LOGINVanessa regresó al lado de la cama, tomó de nuevo la mano de Roberto y la acarició contra su mejilla, con los ojos enrojecidos.—Abuelo, despierta, por favor... Tengo mucho miedo. Te lo suplico, despierta. Lo que quieras que estudie, lo estudio. Con tal de que abras los ojos, voy a hacerte caso en todo, ¿sí? Abuelo, en serio me equivoqué. No debí dejarme llevar por mi terquedad, no debí tener ojos solo para el amor, y mucho menos vivir tan degradada por ese supuesto amor.Las lágrimas surcaban su cara mientras un arrepentimiento voraz comenzaba a consumirla por dentro.—Abuelo, perdóname, te hice daño, todo es mi culpa.Vanessa apretó la mano de Roberto contra su frente, sollozando sin poder contenerse. El corazón se le retorcía y no lograba dejar de llorar. La luz caía sobre ella y la envolvía en una tristeza densa.Cuando terminó de desahogarse, ya era muy tarde. Solo entonces Vanessa bajó las escaleras para irse.Al salir del edificio del hospital, vio a un hombre alto y corpulento
Vanessa se sobresaltó y giró la cabeza.Rafael estaba parado detrás de ella, vestido, como siempre, con un traje italiano hecho a medida. De figura alta y esbelta, porte impecable, irradiaba una elegancia casi divina.Vanessa reprimió sus emociones y sus facciones se endurecieron al instante, convirtiendo su cara en una máscara de piedra.—¿Qué vienes a hacer?A Rafael se le detuvo el corazón. Apretó el puño y contestó:—Vine a ver al abuelo.—No hace falta. Vete.El tono de Vanessa fue glacial, y su mirada ajena lo observó como si fuera un desconocido.Rafael no quiso irse. La miró con ojos apagados.—Vanessa, ¿tanto me detestas?Ella se puso de pie para encararlo, como si acabara de escuchar la broma más absurda del mundo. Apretó la mandíbula y respondió:—Si no fuera por ti, el abuelo no estaría internado en este hospital. Ese día que lo negaste todo, ¿pensaste en mí, aunque fuera un instante? ¿Pensaste en el abuelo? A ver, dime, ¿qué razón tan terrible tuviste esa noche para retrac
Lo miraba en silencio, sin decir una palabra, pero con una actitud que lo traspasaba.Leonardo sintió un vago remordimiento.—Está bien, fue cierta persona la que me pidió expresamente que te los entregara.Vanessa sonrió con complicidad; sabía a la perfección a quién se refería esa “cierta persona”.Empujó la carpeta de vuelta hacia él.—Devuélveselos, por favor. Puedo resolver estos asuntos sola, no hace falta que él se ocupe.Mantuvo un semblante imperturbable mientras hablaba con total firmeza.Leonardo se sorprendió.—Estos documentos involucran el futuro de tu empresa. Quédatelos, te los debe.Entre ellos no existía ninguna deuda. Cuando se casaron, ella lo hizo por despecho, y él, por el simple hecho de casarse. Que hubieran llegado hasta este punto no era culpa de nadie.Vanessa sonrió tranquila.—Dejémoslo así.Ante esa actitud, Leonardo supo que, dijera lo que dijera, ella no aceptaría esa carpeta.—Bueno, me los llevo, de todos modos, ese tipo se lo merece.Enseguida sus ojo
Además, los materiales y el equipo necesario tampoco habían logrado ingresar a la obra. Esos dos asuntos estaban provocando retrasos en los plazos de construcción. Si no resolvía esos problemas, no podría asegurar su puesto como directora ejecutiva. En una semana, tendría que ver, impotente, cómo Bernardo se coludía con los miembros del consejo para expulsarla de la junta directiva. Tenía solo ese tiempo para encargarse de todo.—Con el proveedor de partes ya mandé a alguien para establecer contacto; en estos dos días deberíamos tener resultados. En cuanto a la obra, la escasez de fondos se debe a que alguien malversó el dinero. Resolverlo no será difícil.Federico le echó una mirada.—Lo que no sé es si tendrás el valor de tomar medidas contra esos parientes consentidos.Vanessa lo entendió.—¿Quién está a cargo del proyecto de la obra?—Sebastián León, tu primo segundo.En aquellos años, cuando los León se dividieron, rompieron con la segunda rama. Pero el abuelo, por sentimentalismo
Cuando Vanessa salió, Federico apartó la mirada.—Si no hay problema, entonces firmen este acuerdo complementario.Golpeó la mesa dos veces con los nudillos. Daniel repartió los acuerdos que tenía preparados, uno para cada quien.Vanessa dijo lo que quería decir y no tenía intención de entrar en juegos con esa gente. Sentía repulsión. En el mundo de los negocios, las maquinaciones y traiciones no las había vivido en carne propia, pero sí vistas hasta el cansancio en las series de televisión. Incluso ella, que de medio tiempo escribía guiones, las había redactado más de una vez.Vanessa recorrió el pasillo hasta el baño del fondo. Esos últimos dos días había tenido los nervios de punta y fue a lavarse las manos y tomar aire.Al regresar por el pasillo, una silueta corpulenta y ancha salió de otro privado. Alzó la cabeza, la vio, levantó una ceja con actitud altiva y avanzó hacia ella.Otra vez él.Vanessa quiso fingir que no lo había visto, mantuvo la vista al frente y, justo cuando iba
Rafael emitió un sonido de asentimiento, sin mostrar el más mínimo interés.—Lo sé.Ricardo no esperaba que estuviera tan tranquilo. Aunque el derecho de uso del sistema de conducción autónoma era vitalicio y la producción de vehículos marchaba sin contratiempos, por lo visto en realidad no representaba ninguna amenaza. Eso sí, un ingeniero como Leandro era, sin duda, difícil de encontrar.Ricardo no preguntó demasiado y pasó al informe:—Señor, su abuelo y el director del consejo lo han buscado varias veces. ¿En serio no piensa responderles?Rafael bajó la cabeza y se presionó el puente de la nariz.—Estoy ocupado. No voy a responder.Si lo buscaban, era por el asunto de Alexis. Apenas habían pasado unos días y ya no lo soportaban. ¿Y Vanessa, entonces? ¿Qué había del daño que ella sufrió antes de todo esto? Y la noche de la fiesta de cumpleaños, ellos mismos habían difundido a propósito un video editado y montado para difamarla, dejándola sola frente a la mirada cuestionadora de tant







