Compartilhar

Capitulo 3

Autor: J Ran
last update Data de publicação: 2025-10-19 01:51:12

Las últimas luces del sol se estrellaban contra los ventanales de la mansión Suárez, bañando de reflejos dorados los muros blancos y fríos. Afuera, el mar golpeaba la costa con un rumor constante, como si quisiera advertir que algo se avecinaba.

Dentro de la mansión, sin embargo, la verdadera tormenta estaba encerrada entre cuatro paredes.

Juana esperaba a su hija en el pequeño salón lateral, un espacio más modesto dentro del lujo, con las manos crispadas sobre el regazo. El aroma dulce del jazmín que venía del jardín no lograba suavizar la amargura que le llenaba la boca. Amalia, en cambio, aguardaba en el salón principal, donde el eco de cada paso sobre el mármol pulido resonaba como el redoble de un tambor antes de la batalla. Ambas mujeres, tan diferentes y tan parecidas en su determinación, estaban dispuestas a defender a sus hijas… aunque eso significara destrozarse mutuamente.

El eco de los tacones de Amalia Villarreal fue lo primero que se escuchó, seco, firme, anunciando su llegada. Su vestido de seda negra se deslizaba como una sombra elegante, y cada uno de sus movimientos llevaba la precisión de quien sabe que su presencia es un arma. Las joyas en sus dedos tintineaban levemente, reflejando la luz de las lámparas, pero lo que realmente brillaba en ella no era el oro, sino la furia contenida.

—¡Greta te odiará si lo haces, Aníbal! —soltó de pronto, su voz cortante, atravesando la estancia como una daga—. ¡No entregaré a Greta como pago por tus pecados!

Al otro lado, Juana Rivas, vestida con sencillez —una blusa de algodón y una falda oscura—, se aferraba al respaldo de una silla. Sus nudillos estaban blancos y sus uñas hundidas en la madera. No llevaba perfumes caros, pero de ella emanaba un aroma sutil a jabón y lavanda, un olor que hablaba de hogar, de lucha y de dignidad. Sus ojos oscuros, brillantes por la contención, no se apartaban de Amalia.

—¿No hay otra solución? —preguntó, con voz grave pero controlada—. Renuncia a tu dinero y protege a tus hijas.

Amalia dejó escapar una risa seca, casi un chasquido.

—¡Oh, Juana! —su tono rezumaba veneno—. Jamás dejaré mi vida de lujo. Tu hija es la que debe pagar por todos. Ella… ni siquiera debió nacer.

Juana sintió un latigazo en el pecho. Avanzó un paso, cada músculo tenso, la voz vibrando de ira.

—No vuelvas a atreverte a hablar así de mi hija. Aquí el único culpable es tu marido… por negarte cuando lo conocí.

Un portazo interrumpió la tensión, reverberando en las paredes como un trueno. Greta Suárez apareció en el umbral, impecable, majestuosa, con un vestido rojo que abrazaba su figura y un moño tan pulido que parecía una corona invisible. Su mirada barría la sala con frialdad calculada, como si evaluara un campo de batalla.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó, su voz grave, templada por el control.

Tras ella irrumpió Greeicy, con el ímpetu de un rayo. Jeans rasgados, chaqueta de cuero, botas gastadas, el cabello suelto cayendo en ondas salvajes. Su andar era un desafío, una declaración de que no pertenecía a ese lugar aunque estuviera allí por sangre. Sus ojos verdes brillaban con ironía y un destello de diversión retorcida.

—¿Qué me perdí? —soltó, ladeando la cabeza con una sonrisa torcida—. ¿Ya están repartiendo las coronas o seguimos con las puñaladas?

—¡Cierra la boca, mocosa! —escupió Amalia, sin perder el porte.

Greeicy se encogió de hombros y se dejó caer en el sofá, hundiéndose en los cojines como si estuviera en su propia casa.

—Tranquila, madrastra… Qué intensidad para un día tan bonito.

Greta giró hacia ella, los labios tensos como una línea afilada.

—No es una broma, Greeicy. Nuestro padre está obligado a comprometer a una de nosotras.

El silencio cayó como una losa. Incluso el reloj de pared parecía contener su tic-tac.

Greeicy arqueó una ceja, su sonrisa desvaneciéndose poco a poco.

