LOGINYa entrada la noche.Rafael llegó a Puerto Técnico a toda velocidad y se presentó en un club privado de lujo.El establecimiento estaba en una ubicación discreta y contaba con seguridad extrema.Pero nada de eso bastó para detener a Rafael, cuya presencia era imponente y cuyas conexiones no tenían límite.La puerta se abrió y cortó las risas del interior.Rafael recorrió el salón con una mirada inquisitiva.—Esconderse aquí para firmar el contrato y creer que todo quedaría en paz, ¿eso creen? —dijo.Sonrió apenas, pero sus ojos no tenían nada de cálido; su presencia intimidaba a todos los que estaban en el lugar.—¿Cómo sabías que estábamos aquí?Yolanda, sentada en la cabecera, palideció y se puso de pie mirándolo con hostilidad.Al verlo entrar, los dos directivos intercambiaron miradas y sintieron un escalofrío recorrerles la piel.Rafael avanzó hacia el interior; a su paso se sentía una autoridad que no admitía respuesta.—Mamá, tanto movimiento a mis espaldas... ¿quieres destruir
Vanessa regresó al estudio y retomó la actualización del programa del sistema de conducción autónoma.Si lograba superar del todo las limitaciones de inteligencia del sistema, los errores de evasión de emergencia también quedarían resueltos.Con eso, los problemas de fallas de seguridad dejarían de ser una preocupación.Y la tecnología de energía limpia lograría un gran avance.Todo aquello había sido la visión que su padre tenía años atrás.Lástima que no pudo completarla; incluso pagó con su vida en ese intento.Pero si él había dedicado tantos años a esa investigación, ¿no era también por el peso que cargaba desde que su madre murió en aquel accidente?Si después del choque, la puerta del auto no se hubiera trabado por un fallo del sistema, ella no habría muerto.Su padre se odió por no haber podido sacarla del auto en que quedó atrapada, y odió, más que nada, la inmadurez de la tecnología de entonces.Pero él murió sin resolver ese problema.Al recordar todo aquello, Vanessa sintió
Vanessa estaba destrozada. Lo expresó todo de una vez y dio media vuelta para irse.Pero su muñeca fue atrapada.Su cuerpo giró y fue atraída hacia un pecho ancho y firme.Una mano le sostuvo la nuca; el aroma a cedro la envolvió.Él capturó sus labios y su aliento se fundió con el de ella en una acometida intensa y arrasadora.Vanessa no lo vio venir. Intentó resistirse y apartarlo, pero él le sujetó la muñeca con más fuerza y profundizó el beso.Era como si quisiera robarle el aliento, una conquista a modo de castigo.Casi se asfixió; su cuerpo perdió toda voluntad de lucha y se abandonó entre sus brazos.Un momento después, los labios dominantes de él la soltaron a regañadientes, y su respiración tibia le rozó la mejilla.—Amaste durante cinco años, y en eso no hubo error.Rafael tenía la voz un poco quebrada.—Pero no deberías seguir apartándome a cada momento.Vanessa parpadeó; la amargura acumulada se disipó bastante.—Pero tu persona especial ya volvió…Evidentemente, no lo cree
Vanessa guardó silencio.Si Camila no hubiera aparecido, habría respondido que sí sin dudarlo.—Somos un matrimonio, y no pienso quedarme de brazos cruzados mientras me engañas.Vanessa bajó la mirada. La mayor parte de su enojo se disipó y su tono se suavizó. —En fin, si tienes otros planes, dímelo y ya. Soy muy generosa.Un brillo sombrío cruzó los ojos profundos de Rafael. Curvó sus labios y dijo una frase con doble sentido:—Cariño, demasiada generosidad no es ninguna virtud.Giró la cabeza hacia él.Rafael bajó la mirada y siguió comiendo su postre.El perfil de su cara tenía líneas nítidas, de un encanto que dejaba sin aliento. Su porte era distinguido, igual que siempre, con esa elegancia natural que lo caracterizaba. Cuando volteó a verla, sus ojos parecían rebosantes de estrellas, capaces de arrastrar a cualquiera al abismo.Ella apartó la mirada.¿Qué pretendía decirle? ¿Que tenía que soportar que él le fuera infiel?—Mi pequeña Dinamita, cada vez te pareces más a cómo eras
