LOGINVanessa siguió de inmediato la línea de pensamiento que había tenido y comenzó con las pruebas preliminares.Cuarenta minutos después…Para su grata sorpresa, descubrió que su razonamiento había sido correcto.Si este programa funcionaba, significaba que podría optimizar aún más el sistema anterior.El hallazgo la entusiasmó, pero al mismo tiempo sintió dolor.Tomó la fotografía de su padre que tenía sobre el escritorio y la acarició con suavidad; su expresión se tornó grave y triste.Por fortuna, una notificación sonó e interrumpió sus pensamientos.Tomó el celular y abrió la conversación con Rafael.RV: “Señora Cisneros, ¿quieres jugar un juego?”El ánimo de Vanessa regresó; la pesadez de hacía un momento se esfumó y la comisura de sus labios se curvó sin que se diera cuenta.Respondió: “¿Cómo se juega?”RV: “Cada caja tiene un número y una pregunta correspondiente. Si la contestas bien, puedes abrirla”.Un destello de asombro cruzó por la mente de Vanessa.“Está bien”.Tras responde
Roja como un tomate, jaló las sábanas y se tapó la cabeza, dejando escapar un quejido de pura vergüenza.¡Ah!Se moría de la pena, encogiendo los dedos de los pies bajo las sábanas.“¡¿Rafael no irá a pensar que soy una especie de fiera insaciable?!”Al verla así, la mirada de Rafael se llenó aún más de ternura.Era bastante adorable.Para cuando Vanessa terminó de arreglarse y bajó a comer, ya era casi la una de la tarde.Llevaba puesto un conjunto blanco de ropa cómoda. Se sentó frente a él y levantó la mirada con sorpresa.—¿Hoy no vas a la oficina?Rafael le sirvió personalmente un plato de caldo reconfortante y lo puso frente a ella, con una sonrisa juguetona en los labios.—Anoche mi señora se esforzó mucho, ¿cómo me voy a ir a trabajar? Tengo que quedarme en casa a cuidarte bien.La cara de Vanessa volvió a encenderse. Agachó la cabeza y se cubrió con ambas manos.No debió haber preguntado.—Eso demuestra que te falta autocontrol. Deberías ser capaz de ganar dinero y atender la
Esa noche, Vanessa pasó de ser una chica a convertirse en toda una mujer.Rafael parecía un lobo hambriento que no lograba saciarse; la había tomado una y otra vez a lo largo de toda la noche.Aun conteniéndose al máximo, fueron al menos tres veces.Vanessa quedó agotada y no despertó sino hasta el mediodía del día siguiente.Al abrir los ojos, sintió la calidez en su espalda y, por instinto, se recargó hacia atrás hasta quedar pegada a su cuerpo.—Ya despertaste.Rafael, recostado de lado con una mano sosteniendo su cabeza, la abrazaba. Alzó la mano y le tocó la punta de la nariz.—¿Tienes hambre?Vanessa aún no terminaba de despertar. Con los ojos entrecerrados, soltó un murmullo perezoso, como un gatito adormilado. —No tengo hambre, todavía tengo sueño.—¿Quedaste agotada? Entonces duerme otro rato, tienes que descansar bien —dijo Rafael con voz amorosa y una sonrisa.Los recuerdos de la noche anterior volvieron de golpe a la mente de Vanessa y, en un instante, el sueño se le esfum
Se le escapó una risita.—¿Quién te dijo que ella es una persona especial para mí?Vanessa quedó helada.—¿No lo es?Rafael se puso serio.—No. Entre ella y yo no hay nada romántico. Si quieres saber los detalles, con el tiempo te los iré contando.Con la clase de persona que era, mentir le resultaba indigno.Vanessa sintió que se le quitaba un peso de encima.Pero no entendía.—En la tarde escuché cuando hablabas de ella con Leonardo, y esta noche en el salón de banquetes ella te besó.Mientras hablaba, Vanessa tenía la mirada fija en el perfil marcado de Rafael.Él tomó su mano suave y pequeña y la guio para que le acariciara la mejilla derecha.—Un hombre que se respete siempre va a saber cuidarse cuando está afuera. No va a dejar que otra mujer lo toque.—Tranquila, soy muy cuidadoso con esas cosas. No lo logró, la esquivé.Esa actitud suya hizo que el resentimiento de Vanessa se desvaneciera.Al parecer lo había malinterpretado. En ese momento, con la situación que se dio, lo únic