—¿Comprometido? ¿Cómo en una subasta? ¿O como en una transacción bancaria?

—¿Qué? ¿Qué ha dicho esta mujer, mamá? —preguntó, buscando a Juana con la mirada.

Amalia, impasible, intervino.

—A los Montenegro —su voz era tan fría que dolía—. Quieren una esposa para el heredero viudo. Y al parecer, ustedes están en venta.

Greeicy soltó una carcajada breve, sin un gramo de alegría.

—¿Qué sigue? ¿Un catálogo? ¿Subimos fotos?

—¡Basta! —bramó Aníbal, golpeando la mesa con tal fuerza que las copas tintinearon—. ¡Esto no fue mi elección!

Greta lo encaró, la furia tiñéndole las mejillas de un rojo más vivo que su vestido.

—Entonces dime, ¿quién lo decidió? ¿A quién le cediste el derecho sobre mi futuro?

Amalia apretó los labios, rehusando responder. Juana solo bajó la mirada, su respiración temblorosa.

—Los Montenegro lo impusieron —dijo al fin Aníbal, con un peso en la voz—… y no se puede decir que no.

Greeicy se levantó despacio, como si cada músculo en su cuerpo estuviera evaluando el peligro. Su gesto burlón desapareció, sustituido por algo más frío, más afilado.

—Esto es una locura… Aunque es obvio que yo estoy lejos de ser la elegida.

Amalia aprovechó el momento, lanzándole a Juana una mirada venenosa.

—Te equivocas. Que pague la hija de la amante. Ya fue suficiente con lo que nos quitó.

Juana alzó el rostro, con lágrimas que parecían fuego en sus ojos.

—¡No permitiré que la usen como un pago sucio!

Pero fue la voz grave de Aníbal la que puso el sello final.

—No se discutirá más. La familia Montenegro… ha decidido que será Valentina quien elija. La hija de Dylan Montenegro.

El silencio volvió, pesado como plomo. En ese instante, hasta el viento que venía del mar parecía haberse detenido. Greeicy sintió un extraño alivio mezclado con un nudo en el estómago. Creía que podía estar tranquila… pero algo, en el fondo, le decía que la tormenta apenas comenzaba.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • El CEO Necesita una Esposa    Epílogo

    Tiempo después El mar brillaba bajo la caricia suave del atardecer. La arena, tibia todavía por el sol de la tarde, se deshacía entre los dedos de Valentina mientras corría descalza junto a su hermano menor. Cada paso dejaba huellas pequeñas que el oleaje venía a besar y borrar, como si el tiempo mismo jugara con ellos.Valentina, con su cabello suelto y ondeante, reía a carcajadas. A sus diez años se había convertido en una niña fuerte, creativa y feliz. En su rostro ya no quedaba rastro del dolor que había marcado su infancia.A su lado, un pequeño de 2 años trataba de seguirle el ritmo. Su cabello oscuro brillaba con reflejos dorados bajo la luz, y sus ojitos grandes, iguales a los de Dylan, estaban llenos de curiosidad. Tropezaba de vez en cuando, pero Valentina lo tomaba de la mano con ternura, como si quisiera guiarlo en cada paso de su corta vida.—¡Más rápido, Matías! —exclamó Valentina, estirando su brazo para jalarlo suavemente.El niño jadeaba, pero sonrió, mostrando sus p

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 52

    El campus de la universidad estaba en plena ebullición. Los árboles, vestidos de verde intenso, daban sombra a los estudiantes que caminaban con libros y carpetas bajo el brazo, mientras el aire se llenaba de risas, conversaciones y el murmullo lejano de un grupo que practicaba música en los jardines.Greeicy acababa de salir de una clase y el sol tibio de la tarde acariciaba su rostro. Caminaba con paso tranquilo, pero un mareo repentino la obligó a detenerse. Se llevó la mano a la frente, intentando respirar hondo. El mundo giraba a su alrededor, los sonidos se volvían lejanos, distorsionados, como si estuviera bajo el agua.—¿Greeicy? —preguntó una compañera, alarmada.Antes de poder responder, las piernas de la joven cedieron y su cuerpo cayó suavemente hacia el suelo. Los estudiantes gritaron, corrieron en su dirección.—¡Ayuda, alguien que llame a emergencias! —se escuchó entre voces asustadas.Dylan estaba en una reunión de trabajo cuando recibió la llamada. El corazón se le ac

