LOGINNecesito ver si puedo, al menos por un instante, sentirme libre, feliz, amada. Anhelo un respiro en medio de la opresión, un vislumbre de esperanza en medio de la oscuridad. Pero, como una cruel ironía del destino, mis divagaciones son interrumpidas por un sonido alarmante.
¡Crac, crac, crac!... Un estruendo corta el silencio de mi cuarto, dándome un susto, obligándome a despertar de mis sueños y enfrentar la dura realidad. Un sonido seco y violento me hace saltar de la cama, con el corazón disparado. Son las 18:50, aún tengo algunas horas de "paz" antes de la llegada de Davi, pero la tranquilidad del atardecer es abruptamente quebrada por el ruido que resuena en el aire. ¡Crac! ¡Otra pedrada! La violencia del sonido me hace estremecer, la urgencia del llamado me saca del sopor. Instintivamente, me levanto y corro hasta el balcón de mi cuarto, el corazón latiendo fuerte en el pecho. La puerta está cerrada con llave, como siempre, pero a través del vidrio veo a Fernanda allí abajo, saludando frenéticamente. —¡Isa, sal rápido! ¡Tengo algo para ti! —grita, con la voz cargada de emoción y un toque de impaciencia. Y, para enfatizar su pedido, lanza otra piedra. ¡Crac! Otra pedrada en el vidrio, así va a terminar rompiéndolo. —¡Fernanda, el vidrio! ¡Vas a romperlo todo! —grito de vuelta, sintiendo un pinchazo de preocupación. —¡Espera, voy a buscar la llave! Sé exactamente dónde esconde Davi la llave del balcón. Camino hasta el clóset, subo a la mesita, estiro el brazo y la retiro de encima de una caja polvorienta. Con la llave en mano, corro de vuelta a la puerta y la abro, ansiosa por encontrar a mi amiga. Pero, apenas pongo un pie fuera, soy sorprendida por una pedrada certera que golpea mi cabeza. —¡Ay! ¡Mi cabeza, Fernanda! —exclamo, llevándome la mano al lugar golpeado, sintiendo un dolor punzante. —¿Te di? ¡Jajajajajá! —ella se ríe allá abajo, sin mostrar el menor remordimiento. —¡Me va a salir un chichón! —refunfuño, masajeando la zona dolorida. Me acerco al borde de la baranda y veo a Fernanda desternillarse de risa, con las mejillas sonrojadas y los ojos brillando de travesura. Pero, al observarla con más atención, noto algo que me causa un nudo en el corazón. Percibo una moretón discreto en su rostro, una sombra de tristeza en su mirada. Es como si estuviéramos condenadas al mismo destino, atrapadas en un ciclo vicioso de dolor y sufrimiento. Ella sonríe, pero sus ojos no tienen ese brillo intenso de antes. Es evidente que la vida tampoco ha sido fácil para ella. —¿Quedarte ahí sonriendo y dejar que Davi llegue y te vea aquí? —digo, intentando sonar amenazadora, pero la verdad es que su buen humor es contagioso, y una sonrisa se escapa de mis labios. —¡Está bien, ya paro! —responde, aún riendo, pero pronto se recompone. —¡Mira, te traje dos cosas! —exclama, mostrando los objetos en sus manos. —¡El libro que tanto querías, te acuerdas? ¡Lo encontré! Y un celular para que hablemos, pero escóndelo bien, no dejes que Davi ni lo sueñe o nos mata a las dos! —Eso es una locura, Fernanda. Pero de acuerdo, lo esconderé —digo, sintiendo una mezcla de emoción y aprensión. —¿Dónde encontraste ese libro? —pregunto, curiosa. —¡Después te lo cuento! ¡Ahora, voy a lanzarlo! ¡Agarra! —avisa, preparándose para arrojar el celular. Respiro hondo y estiro los brazos, tratando de concentrarme para no dejar caer el aparato. Pero, en el instante en que el celular llega a mis manos, se resbala y cae al suelo, agrietando la pantalla.. Entonces Davi tomó un jarrón y lo arrojó con toda su fuerza contra el suelo.—¿Qué pasa? ¿Estás loco? — preguntó Celina.—La que está loca es usted, que metió a un pedófilo en mi casa junto con mis hijos — soltó Davi con furia.—¡Hijo, de dónde sacas eso! ¡Ese muchacho tiene la mentalidad de un niño! — se defendió Celina.—¿Mentalidad de un niño? Por favor. Despierta. Es un pedófilo y deseó a mis hijos. Y eso no se lo voy a perdonar — sentenció Davi con rabia.—¿Qué? ¿Vas a matar a un chico inocente por tus paranoias? — cuestionó Celina.—¿Paranoia? ¿Es ciego o qué? Escuche una cosa: aquí quien manda soy yo. Ese hombre ni esa mujer vuelven a entrar a mi casa ni se acercan a mis hijos, ¿entendido? — gritó Davi.—¡Cómo te atreves a hablar así! — cuestionó ella.—¡Cómo me voy a atrever a permitir que este desgraciado entre a mi casa y se acerque a mis hijos! — replicó Davi.—¡Haces esto porque estás celoso de Alice! — acusó Celina.—Si fuera Alice, hasta lo entendería. Alice es una muj
