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last update publish date: 2026-06-28 13:02:11

Y sus paranoias parecen crecer cada día. Cada vez que llega a casa, ya viene a buscarme, cazándome como un depredador al acecho de su presa. Sale a registrar toda la casa, a revolver cajones, a hurgar en mis pertenencias, buscando algo que lo incrimine, alguna prueba de traición. Y al encontrarme, me interroga, me cuestiona, me acusa. Pregunta qué estaba haciendo, con quién estaba hablando, a dónde iba. Parece un interrogatorio policial, una investigación criminal.

Es curioso cómo, en medio de sus paranoias, Davi se olvida de que me mantiene encerrada en casa, de que me prohíbe hablar con nadie, de que me aísla del mundo. Entonces, ¿dónde más podría estar, sino allí, atrapada en su telaraña, bajo su dominio?

Siempre que me mira a los ojos, con esa mirada fría y posesiva, susurra: "Eres mía. Solo mía. Nadie te va a arrancar de mí. Soy tu hombre, tu dueño, tu todo". Y en su mirada gélida, veo el presagio de una locura, la certeza de que está planeando algo terrible, algo irreversible.

También percibo que ya no soporta a Otávio, que la presencia de su padre lo irrita, lo sofoca, lo envenena. Y, para mi sorpresa, cuando Otávio se atreve a proferir alguna ofensa contra mí, Davi me defiende, me protege, me ampara. Es como si, en medio de su locura, aún sintiera algún tipo de afecto por mí, algún resquicio de humanidad.

De todos modos, tengo prohibido hablar con Otávio, dirigirle siquiera una palabra. Y eso no me afecta en nada, al contrario, hasta me parece bien. Prefiero el silencio al veneno, la distancia a la cercanía.

Cuando Otávio está en casa, me encierro en el cuarto, me escondo, me vuelvo invisible. Evito al máximo el contacto con él, por miedo a sus palabras, sus provocaciones, sus manipulaciones.

Pero, en medio de esta oscuridad, vislumbro una brecha, una oportunidad, una chance de escapar. Quizás sea mi salvación, mi liberación. O quizás sea mi perdición total, mi ruina.

Cuando surge la oportunidad, cuando Davi está de buen humor, más tranquilo, más cariñoso, me desea, me quiere en la cama. Y yo, aprovechando la ocasión, me entrego a él, me someto a sus deseos, pero también siembro la semilla de la discordia, de la venganza.

Susurro en su oído, mientras lo acaricio, mientras lo beso, palabras venenosas, incitando su vanidad, su orgullo, su sed de poder.

—Mi amor, tu padre quiere mandar en ti, controlarte, manipularte. No te respeta, no te valora. Te trata como a un niñito, como a un títere. Pero ya no eres un niño, Davi. Eres un hombre, no ese chico que él hacía sufrir. Eres mucho más grande que él, mucho más fuerte, mucho más poderoso. Él te tiene miedo, ¿sabías? Él es quien necesita tu aprobación, no tú la suya. Él te envidia, te admira, te venera. Él quiere quitarme de ti, quiere echarme. Pero yo soy tuya, mi amor. Solo tuya.

Voy hablando, voy insinuando, voy provocando. Y veo en sus ojos negros y fríos el brillo de la maldad, la llama de la locura. Una sonrisa maquiavélica se dibuja en sus labios, revelando su verdadera naturaleza, su alma corrompida, su esencia sombría. Estoy alimentando sus demonios, su obsesión por mí. Sé que, al hacerlo, estoy incitando su lado oscuro, su sed de venganza. Sé que estoy corriendo un gran riesgo, jugando con fuego. Pero necesito liberarme de la maldad de Otávio, de su veneno, de su influencia. Necesito reconquistar mi libertad, mi dignidad, mi vida.

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