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last update 게시일: 2026-09-16 22:39:55

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Ella era morena, de ojos oscuros, y llevaba un bolso grande al hombro. A su lado, dos niños —un niño de unos cuatro años y una niña de unos seis— la seguían con miradas curiosas.

—Buenos días —dijo ella, con voz firme, parando al lado de nuestra mesa.

—Buenos días —respondió Sofia, educadamente—. Fátima, ¿todo bien? ¿Qué haces aquí?

—Estoy con Patricia —explicó Fátima, con tono seco—. Ella vino por negocios, y tuve que venir para cuidar a los niños. Así que esta es Dalila? —me encaró con ojo
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  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    341

    ...—Jajaja, él es tierno bravo —dijo Davi, riendo.—Ahora cuéntame —pedí, girándome hacia Davinho—. ¿Qué querías decir?El niño sonrió, con un brillo de travesura en los ojos.—¿Sabes, mamá? Funcionó el perfume de papá.—¿Cómo así? —pregunté, confundida.—Mamá —anunció él, con la mayor naturalidad del mundo— ¡estoy de novio!—¿¡Qué!? —me senté en la cama, abriendo los ojos. Davi, a mi lado, comenzó a reír, sin conseguir contenerse.—¡Jajaja, está correcto! —dijo él, animado—. ¡Hay que tener novia mismo!—¿¡Cómo así!? —repetí, mirando de Davi a Davinho—. ¿Con quién, mi hijo?—¡Con Lalinha! —respondió él, radiante.—Mi príncipe —intenté explicar, con la voz más calmada— todavía no tienes edad para tener novia.—¡Sí tienes, hijito! —intervino Davi, con una sonrisa pícara—. Ten novia a voluntad.—¡No incentivas, Davi! —protesté, dándole un golpe en el brazo—. Mi amor, todavía eres un niño. No es la edad de pensar en noviazgo. Tienes que aprovechar tu infancia, jugar, correr, estudiar. Cu

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    340

    ...Alice.Salí del clóset, sintiendo el frescor del bodybol contra mi piel, y fui hasta el cuarto. Me acosté en la cama, de pecho hacia arriba, el cabello aún húmedo esparcido sobre la almohada. El cansancio de aquel día infernal finalmente comenzaba a pesar en mis huesos, y una somnolencia sabrosa amenazaba vencerme.Fue cuando Davi entró al cuarto. Sus ojos recorrieron mi cuerpo acostado, y una sonrisa pícara se formó en sus labios.—¡Vaya! —exclamó él, con una mirada que brillaba de admiración y deseo.—¡Epa, jajaja! —río, cubriéndome rápidamente con la sábana—. ¿Pusiste a Davinho a dormir?—Sí —respondió él, acercándose a la cama—. Él y Cometa ya están soñando con mundos distantes. Voy a tomar un baño.Él se inclinó sobre mí, y sus labios encontraron mi cuello, en un beso caliente y mojado que me hizo erizar. Bajó besando mi cuerpo, trazando un camino de fuego que despertaba cada centímetro de mi piel.—Ve a tomar tu baño —susurré, con voz temblorosa, intentando mantener la compo

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    339

    .....Llegamos al pronto socorro. Fui a la sala de curativos, donde hicieron la extracción de la bala de mi brazo: un dolor agudo que me hizo morder los labios. Fernanda también fue atendida; la bala en la pierna no había entrado profundo, entonces no causó lesiones graves. Ambos curativos fueron hechos, y fuimos liberados.Rodrigo estaba del lado de fuera, esperándonos. Entramos al carro y seguimos para casa.Después de horas en el tráfico, finalmente llegamos. Bajamos del carro y entramos en casa. Davinho vino corriendo a recibirme.—¡Mamá! —gritó él, saltando en mis brazos.—¡Mi amor! —respondí, abrazándolo con fuerza.Ernandes y Sofia también estaban allá, y nos abrazaron.—¡Hija, me diste un susto! —dijo Ernandes, con voz quebrada.—¿Están locas? —preguntó Sofia—. ¿Qué fueron a hacer allá? ¿Están bien?—No fue culpa nuestra —dijo Fernanda, sentándose en el sofá con un gemido.Jéssica abrazó a Fernanda, con lágrimas en los ojos.—¡Me dio tanto miedo! —dijo ella, con voz temblorosa