. Ofel sonrió de forma maliciosa. Su madre lo regañó. Era exactamente lo que él buscaba. Bruninho le quitó los lápices de colores, y la madre de Davi regañó a Bruninho. Era justo lo que quería lograr. El cometa comenzó a gruñir.—Davi, mira cómo gruñe el perro... — dijo Celina.—Es un peligro para los niños — añadió Olga.—No se preocupe, señora Olga. El cometa solo muerde cuando es necesario — dijo Davi.—Fuera, perro — ordenó Celina. El cometa retrocedió.—Cometa, quédate — mandó Davi. El animal adoptó posición de ataque.—Hijo... — dijo Celina.—Tranquila, mamá — respondió él.Rodrigo miró a Davi, se sentó a su lado y le dijo en voz baja:—¿Te diste cuenta de lo que yo vi?—Desde hace rato. Bruninho, toma tus cosas y ve con tu mamá. Te mandará a dormir, ya pasó tu hora — indicó Davi.—Sí, papá — dijo Bruninho.Juntó sus cosas y se levantó. Ofel le sacó la lengua y Bruninho hizo lo mismo. La madre de Ofel lo reprendió, y la madre de Davi hizo lo mismo con Bruninho. El niño se acercó
—¿Liz dio guerra? — preguntó Alice.—No, despertó hace poco y tomó su biberón — respondió Celina.—¿Y Bruninho? — preguntó Alice.—Mamá, me porté bien. Estuve cuidando a Liz, no lloró — dijo Bruninho.—Estoy orgullosa, mi amor — dijo Alice.Se sentaron en el sofá.—Tienen una familia muy hermosa — dijo Olga.—Gracias — respondió Davi.—Mi hijo quedó encantado con la belleza de su esposa. No nos malinterpreten, le gustó como amiga. Mi hijo es ingenuo, insistió en venir a visitar a Alice — explicó Olga.—Es que Alice es mi amiga — dijo Ofel.—Qué bien — dijo Davi con sequedad.—¿Y Mara? — preguntó Alice.—Ya se fue — respondió Celina.—¿Me puedo comer las patatas? — preguntó Ofel.—Sírvete. Alice, ya tenemos tantos proyectos para la nueva ONG — dijo Celina.Comenzaron a conversar sobre la ONG que estaban montando. Davi empezó a analizar a Ofel. Tenía aire de bobo, medio torpe, parecía un completo idiota, pero no lo era. Miraba a Alice como a cualquier otra persona, sin ninguna mala inte
Él puso las manos en su cintura, ella se detuvo un instante, hizo un movimiento de cadera y volvió a cabalgar. Y entre gemidos, él dijo: —Carajo, Alice, estás buenísima. Sigue así, no pares, mi putita traviesa. Ella cabalgó más rápido. Él ya no aguantaba más. Ella cayó sobre su pecho con la respiración agitada. Él le pasó las manos por la espalda y comenzó a embestir fuertemente en su interior. Lo hizo de forma frenética y rápida, mientras Alice gemía alto. Sintió cómo ella se contorsionaba, su interior se contraía, sus piernas temblaban, quedó blanda y con la respiración jadeante. —Te viniste, pícara — dijo Davi. —¡Uuuuui, me vine! — respondió Alice, agitada. Él la retiró de encima, la recostó en la cama, se puso sobre ella y, en la posición de misionero, la penetró. Ella estaba muy sensible, lo que lo determinó aún más. Comenzó a embestir en esa cavidad deliciosa y hambrienta. A un ritmo frenético, su miembro entraba y salía de ese lugar apretado y caliente. Ella gemía y ar
Él puso las manos en su cintura, ella se detuvo un instante, hizo un movimiento de cadera y volvió a cabalgar. Y entre gemidos, él dijo:—Carajo, Alice, estás buenísima. Sigue así, no pares, mi putita traviesa.Ella cabalgó más rápido. Él ya no aguantaba más. Ella cayó sobre su pecho con la respiración agitada. Él le pasó las manos por la espalda y comenzó a embestir fuertemente en su interior. Lo hizo de forma frenética y rápida, mientras Alice gemía alto. Sintió cómo ella se contorsionaba, su interior se contraía, sus piernas temblaban, quedó blanda y con la respiración jadeante.—Te viniste, pícara — dijo Davi.—¡Uuuuui, me vine! — respondió Alice, agitada.Él la retiró de encima, la recostó en la cama, se puso sobre ella y, en la posición de misionero, la penetró. Ella estaba muy sensible, lo que lo determinó aún más. Comenzó a embestir en esa cavidad deliciosa y hambrienta. A un ritmo frenético, su miembro entraba y salía de ese lugar apretado y caliente. Ella gemía y arañaba su
Bajó por su cuello hasta llegar a sus pechos perfectos. Siguió bajando, pasando la punta de la lengua por su vientre y mordisqueando en ciertos lugares. La levantó y la acostó en la orilla de la cama. Con la boca le quitó la ropa interior, le abrió las piernas y se arrodilló entre ellas. Pudo ver su zona íntima suave y rosadita. Comenzó a chupar esa maravilla con fuerza. Luego introdujo la lengua profundamente, succionando ese delicioso néctar. Eso lo excitó muchísimo al saber que ella se acercaba al orgasmo. La penetró con la lengua mientras una mano estimulaba su clítoris. Ella gemia mientras la chupaba, incapaz de controlar la emoción y el deseo. Metió dos dedos en su interior y ella se corrió en su boca, contorsionándose por completo. Entonces se detuvo, se puso de pie, se quitó los bóxers y su miembro saltó a la vista, ya completamente duro. Ella se acomodó en la cama. En posición de perrito, le dio un beso en los labios, lo rompió y la miró fijamente a los ojos. Con delicadeza,







