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Capítulo 495

Autor: Ámbar O.
Vanessa la miró de reojo, con intensidad. La otra solo rio, con actitud despreocupada.

—Yo no quise decir eso. Si quieres que liberen a Alexis, tendrás que mostrar algo de sinceridad.

Tras decir esto, dio media vuelta y se dirigió al edificio. Mientras observaba su silueta, Yolanda sintió que ya no la reconocía, y un escalofrío tras otro le recorrió el cuerpo. Apretó la mandíbula de rabia y, al marcar un número, su mirada se volvió siniestra.

—Encárguense de alguien por mí.

Vanessa apenas llegó
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Jana TA
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    Se enderezó en el asiento y, con el celular en la mano, esperó en silencio unos instantes. Se le notaba un rastro de esperanza en la mirada.Sin embargo, ella dejó de escribir, y durante un buen rato no llegó ningún mensaje. Rafael frunció aún más el ceño.—¿Hay mala señal aquí?Rafael miró a los otros tres, confundido. Los tres, casi al unísono, revisaron sus celulares. Uno tras otro empezaron a sonar notificaciones de mensajes.—Para nada, la señal está perfecta —dijo Leonardo—. Mi abuela me acaba de escribir, quiere que vaya a visitarla.—Aquí también tengo señal —dijo Sergio con voz suave.Verónica, mientras respondía un mensaje, comentó:—Me llegó uno de Vane. La invité a tomar algo, pero me dijo que no, que tenía cosas que hacer y no podía venir.La expresión de Rafael se volvió seria. ¿O sea que sí le contestó a Verónica, pero a él no? ¿Entonces qué le quiso decir hace un momento?¿Fue su imaginación? Rafael dejó el celular sobre el sofá y siguió bebiendo. Leonardo terminó su co

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    Hasta entonces Vanessa supo lo tonta que era Bianca, y lo leal que era. Por eso, aquella noche, cuando estaban espalda contra espalda, Vanessa le prometió:—De ahora en adelante somos como hermanas.Bianca refunfuñó, molesta:—¿Cómo que de ahora en adelante? Ya lo somos.Esa noche se parecía a la de aquella vez: una brisa suave y la luna en lo alto. Vanessa empujaba la silla de ruedas de Bianca mientras paseaban frente al edificio.—Vanessa —dijo Bianca—, solo comparto lazos de sangre con mi familia. Para mí, tú eres mucho más que eso. Por eso quiero que estés bien. Cualquier cosa que necesites, dímelo en cualquier momento. Si está en mis manos ayudarte, no lo dudo ni un segundo. Y, sobre todo, lo que más quiero es que seas feliz.Vanessa se quedó inmóvil, con las manos sobre los puños de la silla.Se le hizo un nudo en la garganta y se le humedecieron los ojos. Tuvo que levantar la cabeza para contener las lágrimas.Le apretó los hombros a Bianca y forzó una sonrisa.—Yo también.Bian

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