MasukDoña Herminia estaba recostada contra la cabecera de la cama, sin fuerzas.Miró a Sergio un momento y apartó la mirada sin decir nada, como si estuviera furiosa con él. Al verlo, Andrea le habló para tranquilizarla:—Últimamente no ha descansado bien y, además, ha estado de mal humor; entre una cosa y otra, terminó desmayándose. Doña Herminia, pase lo que pase, tiene que comer bien y mantenerse de buen ánimo para que su salud mejore.Doña Herminia lanzó una indirecta:—Si todos aquí fueran tan dóciles y atentos como tú, no me habrían hecho enojar tanto.Suspiró.—Da igual. De cualquier manera, ya estoy vieja y a lo mejor solo estorbo. Si un día de estos estiro la pata, todos tendrán paz.Adela se alarmó.—Mamá, no hable así de usted misma. Si está enojada, desquítese. En esta casa todos, sin excepción, queremos que usted esté bien.Adela era de carácter apacible y siempre había tenido fama de nuera ejemplar.Eso también tenía muy satisfecha a doña Herminia, que nunca le había encontrad
Sergio apretó levemente los labios delgados.—Mi abuela se desmayó. Tengo que ir a verla.A Bianca le brillaron fugazmente los ojos y enseguida tuvo un mal presentimiento, pero no se atrevió a retrasar su regreso.—Entonces no me lleves. Ve rápido, yo me voy sola a casa.Desde hacía un par de días, los medios la vigilaban y montaban guardia al pie de su edificio, por lo que se estaba quedando temporalmente en casa de Sergio.Quedaba cerca de ahí.—No hace falta.Sergio insistió, con una actitud que no admitía réplica.—Primero te dejo en casa.Bianca lo miró y no volvió a discutir. Cuando llegaron frente al edificio, bajó del auto sin titubear.—Espera a que regrese —alcanzó a decir Sergio a toda prisa, y arrancó enseguida.Bianca siguió con la mirada las luces traseras hasta que desaparecieron. Solo entonces se dio la vuelta y entró al edificio.Acababa de llegar a casa y abrir la puerta cuando entró una llamada de Joel.—Bianca, ¿cómo va todo por allá? ¿Estás bien? Perdóname. Mi agen
Contestó la llamada con la voz quebrada.—Doña Herminia, ¿por qué me llama a esta hora? ¿Se siente mal?Desde que Andrea le salvó la vida a doña Herminia en el avión, se había ganado su cariño, a tal punto que la señora confiaba especialmente en ella incluso en cuestiones médicas.La anciana notó algo raro en su voz y le preguntó, preocupada:—Andreíta, ¿estuviste llorando? ¿Qué pasó?Andrea se apresuró a negarlo, pero eso solo convenció más a doña Herminia de que algo pasaba.—No me mientas, Andreíta. Dime la verdad, ¿Sergio te volvió a tratar mal?—Doña Herminia, él no tiene nada que ver. No le gusto.—¿Y eso qué importa? ¿Esas zorras merecen que alguien las quiera? Los Villalobos queremos una chica de familia decente. ¡Esa modelucha de poca monta, con todas sus mañas, jamás va a entrar en esta familia!Andrea sonrió triunfal.¿Qué importaba que a Sergio le gustara Bianca?En la familia Villalobos, todos obedecían a doña Herminia y eran famosos por respetar a sus mayores; si Sergio s
Claro que Mauricio quería, ya que, muerto Alexis, él era el más poderoso de su grupo.Todos lo llamaban señor Estrada, y en cuanto lograra arrimarse a los Villalobos, la familia Estrada subiría de categoría, de modo que entonces sí sería un verdadero heredero de una familia poderosa.—Tranquila, ahora pongo a alguien a investigar.—¡Más te vale darte prisa!Andrea se lo recalcó varias veces antes de colgar.Mauricio no se atrevió a perder tiempo. Hizo una llamada y le ordenó a su gente que investigara cuanto antes.En menos de diez minutos tuvo el resultado, según el cual, en efecto, habían detenido a Camila, pero negaba todas las acusaciones de la policía.Sin pruebas concretas, la policía no podía hacerle nada; como mucho, podía retenerla setenta y dos horas, información que Mauricio le pasó a Andrea.Solo entonces Andrea respiró aliviada. Estaba sentada frente a su escritorio y acababa de suspirar cuando llamaron a la puerta.Creyó que era una enfermera, así que no le dio mucha impo
Él, siempre tan distinguido como una deidad, un hombre por encima de todos, jamás se rebajaba a agredir a nadie.Ni siquiera a un hombre lo golpearía él mismo, mucho menos a una mujer.Rafael se puso frente a ella, levantó las manos y la tomó por los hombros, delgados y frágiles, con una mirada tan tierna que parecía a punto de desbordarse.—Quien te ponga triste o te quite la alegría se está metiendo conmigo. No importa si es hombre o mujer. Lo único que sé es que me corresponde defenderte.Vanessa sintió una gran calidez y sonrió, muy conmovida.—Ahora eres todo un... esposo de diez.Lo abrazó riendo, le rodeó la cintura y se recargó contra él, radiante.Igual que hace diez años, cuando Rafael la vio por primera vez, era como un pequeño sol resplandeciente, luminosa, desenfadada, libre...La mirada de Rafael se volvió aún más tierna. Inclinó la cabeza y la besó varias veces en la frente.Tenerla a su lado en esta vida hacía que todo valiera la pena.Rafael mandó a Camila a la delegac
En la cara de Vanessa asomó la ira.—Si me odias, desquítate conmigo. ¿Qué necesidad hay de lastimarlos a ellos? ¡Camila, estás loca!Estaba furiosa. Nunca había visto a una mujer tan desquiciada.¡Por un supuesto amor, había lastimado a otros varias veces y a más de uno le había costado la vida!¡Si a Bianca le pasaba algo, no se lo iba a perdonar!Camila, roja de ira, le gritó:—Tú me obligaste. Aunque haya pasado algo, la culpa es tuya, maldita zorra. Rafael siempre fue mío. Si no hubieras aparecido, habríamos sido muy felices...Camila se dejó arrastrar por sus emociones y sintió un dolor inmenso, porque ya lo había perdido todo.Y aun así, ellos nunca habían pensado en dejarla en paz.¡Hasta su hermano, Rodrigo, iba a traicionarla!Al verla tan fuera de sí, a Vanessa se le quitaron las ganas de gastar más saliva.Camila estaba atrapada en sus emociones; dijeran lo que dijeran, no iba a escuchar.Rafael dio un paso al frente y posó en Camila sus ojos oscuros e indiferentes.—¿Lo hi







