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El Arrepentimiento Del Ex Marido
El Arrepentimiento Del Ex Marido
Autor: Luísa Faruk Gerente

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last update Fecha de publicación: 2026-06-28 12:58:43

Capítulo 1 - La Separación

Alice

18:50 de la noche, jueves.

Ya han pasado cinco años desde que mi vida tomó un rumbo inesperado, desde que el cuento de hadas se transformó en una pesadilla. Cinco años que se dividen en dos partes distintas: un paraíso ilusorio y un infierno real.

Durante los primeros tres años, todo era perfecto, mágico, irreal. Davi era el hombre de mis sueños, el príncipe encantado que me rescató de la miseria, que me dio amor, cariño, protección. Era cuidadoso, atento, servicial. Todo para él era yo: mis deseos, mis sueños, mis voluntades. No me faltaba nada: ropa, joyas, viajes, comodidad. Me mimaba, me complacía, me hacía sentir la mujer más especial del mundo.

Poco a poco, fue quitándome la libertad, aislándome del mundo, transformándome en su prisionera. Pero yo no lo percibía, estaba ciega por la pasión, por la gratitud. Nunca fue un hombre romántico, de esos que recitan poemas y ofrecen flores. Pero siempre encontraba una forma de hacerme sentir amada, valorada, deseada.

Le estaba agradecida por haber cuidado tan bien de mi madre, por haberle proporcionado los mejores días de su vida. Nos sacó de la miseria, de la violencia, del sufrimiento. Nos dio un hogar, una comodidad, una dignidad que jamás habíamos conocido. Se convirtió en mi única familia, mi protector, mi dueño.

Davi siempre fue celoso, posesivo. Pero con el tiempo, sus celos se volvieron obsesivos, enfermizos, sofocantes. Tenía celos hasta de mi sombra. Nadie podía acercarse a mí, nadie podía mirarme, tocarme, dirigirme la palabra. No podía sonreírle a nadie, no podía ser amable con nadie. Solo podía salir de casa con él, solo podía hablar con él.

Pero, con el paso del tiempo, conocí al verdadero Davi. El hombre detrás de la máscara, el monstruo que se escondía en las sombras. Conocí sus dos caras, sus secretos oscuros, su naturaleza diabólica. Conocí sus maldades, sus crueldades, sus asesinatos, sus crímenes. Descubrí que estaba casada con un psicópata, un hombre capaz de cometer las mayores atrocidades sin sentir remordimiento alguno.

Cometía crueldades, atrocidades, barbaridades. Y para él, todo no era más que una diversión, un juego. Se sentía poderoso al ver el sufrimiento, al causar dolor, al controlar la vida de los demás. Era insano, sádico, perverso. Y no se molestaba en ocultármelo. Al contrario, se enorgullecía de sus maldades, se deleitaba con mi miedo, con mi angustia.

También conocí su pasado, sus dolores, los traumas que lo marcaron para siempre. Vi lo que su padre le sometía, las torturas, las humillaciones, las violencias. Vi su miedo, su rabia, su odio. Y, como una buena esposa, lo calmaba, lo consolaba, lo amaba. Fingía no ver sus atrocidades, no lo juzgaba, no lo cuestionaba. Lo esperaba todas las noches, hasta que llegaba, lavaba su ropa manchada de sangre, limpiaba sus armas, cuidaba sus heridas.

Quizás ese haya sido mi error. Aceptar lo increíble, perdonar lo imperdonable, amar lo inamable. Quizás haya sido esa mi ruina.

Entonces, para empeorar las cosas, Otávio, el padre de Davi, anunció que se jubilaría y volvería a vivir a Río de Janeiro. Vivía en otro estado, cuidando sus negocios, y raramente nos visitaba. La noticia no le agradó mucho a Davi.