Vanessa pensó que Juana había malentendido las cosas.Cinco años atrás, ¿cómo iba Rafael a haberle gustado?—En esa época yo era muy joven; ¿cómo le iba a gustar? Con no despreciarme por lo caprichosa que era y no chocar conmigo a cada rato, ya era bastante.Vanessa fue a apagar el fuego, sirvió dos platos y los llevó a la mesa del comedor.El ama de llaves puso cara de duda.¿Despreciarla?Eso no tenía ningún sentido.En el cuarto del señor, por ese entonces, había muchísimas fotos; de cada diez, ocho tenían algo que ver con la señora.La mujer se acercó a Vanessa y le dijo con cautela:—Señora, ¿no estará malentendiendo algo? El señor sí que la quiere mucho. En su cuarto...Vanessa la miraba fijamente, esperando que continuara.Desde el patio llegó el ruido de un motor.Era Rafael, que volvía.Como era de esperarse, al poco rato cruzó la entrada; con paso largo y decidido, se dirigió hacia Vanessa.—¿Lo preparaste para mí?Él notó el postre sobre la mesa y creyó que Vanessa se lo hab
“No malinterpretes, entre ella y yo no hay nada. Camila tiene una cardiopatía, y hace un momento tuvo un problema serio”.“Voy a regresar en un rato y te explico. No te enojes, cariño, ¿sí?”Vanessa apretó el celular con fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos.Sobre todo al leer esa explicación de Rafael, el nudo que sentía se aflojó bastante, como si pudiera percibir entre líneas lo mucho que él se preocupaba por ella.Dudó un instante y pensó que quizá sí podrían sentarse a hablar con calma.“Está bien, lo hablamos cuando regreses”.Vanessa envió el mensaje y enseguida mandó otro: “Yo también tengo algo que decirte”.Después de enviarlo, Rafael no volvió a contestar.Vanessa no le dio mayor importancia, dejó el celular y se fue a bañar.Tal vez porque había decidido hablar con él, el peso que sentía no solo se alivió, sino que empezó a esperar con ansias que Rafael llegara pronto.Al salir de bañarse, el celular de Vanessa sonó.Tenía una solicitud de contacto.“Z”.Van
Vanessa se quedó contemplándolo, perdida en sus pensamientos.Rafael notó que lo observaba, dejó la taza sobre la mesa y alzó una ceja al mirarla.—¿Ya terminaron de hablar?No respondió. Sonrió, se puso de pie y se acercó a ella.—¿En serio soy tan atractivo?Al escuchar su voz, recobró el sentido
—Vanessa, para lo que necesites, aquí me tienes.Esas palabras la inundaron de una calidez y seguridad reconfortantes.Vanessa no pudo contenerse más y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Sin dudarlo, levantó los brazos y lo rodeó con fuerza.—Gracias, Rafael.Se aferró a él mientras s
Alexis presionaba con fuerza la cabeza de Vanessa hacia abajo, impidiéndole incorporarse. Sus rodillas, que apenas empezaban a sanar, le dolían tanto en ese momento que le hacían castañear los dientes.—Alexis —Vanessa habló con ronquera, como si le costara salir de su garganta—, le prometiste a mi
Vanessa sintió que su mundo giró con esas palabras, y por poco se dejó llevar de nuevo por sus pensamientos.Después de todo, esa era la forma de ser de Rafael.Siempre había sido implacable para resolver las cosas; parecía que no existía un problema en el mundo que él no pudiera solucionar.Antes e