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    338

    ...Más traficantes surgieron, y comenzó un intenso intercambio de tiros. Los traficantes nos cercaron, y Júlio tomó la radio nuevamente:—¡Capitán, estamos cercados!—¡Carajo! —respondió Davi—. ¡Estamos yendo! ¡Aguanten ahí!La radio se apagó. Ráfagas de tiros venían de todos lados. Júlio y los otros fueron adelante, yo y Fernanda en la retaguardia. Entramos en un callejón, tiro sobre tiro. Fuimos acorraladas.Fue cuando comenzaron a venir tiros de arriba del morro. Los traficantes caían uno a uno. Fernanda fue alcanzada en la pierna.—¡Ay, ay! —gritó ella, sujetando la pierna.—¡Calma, respira! —pedí, sujetándola.—¡Está ardiendo! —murmuró ella, con voz agitada.Los tiros fueron cesando. Algunos bandidos salieron corriendo, otros cayeron muertos. Oí fuegos artificiales siendo lanzados: era la señal de retirada.—¡Están saliendo en retirada! —gritó Júlio.Entonces vi a los hombres del BOPE bajando el morro, cargando cuerpos. El tiroteo paró. El silencio fue llenado solo por el sonido

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    337

    ...Era todo o nada.Ellas abrieron la puerta, y los traficantes entraron. Los recibimos con una ráfaga de tiros, viéndolos caer muertos en el suelo. La señora y la joven se abrazaron y comenzaron a llorar, con gritos ahogados.Cuando el ruido cesó, Fernanda tomó la radio de uno de los caídos y oyó la transmisión:—Jefatura, ¡ellas están matando a todos los soldados! ¡Hay varios muertos! ¡Ellas son zica!—¡Carajo! —respondió la voz del jefe—. ¡No puedo creer que mis soldados estén siendo derribados por dos rameras! ¡El pendejo de Leandro me garantizó que eran indefensas, que eran solo mujercitas de policías de mierda!—¡Responde, Alice! —dijo Fernanda, entregándome la radio.—¿Qué digo? —pregunté, con voz vacilante.—Pide que liberen el paso —dijo ella, con voz firme—. Si no, vamos a matar a más. Mete miedo.Tomé la radio, con voz firme:—Entonces, el pendejo de Leandro los engañó —dije, intentando mantener la calma—. Yo soy mujer del capitán del BOPE. Es así: liberen nuestra salida,

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    336

    Bajamos y tomamos otro callejón. Vimos una casa abierta y, sin pensar dos veces, invadimos. Dentro, una pareja y cinco niños nos miraron asustados.—¡Por favor, no griten! —pedí, con voz agitada.Sin parar, buscamos una salida. Pasamos a la parte de arriba de la casa y encontramos una puerta que daba acceso a la azotea. Saltamos al techo de la casa de al lado. Fue cuando oí un estallido y sentí una ardor en el brazo.—¡Recibiste un tiro! —gritó Fernanda, con los ojos abiertos.—¡No pares! —grité de vuelta, sintiendo el dolor pulsar—. ¡Continúa!Saltamos a otra azotea, entramos en otra casa: una pareja y una señora, que también se asustaron con nuestra aparición. Conseguimos acceso a la puerta de la calle y salimos corriendo nuevamente.—¡Ahí! —Fernanda apuntó hacia un contenedor de basura—. ¡Entra!Saltamos dentro del contenedor, sumergiéndonos en la basura que estaba a la mitad. El olor era insoportable, pero no había tiempo para frescuras. Nos quedamos calladas, oyendo los pasos de

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