LOGINYa no teníamos nuestra privacidad como pareja, nuestros momentos de intimidad, nuestros secretos. Toda pareja tiene sus momentos de lujuria, caricias, complicidad. Y Davi siempre fue muy activo, siempre me deseó, siempre me quiso. Podía ser en la sala, en el dormitorio, en la cocina, no importaba la hora ni el lugar. Pero, con la presencia constante de Otávio en nuestra casa, esos momentos se volvieron raros, casi inexistentes. Otávio vivía interrumpiéndonos, rompiendo el ambiente, avergonzándonos. Y eso enfurecía aún más a Davi, lo frustraba.
Entonces, Otávio comenzó a proferir palabras venenosas a Davi, a minar su confianza, a envenenar su corazón. Decía que yo no era mujer para él, que era débil, inmadura, ingenua. Que ni siquiera debía saber hacer sexo bien, por ser muy joven, muy inexperta. Que existían mujeres mucho mejores que yo, más bonitas, más inteligentes, más interesantes. Que, en la primera oportunidad, lo traicionaría, lo abandonaría. Que no valía nada, que era una parásita, que solo estaba con él por el dinero. Que no servía ni para darle un hijo, que mi cuerpo era soso, sin curvas, sin atractivos. Que debía dejarme, echarme de su vida, antes de que fuera demasiado tarde. E influenciado por las malvadas palabras de su padre, Davi comenzó a distanciarse de mí. Ya no se preocupaba mucho por lo que hacía, por lo que sentía. Salía todas las noches, y a veces ni siquiera volvía a casa. Pasaba horas en el celular. Aceptaba las invitaciones de los amigos para ir a discotecas, a beber, a divertirse. Con eso, las peleas se volvieron constantes, los insultos, las humillaciones, las agresiones. Los celos locos de Davi aumentaron exponencialmente. Comenzó a encerrarme en casa, impidiéndome salir, ver a mis únicas amigas, tener una vida social. Ni siquiera podía mirar por la ventana, so pena de ser castigada. Dictaba reglas, hacía amenazas, imponía castigos. Y yo, cada día que pasaba, me iba marchitando, perdiendo el brillo, la vanidad, las ganas de vivir. La inseguridad me consumía, la autoestima se hacía añicos. Me sentía humillada, una basura, un trapo viejo. Me sentía fea, gorda, sosa. Me comparaba con otras mujeres, con las modelos de las revistas, con las actrices de la televisión. Y siempre me sentía inferior, inadecuada, incapaz de complacer a Davi, de satisfacer sus expectativas. Hoy en día, Davi se ha vuelto aún más agresivo, más inestable, más impredecible. Sus atrocidades se están intensificando, sus arrebatos de furia se han vuelto más frecuentes, sus castigos más crueles. Los sustos aumentaron, el miedo se volvió constante. Ya hasta tengo miedo de hablar con él, de respirar cerca de él, de existir en su mundo. Parece que mi voz lo irrita, que mi presencia lo incomoda, que mi mirada lo desafía. Pasa la mayor parte del tiempo en el trabajo. Y cuando vuelve a casa, ya llega estresado, frustrado, descargando en mí toda su rabia, toda su frustración. Y yo, cada vez más deprimida, más insegura, más desesperada. Me siento como una marioneta en sus manos, bailando al son de su música, obedeciendo sus órdenes, suplicando un poco de amor, de cariño, de atención. A veces, me confunde, me manipula, me mueve la cabeza. Al mismo tiempo que me trata con indiferencia, con desprecio, me muestra deseo, me toca con lujuria, me besa con pasión. Al mismo tiempo que parece no importarle, demuestra interés, se preocupa por mis horarios, por mis actividades. No sé exactamente qué quiere, qué siente, qué piensa. Me quiere como mujer, como objeto de placer, como trofeo para exhibir a sus amigos. Pero después, vuelve a ser el monstruo.. Entonces Davi tomó un jarrón y lo arrojó con toda su fuerza contra el suelo.—¿Qué pasa? ¿Estás loco? — preguntó Celina.—La que está loca es usted, que metió a un pedófilo en mi casa junto con mis hijos — soltó Davi con furia.—¡Hijo, de dónde sacas eso! ¡Ese muchacho tiene la mentalidad de un niño! — se defendió Celina.—¿Mentalidad de un niño? Por favor. Despierta. Es un pedófilo y deseó a mis hijos. Y eso no se lo voy a perdonar — sentenció Davi con rabia.—¿Qué? ¿Vas a matar a un chico inocente por tus paranoias? — cuestionó Celina.—¿Paranoia? ¿Es ciego o qué? Escuche una cosa: aquí quien manda soy yo. Ese hombre ni esa mujer vuelven a entrar a mi casa ni se acercan a mis hijos, ¿entendido? — gritó Davi.—¡Cómo te atreves a hablar así! — cuestionó ella.—¡Cómo me voy a atrever a permitir que este desgraciado entre a mi casa y se acerque a mis hijos! — replicó Davi.—¡Haces esto porque estás celoso de Alice! — acusó Celina.—Si fuera Alice, hasta lo entendería. Alice es una muj