Pero, con la llegada de Otávio, mi vida se transformó en una pesadilla. Fue como si un veneno hubiera sido inyectado en nuestra relación, corroyendo nuestro amor, destruyendo nuestra felicidad. Davi se transformó por completo, volviéndose irritable, estresado, agresivo. Todo lo irritaba, todo lo incomodaba. Bastaba una mirada torcida, una palabra atravesada, un gesto de reprobación de su padre para que estallara en furia, rompiendo todo lo que estuviera a su alcance.

Y una cosa que Davi odiaba era que lo contradijeran, recibir órdenes, que cuestionaran su autoridad. Y Otávio, con su manía de dar su opinión en todo, de entrometerse en nuestros asuntos, de comportarse como si fuera el dueño de la casa, lo volvía loco. Veía el odio en sus ojos, la revuelta en su corazón. Rompía todo lo que veía, gritaba, insultaba, amenazaba. Era aterrador.

Otávio era una semilla del mal que se había entrometido en nuestra casa, creando discordia, inseguridad, conflictos. Era el veneno que estaba matando nuestro amor.

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Último capítulo

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    517

    . Entonces Davi tomó un jarrón y lo arrojó con toda su fuerza contra el suelo.—¿Qué pasa? ¿Estás loco? — preguntó Celina.—La que está loca es usted, que metió a un pedófilo en mi casa junto con mis hijos — soltó Davi con furia.—¡Hijo, de dónde sacas eso! ¡Ese muchacho tiene la mentalidad de un niño! — se defendió Celina.—¿Mentalidad de un niño? Por favor. Despierta. Es un pedófilo y deseó a mis hijos. Y eso no se lo voy a perdonar — sentenció Davi con rabia.—¿Qué? ¿Vas a matar a un chico inocente por tus paranoias? — cuestionó Celina.—¿Paranoia? ¿Es ciego o qué? Escuche una cosa: aquí quien manda soy yo. Ese hombre ni esa mujer vuelven a entrar a mi casa ni se acercan a mis hijos, ¿entendido? — gritó Davi.—¡Cómo te atreves a hablar así! — cuestionó ella.—¡Cómo me voy a atrever a permitir que este desgraciado entre a mi casa y se acerque a mis hijos! — replicó Davi.—¡Haces esto porque estás celoso de Alice! — acusó Celina.—Si fuera Alice, hasta lo entendería. Alice es una muj

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    . Ofel sonrió de forma maliciosa. Su madre lo regañó. Era exactamente lo que él buscaba. Bruninho le quitó los lápices de colores, y la madre de Davi regañó a Bruninho. Era justo lo que quería lograr. El cometa comenzó a gruñir.—Davi, mira cómo gruñe el perro... — dijo Celina.—Es un peligro para los niños — añadió Olga.—No se preocupe, señora Olga. El cometa solo muerde cuando es necesario — dijo Davi.—Fuera, perro — ordenó Celina. El cometa retrocedió.—Cometa, quédate — mandó Davi. El animal adoptó posición de ataque.—Hijo... — dijo Celina.—Tranquila, mamá — respondió él.Rodrigo miró a Davi, se sentó a su lado y le dijo en voz baja:—¿Te diste cuenta de lo que yo vi?—Desde hace rato. Bruninho, toma tus cosas y ve con tu mamá. Te mandará a dormir, ya pasó tu hora — indicó Davi.—Sí, papá — dijo Bruninho.Juntó sus cosas y se levantó. Ofel le sacó la lengua y Bruninho hizo lo mismo. La madre de Ofel lo reprendió, y la madre de Davi hizo lo mismo con Bruninho. El niño se acercó

