bianca lo pagara muy caro.Bianca estaba viendo una miniserie cuando estornudó de pronto.Sentada en la alfombra con las piernas cruzadas,
—¡Eres tú!Camila dejó de llorar, alzó los ojos enrojecidos y los clavó en Andrea. La bata blanca de Andrea acentuaba su elegancia y su aspecto de mujer culta.—Señorita Zárate, no se altere tanto. No le hace bien a su salud.Camila rio con amargura:—¿Que no me altere? No viniste a consolarme, ¿verdad?Andrea sonrió.No lo admitió ni lo negó. Camila apartó las cobijas, se levantó de la cama y se plantó frente a Andrea para examinar su expresión.—Seguro te estás burlando de mí por haber acabado así.Andrea mantuvo la calma y siguió mirándola con dulzura.—No se imagine cosas. Vine a verla porque me preocupa. Si le molesta, puedo irme.Camila la miró fijamente. Andrea esperó unos segundos y se dio la vuelta para irse. Entonces, Camila la agarró de la muñeca.Andrea se sobresaltó.No pudo disimular un gesto fugaz de asco, pero cuando volvió la cabeza hacia Camila, ya había recuperado la dulzura de antes.—¿Ahora me cree?Camila quedó confundida.No había ni rastro de miedo en la expresi







