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Capitulo 3

last update publish date: 2026-08-15 12:48:14

La rabia de Nikolai ardió en su pecho de golpe. Olvidó el bajo perfil, olvidó el imperio clandestino, olvidó que su regla número uno era no llamar la atención. La cobardía de esos tipos humillando a una mujer herida que apenas podía mantenerse en pie sobrepasó su paciencia.

Con pasos firmes y pesados, Nikolai atravesó el vestíbulo. Se colocó al lado de Chae-yeong, interponiendo su masa corporal entre ella y los guardias de seguridad. Su mirada fría fijó a Seung-hyun con tal intensidad que el joven narcisista retrocedió un paso instintivamente.

—¿Y tú quién demonios eres? —escupió Seung-hyun, intentando recuperar la compostura mientras miraba la ropa sencilla de Nikolai—. Huele a diésel... ¿Un simple chofer de carga? ¿Qué hace un miserable muerto de hambre metiéndose en los asuntos de la junta directiva? ¡Sal de aquí antes de que te haga arrestar!

Antes de que Nikolai pudiera responder o dar un paso en falso, la voz rotunda de la abuela Park retumbó desde atrás, haciendo eco en todo el edificio:

—¡Lávate la boca antes de hablarle así, muchacho insolente! —la anciana avanzó con la frente en alto y una sonrisa de triunfo en los labios—. ¡Él no es ningún muerto de hambre! ¡Él es el esposo legítimo de Yoon Chae-yeong y el nuevo protector de esta familia!

Un murmullo colectivo recorrió a los decenas de empleados presentes. Chae-yeong miró a su abuela con los ojos abiertos de par en par, completamente descolocada. Seung-hyun se echó a reír con burla.

—¿Esposo? ¡Por favor! ¿Se casó con un chofer cualquiera para dar lástima?

Nikolai apretó los dientes. Sabía que debía desmentirlo. Sabía que revelar un vínculo formal tiraba por la borda años de estrategia para permanecer en el anonimato. Pero al mirar de reojo a Chae-yeong, vulnerable, temblando de rabia y sin fuerzas para defenderse sola, el orgullo y la caballerosidad de Nikolai ganaron la batalla.

Se acomodó la chaqueta, rodeó con firmeza la cintura de Chae-yeong para sostener su peso y miró a Seung-hyun desde su imponente altura.

—Tiene tres segundos para quitarse de nuestro camino —dijo Nikolai con una voz profunda que hizo callar a todo el vestíbulo—. O le juro que la condición médica de mi esposa será el menor de sus problemas.

Seung-hyun, intimidado por la amenaza latente en los ojos del extraño, apretó los puños y dio un paso al costado, dejando el paso libre hacia los ascensores ejecutivos.

Las puertas metálicas del ascensor privado se cerraron, cortando de golpe los murmullos del vestíbulo. El indicador numérico comenzó a subir en absoluto silencio.

Adentro, la tensión era sofocante.

Chae-yeong se soltó suavemente del agarre de Nikolai, apoyándose en la pared del ascensor. Lo miró con una mezcla de conmoción e incredulidad.

—¿Por qué... por qué dijiste eso? —preguntó ella con la voz agitada.

—Pregúntele a su abuela —respondió Nikolai, apoyando la espalda contra el espejo del ascensor y pasándose ambas manos por la cara, soltando un largo y pesado suspiro.

La abuela Park le dio una palmadita afectuosa en la espalda a Nikolai, sonriendo con absoluta satisfacción.

—Lo hiciste de maravilla, mijo. ¡Qué voz tan dominante! Así es como se le habla a las alimañas.

Nikolai cerró los ojos por un segundo. La adrenalina del momento comenzaba a bajarse, y la fría realidad le dio un golpe de frente en la cara.

«¿Pero qué demonios acabo de hacer?», pensó aterrorizado por dentro. «Llevo cuatro años haciéndome pasar por un chofer de transporte nocturno para que ni la mafia rusa ni la junta directiva sospechen que soy el dueño mayoritario de estas terminales... ¡y por un impulso idiota acabo de gritarle a media empresa que soy el esposo de la heredera!».

Ahora Seung-hyun, la familia materna y todos los investigadores privados de la ciudad hurgarían en su pasado. Su perfil bajo estaba destruido. Se había metido solito en una guerra por el control de Busan, atado legalmente a una mujer que quería venganza y a una anciana que lo había engañado con un vaso de café.

El ascensor emitió un ping al llegar al piso ejecutivo.

La abuela caminó hacia las puertas que se abrían, mirándolo de reojo con una chispa de astucia pura.

—Tranquilo, mijo —dijo la anciana con una sonrisa encantadora antes de salir—. Que ahora es que empieza lo bueno.

Nikolai se quedó un segundo congelado dentro de la cabina, mirando al techo con una sola certeza cruzando su mente: el submundo de la mafia era un juego de niños comparado con la familia en la que se acababa de meter

En el piso ejecutivo de la Corporación Yoon, las alfombras eran tan gruesas que devoraban el sonido de los pasos, pero la tensión que arrastraba el pequeño grupo era lo suficientemente densa como para cortar el aire.

Las puertas dobles de la sala de juntas de la alta directiva estaban cerradas. Al otro lado se escuchaba el murmullo ahogado de más de doce ejecutivos, asesores legales y miembros de la familia materna que ya estaban celebrando por adelantado la destitución de Chae-yeong.

Antes de que Chae-yeong pudiera poner la mano en la manija de caoba, la abuela Park se interpuso suavemente, clavando los ojos en Nikolai.

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