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 51

    El sol de la primavera se filtraba por los ventanales del hospital, bañando la habitación de Valentina con un resplandor dorado. Afuera, los árboles mecían sus ramas y un grupo de aves trinaba en la distancia, como si presintieran que algo grande estaba a punto de suceder. Dylan estaba sentado en una de las sillas, los codos apoyados en sus rodillas y las manos entrelazadas, mientras observaba a su hija con una mezcla de ansiedad y esperanza.Valentina, con sus ojos grandes y chispeantes, se encontraba en el centro de la sala de rehabilitación. A su alrededor, los doctores murmuraban, ajustaban las máquinas, pero había una atmósfera distinta, cargada de expectativa. —Valentina —dijo uno de los médicos, con una sonrisa contenida—. Cuando estés lista, da un paso.La habitación quedó en silencio. Dylan contuvo el aliento. Recordaba los días oscuros, las lágrimas de impotencia, la manera en que su hija se negaba a aceptar lo que le había sucedido tras aquel accidente. Pero también record

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 50

    Los días habían pasado con un ritmo extraño, como si el tiempo se hubiera detenido y a la vez corrido demasiado deprisa. La tormenta que había sacudido a la familia parecía, poco a poco, dar tregua. Sin embargo, en algún rincón del mundo, el eco del pasado aún dolía.En la cárcel, Amalia vivía un tormento distinto. Las rejas frías, oxidadas y cubiertas de polvo, eran ahora su mundo. El olor metálico se mezclaba con el hedor a humedad que impregnaba los muros, y el eco de los candados resonaba cada noche como un recordatorio de su derrota.La primera vez que intentó imponerse, como solía hacerlo en su vida de lujos, una de las reclusas la empujó contra la pared y le dijo con desprecio:—Aquí no eres nadie.Ese día lo entendió. Ya no era la señora Suárez, ni la mujer de Aníbal, ni la madre protectora que decía ser. Era solo Amalia, una interna más, una sombra perdida.Cada noche lloraba en silencio, recostada en el colchón duro que olía a sudor y lejía. Cerraba los ojos y murmuraba nomb

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 49

    La noche en la colina estaba envuelta en un silencio sepulcral, apenas roto por el silbido del viento que azotaba los árboles. La casa vieja, aquella donde Amalia se escondía, parecía un fantasma del pasado: ventanas rotas, maderas crujientes y un olor a humedad impregnando el aire.Las camionetas negras se detuvieron frente al portón oxidado. Elías dio la orden, y varios hombres descendieron, armados y atentos. Dylan iba junto a él, con el rostro serio, dispuesto a enfrentar al demonio que casi destruye a su familia.—Está adentro —murmuró Elías, señalando la luz tenue que se filtraba por una ventana del segundo piso.Con un golpe certero, derribaron la puerta. El estruendo resonó por la casa como un trueno. Desde arriba, un grito desgarrador se escuchó:—¡No! ¡No entren!Amalia apareció en lo alto de la escalera, con el cabello desordenado y los ojos encendidos de furia. Sostenía una botella rota como si fuera un arma. Su respiración era agitada, y la sombra de la locura se reflejab

  • El CEO Necesita una Esposa    Capitulo 48

    El aire en la sala de la mansión Suárez estaba cargado de una tensión sofocante. Afuera, la tarde caía lentamente, pintando el cielo con tonos naranjas y violetas que se filtraban por los ventanales. Sin embargo, dentro, nadie reparaba en la belleza del atardecer. La atmósfera estaba impregnada de un silencio expectante, apenas roto por el tictac metálico del reloj de pared.Greta permanecía sentada en el sillón de terciopelo verde, con las piernas cruzadas y el rostro altivo, aunque sus manos delataban nerviosismo al apretar con fuerza la tela de su falda. Frente a ella, Dylan caminaba de un lado a otro como una fiera enjaulada, la mirada fija en el suelo, los puños cerrados. Greeicy estaba en un rincón, con los brazos cruzados y el corazón golpeando en el pecho: sabía que ese momento era inevitable, pero no por eso menos doloroso.Aníbal, de pie junto a la chimenea apagada, observaba a todos con la seriedad de un juez que está a punto de dictar sentencia. Su mirada dura no se aparta

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status