LOGINVanessa escuchó esas palabras, casi una promesa, y algo dentro de ella se estremeció. Asintió entre sus brazos, sintiendo una fuerza y una confianza que nunca antes había tenido. Pensó que sí, que los dos necesitaban darse una oportunidad.Cuando el abuelo despertara, cuando lograra que Rafael consiguiera su perdón, harían pública su relación. Para entonces, ni todos los Édgar Cisneros del mundo podrían interponerse entre ellos. Vanessa entreabrió los labios y cedió:—Entonces lo enfrentaremos juntos.—Bien.Rafael, emocionado, la abrazó con más fuerza; la estrechó con tanta intensidad que parecía querer fundirla con él. El auto se detuvo. Rafael bajó, abrió la puerta del lado de Vanessa y le tendió la mano.Vanessa sonrió con los labios apretados y, sin dudarlo, puso su mano en la de él; Rafael se la apretó. Tomados de la mano, subieron. Ya era tarde.Después de lavarse, se acostaron juntos. Era la primera vez, desde aquella cena de cumpleaños, que volvían a recostarse abrazados. La r
Al escuchar sus palabras afectuosas, Vanessa sintió una impotencia inmensa. No era que desconfiara de Rafael. Era que ahora enfrentaban demasiadas cosas, algunas con vidas en juego, y eso la obligaba a estar con pies de plomo.Primero Édgar difamó a su tío a sus espaldas y luego fue contra Bianca. Si Édgar seguía así, no sabía de qué más sería capaz.—Rafael, el Grupo León me necesita.Vanessa retiró la mano, con un gesto frío y distante, incapaz siquiera de mirarlo a los ojos.—Creo que lo nuestro puede esperar, sobre todo ahora que ya estamos casados.Después de todo lo que había vivido, Vanessa se dio cuenta de que el amor era solo una mínima parte de la vida.Antes se atormentaba porque no lograba caerles bien a Alexis ni a sus amigos; vivía exigiéndose de una forma enfermiza, desesperada por esforzarse y cambiar.Más tarde se casó con Rafael, y seguía tan necesitada de cariño como antes; poco a poco se aferró a su ternura y volvió a atormentarse, temiendo que él no la quisiera.Ah
Al ver el desastre regado por el suelo y a Federico herido, Vanessa se tensó y miró a Rafael con gratitud.—¿Cómo es que estás aquí?—Tenía una cita con un cliente, pero la cambiaron en el último momento. —Rafael no mostró ni el menor reproche; su cara seguía igual de cálida y paciente.Pero cuando miró a Federico, fue con frialdad y desprecio.—El hombre que el viejo trajo de vuelta resultó tan débil que no solo salió herido, sino que casi permitió que le pasara algo a su jefa. ¿Esto es todo lo que sabes hacer?En realidad, Federico había averiguado que Damián era arrogante, pero como este acababa de volver del extranjero y quería abrirse paso cuanto antes, bajó la guardia.Si Rafael no hubiera aparecido un momento antes, Federico no habría podido impedir que Damián obligara a Vanessa a beber.—Lo de hoy sí fue un descuido mío, pero el señor Cisneros no es mi jefe, así que creo que no tiene derecho a decir eso.—Esto no es culpa del director Serrano, pero ese tal Salazar no inspira ni
Era alto, y tenía una presencia tan imponente que todo en él transmitía distinción e imponía respeto. Vanessa lo miró aturdida y no pudo evitar emocionarse.—Rafael.Había venido. Damián Salazar entrecerró los ojos, amenazante, y los clavó en él.—Rafael, ¿a qué viniste?Rafael le rodeó la cintura a Vanessa y la atrajo contra su pecho. Aunque Damián parecía sanguinario y temible, Rafael le inspiraba cierto recelo, así que no se atrevió a impedirlo. Rafael bajó la mirada hacia Vanessa y se le suavizó la expresión, fría hasta hacía un momento.—No tengas miedo, estoy aquí.Vanessa lo miró aturdida, y la rabia impulsiva de hacía un momento se le fue apagando. Asintió, dócil.—Bien.—Buena chica.Rafael lo dijo en voz baja, con una ternura casi irreal. Damián se rio, frío y burlón.—Por lo visto, tu relación con esta mujer no es tan sencilla, Rafael. Tú y yo siempre hemos ido por caminos separados. Hoy estoy aquí para cerrar un trato con Grupo León, así que no te metas.Rafael nunca les ha
—No seas tan formal conmigo… Anda, ve a tus cosas, que por aquí no hay de qué preocuparse.Leandro le dio unas palmaditas en el hombro con su enorme mano, en un gesto cercano, cariñoso y alentador. Vanessa se sintió mucho más tranquila.Aunque no le caía bien a la familia Cisneros, en este mundo había mucha gente capaz de quererla, de tratarla con sinceridad y afecto.Ella ya no era la Vanessa de antes, falta de amor e insegura, a la que la manipulación psicológica había llevado a dudar de sí misma.Después de las cuatro de la tarde, Vanessa fue con Federico a reunirse con el cliente.Federico reservó un salón privado de lujo, pidió las especialidades de la casa y, además, averiguó los gustos de Damián, así que eligió sobre todo platos que a él le gustaban.Damián miraba a Vanessa con sus ojos negros, peligrosos y profundos, llenos de asombro.—Dicen que la señorita León es joven, hermosa y muy capaz; que a tan corta edad dirige todo el Grupo León y que además es una ingeniera de prime
Bianca lo miró atónita. Le había leído el pensamiento. Con razón era, igual que Rafael, uno de esos genios. Tenía una mente brillante. Pero no quería hablar mucho del tema, así que lo esquivó con aire indiferente.—Tiene muy buena imaginación, doctor. Quien no lo conozca pensaría que es policía.Sergio la miró sin entender, pero no la presionó para que hablara.—Sea como sea, no quiero dar pie a malentendidos ni que la gente crea que intentó suicidarse por amor.Vanessa ya le había contado a Bianca que todos creían que se había querido matar por Sergio. Decían que, despechada por un amor no correspondido y sin poder soportar el golpe, se había tomado unas pastillas. Que alguien fuera capaz de inventar algo tan absurdo y que encima hubiera quien lo creyera...¿Su dignidad no valía nada?—El doctor Villalobos es guapo y parece un sueño. Sí, fui yo la que lo buscó para conversar, pero eso no quiere decir que usted me guste. No se confunda.Bianca se defendía con un tono seco, aferrada a s







