LOGIN—Hablemos afuera ahora mismo —dijo Henry en voz baja, pero con firmeza.Sin esperar a que Jeremy respondiera, Henry se acercó y lo sujetó del brazo.Lo sacó de la habitación del hospital a paso rápido. Su rostro todavía reflejaba una sorpresa que le resultaba imposible disimular. No quería hablar de una información tan importante delante de Clara y Zoey.Clara y Zoey intercambiaron una mirada antes de dirigir la atención hacia la puerta que acababa de cerrarse.Zoey frunció el ceño. Seguía abrazando su teléfono mientras observaba la puerta, intentando comprender por qué su padre se había marchado de repente de aquella
La luz de la mañana comenzaba a filtrarse por las rendijas de las cortinas, iluminando una parte del comedor de la mansión, que todavía permanecía en silencio.Leo estaba sentado en una de las sillas de la mesa del comedor. La camisa que llevaba puesta estaba ligeramente arrugada y su cabello aún no lucía tan arreglado como de costumbre. Su rostro reflejaba cansancio. Desde temprano, no había hecho más que permanecer sentado en silencio, sin tocar siquiera la comida que habían servido frente a él.De vez en cuando, dirigía la mirada hacia las escaleras que conducían al piso superior. En varias ocasiones pareció dispuesto a levantarse, pero siempre terminaba cambiando de opinión.—¿Bella sigue durmiendo? —preguntó Leo con voz ronca.Volvió la mirada hacia Bertha, que estaba acomodando los utensilios del desayuno. La mujer colocaba los platos y los vasos con cuidado, procurando evitar cualquier ruido demasiado fuerte.Bertha detuvo lo que estaba haciendo. Bajó la cabeza antes de respond
La puerta del baño se abrió lentamente. Bella salió con las pocas fuerzas que aún le quedaban. Tenía los ojos enrojecidos e hinchados por el llanto, rodeados de profundas ojeras que acentuaban su sufrimiento.En la amplia habitación, Bertha ya la esperaba de pie, con el rostro pálido. Sostenía una bandeja de plata sobre la que había un vaso de agua y una pequeña pastilla blanca que destacaba bajo la luz de las lámparas.—Señorita Bella, debe tomarse esta pastilla cuanto antes —dijo Bertha en voz baja mientras se acercaba. Su voz temblaba, dejando entrever la profunda compasión que sentía por ella.Bella se quedó inmóvil por un momento. Contempló aquella
Bella siguió forcejeando con las pocas fuerzas que le quedaban. Pero el peso de Alejandro la aplastaba sin remedio, y sus manos le sujetaban las muñecas contra el colchón con tanta fuerza que sentía los huesos a punto de desencajarse.El aliento del hombre olía a alcohol y sudor, y le quemaba la piel del cuello mientras su boca empezaba a desgarrarle el cuello de la blusa con voracidad.Los dedos de Bella tantearon la superficie de la mesita de noche. Las uñas rasparon la madera áspera hasta que la palma de su mano chocó con un metal frío. De un tirón desesperado, arrancó el cable de la lámpara y estrelló la pantalla de cerámica contra la cabeza de Alejandro.¡CRASH!—¡Agh! —Alejandro soltó un gruñido ahogado y la cabeza se le fue hacia un lado.Bella le clavó el pie en el estómago y lo hizo caer de espaldas de la cama.—¡Maldita sea! —Alejandro se llevó una mano a la sien, de la que brotaba un hilo de sangre, y sacudió la cabeza con fuerza para despejar el mareo.Bella saltó de la ca
Martin se apresuró a guardar el teléfono en el bolsillo del saco y agarró el maletín que había quedado colgado del respaldo de la silla. Sin hacer preguntas, se lo apretó contra el costado y echó a correr por el pasillo del restaurante para alcanzar a Leo, que ya había salido del salón privado.En el vestíbulo principal, los pasos de Leo golpeaban el mármol con un ritmo constante, el de un hombre que exige que le abran paso.Los comensales que conversaban se quedaron paralizados y giraron la cabeza al ver pasar a aquel hombre de rostro tenso.Leo no hizo caso de ninguna de las miradas. Tenía los ojos clavados en la puerta automática de cristal del fondo.Martin lo alc
Bertha permanecía inmóvil en medio del comedor. Varias sillas estaban fuera de su lugar, mientras los cubiertos y demás utensilios seguían desordenados sobre la mesa.La partida de Alejandro junto con Bella había dejado un ambiente tan tenso que los empleados solo podían mirarse unos a otros, sin saber qué hacer.Bertha apretó ambos puños. Sabía perfectamente que Alejandro Alarcón no era un hombre al que se pudiera desafiar fácilmente. Sin embargo, pensar en lo que sucedería si Leo regresaba a casa y descubría que su padre se había llevado a su esposa por la fuerza le provocaba un profundo malestar.Miró hacia la puerta principal y luego volvió a bajar la vista al