—Rafael, lo vi todo.Vanessa apretó el puño y lo soltó.—Esta noche una mujer llamada Camila fue a buscarte, ¿no?La expresión de Rafael se congeló un instante.Así que lo había visto. Con razón venía así de camino a casa.Entreabrió los labios, listo para explicarse.Pero Vanessa ya había apartado la mirada, con el semblante tranquilo.—Desde el principio solo nos casamos por despecho. Aprovechando que nuestro matrimonio todavía no es público, mejor divorciémonos.Al terminar de decirlo, Vanessa apretó las manos con fuerza.Creía estar preparada, pero sintió que le partían el corazón, lo que la hizo sentir fatal.Rafael la miró fijamente sin decir nada.Esos segundos de espera se sintieron como esperar una sentencia.Sin esperar su respuesta, Vanessa ya quería huir.Levantó el pie para irse, pero una mano le sujetó la muñeca. Junto con el calor que se transmitió, Rafael habló con voz ronca:—Puedo divorciarme, pero dame una razón.Vanessa alzó la cara para mirarlo y arrugó la frente.
—Viéndolo así, Natalia es una necia. ¿Cómo se le ocurrió pensar que Vanessa y Rafael eran pareja?—Yo digo que si una mujer que ni Alexis quiso, mucho menos la va a querer Rafael. Qué bueno que no me dejé engañar.—¿Vanessa? ¿Te refieres a la muchacha que estaba detrás de Alexis?Camila guardó la polvera y rio con desprecio.—Nada más es una mocosa. A Rafael no le gustan de ese tipo. Además, nadie me lo va a quitar.Anahí, al ver su aire arrogante y seguro, no dejó de darle la razón.—Con la señorita Zárate presente, Rafael ni voltea a ver a otras mujeres. ¿Que está con Vanessa? Eso es un chiste...Las dos se rieron con burla y salieron del baño taconeando.Vanessa, al escuchar todo, sintió que las piernas no la sostenían.Abrió la puerta del cubículo con la mirada perdida y caminó hasta el lavabo a lavarse las manos.La cabeza le daba vueltas. Terminó de lavarse y se miró al espejo; de pronto, esbozó una sonrisa amarga.Así que era verdad: ella no era más que la mujer que Rafael había
Vanessa decidió que, en cuanto Rafael regresara, tendría que preguntárselo bien.***Al tercer día, para la recaudación de fondos, Bianca pasó personalmente por Vanessa a la mansión de la Sierra. El evento se llevaría a cabo en el campus de la universidad. Habían montado un escenario enorme al aire
Vanessa sonrió para sus adentros. Si de poner a alguien en su lugar se trataba, nadie le ganaba a Bianca.—Bianca, deja de meter las manos por ella —dijo Natalia con la cara desencajada—. Esto no tiene nada que ver contigo.—¿Qué pasa? ¿Te da miedo admitirlo? Fuiste bastante descarada cuando hiciste
Vanessa debía estar volviéndose loca.Por un instante, se le cruzó la idea de que Rafael se refería a ella.Fue un arrebato de narcisismo que no duró más que un par de segundos. El corazón se le desplomó y prefirió no preguntar nada más.Sin embargo, en su interior no solo sentía sorpresa, sino tamb
—¿Bueno?Vanessa deslizó el dedo por la pantalla para contestar y fingió indiferencia. —Felicidades, Rafael. Dime, ¿cuándo piensas volver para que nos divorciemos?La respiración de él se volvió pesada.¿Le hablaba a mitad de la noche solo para mencionar el divorcio?—Dime la razón —exigió Rafael.







