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last update publish date: 2026-11-01 13:06:01

Horas después...

El coche de Camila llega. Alice baja del coche, está nerviosa. Ella se queda esperando, esperando, toma el maletín que yo dejé con ella. Tardo un poco y él aparece. Ellos conversan, y él le entrega el maletín a él. Deja que ella salga para poder actuar. Ellos conversan, y de repente él le da un puñetazo en la barriga, desgraciado. Ella cae y él patea su barriga. Yo no pienso mucho, voy hasta el coche y tomo mi bate de béisbol. Voy hasta allá, despacio, él está agachado jalando
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  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    763

    —¿O lo tendría...? Todo indica que algo está mal. Tienes que pensar en eso, Davi. No puedes ser tan ciego. —Intenta jugar con mi supuesta ceguera, con mi supuesto amor por Alice, intentando alcanzarme en un punto vulnerable. —Si es eso... voy a investigar. —digo con frialdad implacable, pero con una inflexión sutil en la voz, fingiendo una pequeña duda. Doy otra calada a mi cigarrillo, mi mirada gélida fija en mi padre, pero con un pequeño cambio, casi imperceptible. —Davi, la mujer es un bicho que uno usa y tira, esta mujer... la estás dejando manipularte. —Intenta apelar a mi lado más sombrío, a mi sed de venganza, a mi propia naturaleza manipuladora. Está tocando mi dolor, intentando alcanzarme en un punto vulnerable. —Me hiciste quedar alerta, voy a investigar... —Finjo considerar la posibilidad, mi voz suave, casi dulce. —¡Sé que estoy en lo cierto! Necesitas tener cuidado, Davi. No dejes que ella te use. —Él está confiado, creyendo que me alcanzó. No percibe que lo estoy

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    762

    Todo listo. Mañana, el comienzo de mi venganza. Apago mi notebook, la pantalla oscureciéndose como la oscuridad que se aproxima a Leandro y a todos los que osaron ponerse en mi camino. Enciendo un cigarrillo, el humo blanco elevándose como una ofrenda a mi implacable frialdad. La nicotina calma, superficialmente, mis nervios, pero no mi sed insaciable de venganza. Mi implacable determinación permanece intacta, enfocada en mi objetivo, cristalina en su frialdad.La puerta se abre sin ceremonia, la invasión interrumpiendo mis pensamientos. Mi padre, Otávio, entra en mi despacho sin llamar, su presencia una intrusión en mi concentración, una molestia que soporto con implacable paciencia. Él me observa, su expresión una mezcla de preocupación y culpa, un reflejo de su propio miedo y de su impotencia ante mi implacable naturaleza. Se acerca, y yo lo analizo con frialdad, calculando su intención, anticipando sus palabras, saboreando el control que poseo sobre la situación.—Davi, vamos a te

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    761

    una miríada de fuentes de información convergiendo en un único objetivo: rastrear a Tatiane. Las informaciones surgen en la pantalla, fluyendo como un río implacable: localización en tiempo real, hábitos, rutina, círculos sociales, amigos, familiares... detalles minuciosos sobre la vida de Tatiane, que analizo, interpreto y utilizo para construir una estrategia precisa, implacable, eficiente. Mi mente funciona como un complejo algoritmo, procesando datos con rapidez y precisión, anticipando reacciones, calculando riesgos, elaborando planes. Soy un depredador, silencioso e implacable, cazando a mi presa.Minutos se transforman en horas, horas en una red compleja de informaciones interconectadas. Los datos se conectan, revelando una red de conexiones, de patrones, de fragilidades. Monto un perfil completo de Tatiane, identificando sus puntos débiles, sus hábitos, sus miedos, sus rutinas. Construyo una estrategia perfecta para alcanzar a Leandro a través de ella, una estrategia que no de

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    760

    Mi venganza continúa, implacable, fría. Salgo del cuarto, dejando atrás el silencio pesado y la figura de Fernanda, atrapada en su propia cama de hospital y en sus propias reflexiones. Camino por el pasillo, el sonido de mis pasos resonando en el ambiente estéril, casi como un presagio de mi implacable venganza. Las paredes blancas y el olor a desinfectante me rodean, pero la frialdad que me envuelve es mucho mayor, mucho más profunda. Es la frialdad de mi alma.Llego al vestíbulo, la luz del sol de la tarde me golpea de lleno, pero apenas la percibo. Mis ojos están fijos en mi objetivo. Mi venganza. Mi coche está estacionado en el aparcamiento, un punto negro en un mar de concreto. Entro en el vehículo, sintiendo el cuero frío del asiento bajo mi piel, la temperatura del coche reflejando la temperatura de mi corazón. Una frialdad implacable, que nada puede derretir. Enciendo el motor, el ronroneo suave del coche me invade, pero mis pensamientos están lejos, perdidos en la compleja re

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    759

    Mi venganza no tendrá fin. Mi posesión por Alice tampoco.—Jajajaj... nosotros dos sabemos que ella me pertenece —digo, mi voz fría, implacable, mientras una sonrisa cruel se extiende por mis labios. La afirmación es una declaración de posesión, una sentencia, una promesa. Una promesa de dominación, de control, de posesión absoluta.El silencio que sigue es denso, cargado de una tensión casi palpable. Fernanda me mira, sus ojos abiertos. Ella sabe que soy capaz de cualquier cosa para mantener a Alice bajo mi control, para poseerla completamente, para vengarme de todos aquellos que me hicieron mal. De repente, Fernanda habla, su voz un hilo de voz, cargada de preocupación:—¿Y por qué Isa no está viniendo a verme? Lleva dos días sin su visita. ¿Acaso no la estás prohibiendo venir aquí? —La pregunta sale vacilante, cautelosa, cargada de una preocupación genuina por la amiga.Me giro, de espaldas a ella, mi sonrisa se desvanece, dando lugar a una expresión fría e implacable. Mi frialdad

  • El Arrepentimiento Del Ex Marido    758

    Mi rabia hierve, un volcán a punto de entrar en erupción. Mi venganza, antes enfocada en Leandro y Lara, ahora se expande, engullendo a mi padre, Otávio, y a todos aquellos que participaron en esa cruel farsa. Una ola devastadora de furia y dolor me toma por completo. Mi justicia será implacable, sin treguas.—¿Qué vas a hacer ahora? —pregunta Fernanda, su voz débil, pero con un toque de preocupación.—Venganza. —respondo, mi voz fría, implacable. La palabra suena como una sentencia de muerte. Para todos ellos.Fernanda suelta otra carcajada, esta vez más larga, más amarga, más llena de una ironía cortante que corta el aire enrarecido del cuarto como una hoja afilada. Una carcajada que hace eco a su incredulidad, su horror, su admiración perpleja, y también, tal vez, un toque de miedo.—¿Tendrás coraje de matar a tu propio padre? —pregunta, su voz cargada de ironía, de burla, de una punta de admiración.—Jajaja, claro... si tuve coraje de matar a mi querida abuelita, quién dice mi que

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