. Ofel sonrió de forma maliciosa. Su madre lo regañó. Era exactamente lo que él buscaba. Bruninho le quitó los lápices de colores, y la madre de Davi regañó a Bruninho. Era justo lo que quería lograr. El cometa comenzó a gruñir.—Davi, mira cómo gruñe el perro... — dijo Celina.—Es un peligro para los niños — añadió Olga.—No se preocupe, señora Olga. El cometa solo muerde cuando es necesario — dijo Davi.—Fuera, perro — ordenó Celina. El cometa retrocedió.—Cometa, quédate — mandó Davi. El animal adoptó posición de ataque.—Hijo... — dijo Celina.—Tranquila, mamá — respondió él.Rodrigo miró a Davi, se sentó a su lado y le dijo en voz baja:—¿Te diste cuenta de lo que yo vi?—Desde hace rato. Bruninho, toma tus cosas y ve con tu mamá. Te mandará a dormir, ya pasó tu hora — indicó Davi.—Sí, papá — dijo Bruninho.Juntó sus cosas y se levantó. Ofel le sacó la lengua y Bruninho hizo lo mismo. La madre de Ofel lo reprendió, y la madre de Davi hizo lo mismo con Bruninho. El niño se acercó
—¿Liz dio guerra? — preguntó Alice.—No, despertó hace poco y tomó su biberón — respondió Celina.—¿Y Bruninho? — preguntó Alice.—Mamá, me porté bien. Estuve cuidando a Liz, no lloró — dijo Bruninho.—Estoy orgullosa, mi amor — dijo Alice.Se sentaron en el sofá.—Tienen una familia muy hermosa — dijo Olga.—Gracias — respondió Davi.—Mi hijo quedó encantado con la belleza de su esposa. No nos malinterpreten, le gustó como amiga. Mi hijo es ingenuo, insistió en venir a visitar a Alice — explicó Olga.—Es que Alice es mi amiga — dijo Ofel.—Qué bien — dijo Davi con sequedad.—¿Y Mara? — preguntó Alice.—Ya se fue — respondió Celina.—¿Me puedo comer las patatas? — preguntó Ofel.—Sírvete. Alice, ya tenemos tantos proyectos para la nueva ONG — dijo Celina.Comenzaron a conversar sobre la ONG que estaban montando. Davi empezó a analizar a Ofel. Tenía aire de bobo, medio torpe, parecía un completo idiota, pero no lo era. Miraba a Alice como a cualquier otra persona, sin ninguna mala inte
Él puso las manos en su cintura, ella se detuvo un instante, hizo un movimiento de cadera y volvió a cabalgar. Y entre gemidos, él dijo: —Carajo, Alice, estás buenísima. Sigue así, no pares, mi putita traviesa. Ella cabalgó más rápido. Él ya no aguantaba más. Ella cayó sobre su pecho con la respiración agitada. Él le pasó las manos por la espalda y comenzó a embestir fuertemente en su interior. Lo hizo de forma frenética y rápida, mientras Alice gemía alto. Sintió cómo ella se contorsionaba, su interior se contraía, sus piernas temblaban, quedó blanda y con la respiración jadeante. —Te viniste, pícara — dijo Davi. —¡Uuuuui, me vine! — respondió Alice, agitada. Él la retiró de encima, la recostó en la cama, se puso sobre ella y, en la posición de misionero, la penetró. Ella estaba muy sensible, lo que lo determinó aún más. Comenzó a embestir en esa cavidad deliciosa y hambrienta. A un ritmo frenético, su miembro entraba y salía de ese lugar apretado y caliente. Ella gemía y ar
Él puso las manos en su cintura, ella se detuvo un instante, hizo un movimiento de cadera y volvió a cabalgar. Y entre gemidos, él dijo:—Carajo, Alice, estás buenísima. Sigue así, no pares, mi putita traviesa.Ella cabalgó más rápido. Él ya no aguantaba más. Ella cayó sobre su pecho con la respiración agitada. Él le pasó las manos por la espalda y comenzó a embestir fuertemente en su interior. Lo hizo de forma frenética y rápida, mientras Alice gemía alto. Sintió cómo ella se contorsionaba, su interior se contraía, sus piernas temblaban, quedó blanda y con la respiración jadeante.—Te viniste, pícara — dijo Davi.—¡Uuuuui, me vine! — respondió Alice, agitada.Él la retiró de encima, la recostó en la cama, se puso sobre ella y, en la posición de misionero, la penetró. Ella estaba muy sensible, lo que lo determinó aún más. Comenzó a embestir en esa cavidad deliciosa y hambrienta. A un ritmo frenético, su miembro entraba y salía de ese lugar apretado y caliente. Ella gemía y arañaba su
Bajó por su cuello hasta llegar a sus pechos perfectos. Siguió bajando, pasando la punta de la lengua por su vientre y mordisqueando en ciertos lugares. La levantó y la acostó en la orilla de la cama. Con la boca le quitó la ropa interior, le abrió las piernas y se arrodilló entre ellas. Pudo ver su zona íntima suave y rosadita. Comenzó a chupar esa maravilla con fuerza. Luego introdujo la lengua profundamente, succionando ese delicioso néctar. Eso lo excitó muchísimo al saber que ella se acercaba al orgasmo. La penetró con la lengua mientras una mano estimulaba su clítoris. Ella gemia mientras la chupaba, incapaz de controlar la emoción y el deseo. Metió dos dedos en su interior y ella se corrió en su boca, contorsionándose por completo. Entonces se detuvo, se puso de pie, se quitó los bóxers y su miembro saltó a la vista, ya completamente duro. Ella se acomodó en la cama. En posición de perrito, le dio un beso en los labios, lo rompió y la miró fijamente a los ojos. Con delicadeza,