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    515

    —¿Liz dio guerra? — preguntó Alice.—No, despertó hace poco y tomó su biberón — respondió Celina.—¿Y Bruninho? — preguntó Alice.—Mamá, me porté bien. Estuve cuidando a Liz, no lloró — dijo Bruninho.—Estoy orgullosa, mi amor — dijo Alice.Se sentaron en el sofá.—Tienen una familia muy hermosa — dijo Olga.—Gracias — respondió Davi.—Mi hijo quedó encantado con la belleza de su esposa. No nos malinterpreten, le gustó como amiga. Mi hijo es ingenuo, insistió en venir a visitar a Alice — explicó Olga.—Es que Alice es mi amiga — dijo Ofel.—Qué bien — dijo Davi con sequedad.—¿Y Mara? — preguntó Alice.—Ya se fue — respondió Celina.—¿Me puedo comer las patatas? — preguntó Ofel.—Sírvete. Alice, ya tenemos tantos proyectos para la nueva ONG — dijo Celina.Comenzaron a conversar sobre la ONG que estaban montando. Davi empezó a analizar a Ofel. Tenía aire de bobo, medio torpe, parecía un completo idiota, pero no lo era. Miraba a Alice como a cualquier otra persona, sin ninguna mala inte

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    514

    Él puso las manos en su cintura, ella se detuvo un instante, hizo un movimiento de cadera y volvió a cabalgar. Y entre gemidos, él dijo: —Carajo, Alice, estás buenísima. Sigue así, no pares, mi putita traviesa. Ella cabalgó más rápido. Él ya no aguantaba más. Ella cayó sobre su pecho con la respiración agitada. Él le pasó las manos por la espalda y comenzó a embestir fuertemente en su interior. Lo hizo de forma frenética y rápida, mientras Alice gemía alto. Sintió cómo ella se contorsionaba, su interior se contraía, sus piernas temblaban, quedó blanda y con la respiración jadeante. —Te viniste, pícara — dijo Davi. —¡Uuuuui, me vine! — respondió Alice, agitada. Él la retiró de encima, la recostó en la cama, se puso sobre ella y, en la posición de misionero, la penetró. Ella estaba muy sensible, lo que lo determinó aún más. Comenzó a embestir en esa cavidad deliciosa y hambrienta. A un ritmo frenético, su miembro entraba y salía de ese lugar apretado y caliente. Ella gemía y ar

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    Él puso las manos en su cintura, ella se detuvo un instante, hizo un movimiento de cadera y volvió a cabalgar. Y entre gemidos, él dijo:—Carajo, Alice, estás buenísima. Sigue así, no pares, mi putita traviesa.Ella cabalgó más rápido. Él ya no aguantaba más. Ella cayó sobre su pecho con la respiración agitada. Él le pasó las manos por la espalda y comenzó a embestir fuertemente en su interior. Lo hizo de forma frenética y rápida, mientras Alice gemía alto. Sintió cómo ella se contorsionaba, su interior se contraía, sus piernas temblaban, quedó blanda y con la respiración jadeante.—Te viniste, pícara — dijo Davi.—¡Uuuuui, me vine! — respondió Alice, agitada.Él la retiró de encima, la recostó en la cama, se puso sobre ella y, en la posición de misionero, la penetró. Ella estaba muy sensible, lo que lo determinó aún más. Comenzó a embestir en esa cavidad deliciosa y hambrienta. A un ritmo frenético, su miembro entraba y salía de ese lugar apretado y caliente. Ella gemía y arañaba su

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    512

    Bajó por su cuello hasta llegar a sus pechos perfectos. Siguió bajando, pasando la punta de la lengua por su vientre y mordisqueando en ciertos lugares. La levantó y la acostó en la orilla de la cama. Con la boca le quitó la ropa interior, le abrió las piernas y se arrodilló entre ellas. Pudo ver su zona íntima suave y rosadita. Comenzó a chupar esa maravilla con fuerza. Luego introdujo la lengua profundamente, succionando ese delicioso néctar. Eso lo excitó muchísimo al saber que ella se acercaba al orgasmo. La penetró con la lengua mientras una mano estimulaba su clítoris. Ella gemia mientras la chupaba, incapaz de controlar la emoción y el deseo. Metió dos dedos en su interior y ella se corrió en su boca, contorsionándose por completo. Entonces se detuvo, se puso de pie, se quitó los bóxers y su miembro saltó a la vista, ya completamente duro. Ella se acomodó en la cama. En posición de perrito, le dio un beso en los labios, lo rompió y la miró fijamente a los ojos. Con delicadeza,

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