เข้าสู่ระบบLillian caminó lentamente hacia donde su padre estaba sentado en la barra mientras inclinaba la cabeza. Todavía estaba pensando si esto era lo correcto. Simplemente nunca quiso esto, pero aun así, ¿su madre?
—¿Necesitas algo? —preguntó el Sr. Jeffrey, girándose ligeramente hacia ella tras notar su presencia. Ella inspiró hondo y tragó saliva con dificultad. —¿Cuándo se llevará a cabo la boda? —devolvió la pregunta, casi inaudiblemente, mientras volvía a tragar saliva. —¿Eh? —dijo el Sr. Jeffrey, fingiendo no saber a qué se refería. Lillian cerró los ojos y volvió a tragar saliva con dificultad, luego abrió los ojos mientras apretaba las manos a sus costados. —¿La boda todavía se llevará a cabo mañana? —preguntó de nuevo, intentando no reconsiderarlo. —Sí —respondió el Sr. Jeffrey asintiendo mientras reajustaba su asiento para poder mirarla directamente a la cara. —Está bien —dijo simplemente. —¿Eso significa que aceptas casarte? —preguntó el Sr. Jeffrey con expectación y el ceño fruncido. —No tengo opción —respondió en voz baja, y él esbozó una amplia sonrisa. Don estaba sentado en su cama con un cigarrillo entre los labios. Cogió un encendedor, encendió el cigarrillo y volvió a dejar el encendedor sobre el mueble. Fumó de su cigarrillo, echando humo tanto por la boca como por las fosas nasales. La puerta se abrió y entró una dama. —¿Qué quieres, Bella? —preguntó tras echar un vistazo a la dama. —¿Ya no puedo venir a ver a mi hermano? —dijo Bella mientras se dirigía hacia el sofá de la habitación, y Don se burló. —Solo escúpelo y vete —dijo Don, haciendo que Bella le lanzara una mirada furiosa. —Yo tampoco quiero perder mi valioso tiempo aquí. Sabes, tengo cosas más importantes que hacer —dijo mientras ponía los ojos en blanco. —Jeffrey llamó y dijo que su hija aceptó el matrimonio —dijo Bella de nuevo. —Bastante tardó —murmuró Don mientras echaba más humo. —También dijo que te prepararas; la boda todavía se celebra mañana —dijo Bella, pero no obtuvo respuesta de él. —Sabes, no entiendo por qué no estás feliz con esto. Quiero decir, es hermosa y también parece lista —dijo Bella de nuevo mientras se colocaba la mano bajo la barbilla. —No es mi tipo de chica, y lo sabes —afirmó Don simplemente, aún echando humo por la boca. —¿Entonces por qué aceptaste casarte con ella? —preguntó Bella, mirando fijamente a su hermano. —Porque necesito pagar un favor —respondió Don, sin inmutarse por la mirada fija. —Sabes qué, estás mal de la cabeza —dijo Bella mientras se levantaba con desdén. —Vuelve a decir eso y me quedaré con tu lengua por ello —amenazó Don, ahora mirándola con furia, y ella puso los ojos en blanco. —Eres consciente de que eso no funciona conmigo —dijo Bella y se alejó, mientras Don se burlaba y continuaba con lo que estaba haciendo. —¿Estás segura de que harás esto? ¿O quieres que hable con...........? —No, no te molestes. Ya le di luz verde a papá y él ya empezó a hacer los preparativos —interrumpió Lillian, mirando al vacío mientras se frotaba el brazo y Fred suspiraba. Estaban fuera de la mansión, en el patio. —Debes de tener frío. Toma, ten esto —dijo Fred mientras se quitaba la chaqueta y la envolvía alrededor de ella. —Gracias —murmuró ella y se hizo el silencio. —No puedo creer que mi hermana pequeña se vaya a casar antes que yo —dijo Fred con una risita, intentando romper el silencio, y Lillian esbozó una sonrisa triste. Fred lo notó y le dio un codazo ligero. —No te preocupes, estarás bien —aseguró Fred, y ambos volvieron a quedarse en silencio. —¿Cómo está la salud de mamá? —dijo Lillian después de un rato y Fred suspiró. —¿Está mejorando algo? —dijo de nuevo mientras lo miraba. —Bueno, no lo sabemos todavía porque el médico dijo que tal vez la manden fuera del país para un tratamiento adecuado —dijo Fred, y una lágrima corrió por los ojos de Lillian, pero se la limpió casi de inmediato. —El médico dijo que estaba en la etapa C, lo que significa que lleva tiempo luchando contra esto. ¿Tú lo sabías? —preguntó, intentando no llorar. —Yo tampoco lo supe hasta el mes pasado cuando tuvo un dolor de pecho terrible en mi presencia y tuvimos que llamar al médico —respondió Fred, haciendo que Lillian suspirara, entrando en otro momento de silencio. —¿Cómo volví a mi habitación hoy? Recuerdo haber salido de casa anoche, pero luego alguien me secuestró y me trajo de vuelta aquí. Quiero saber cómo ocurrió —dijo Lillian, rompiendo el silencio de nuevo, y se giró hacia Fred. Había estado queriendo hacerle esta pregunta a su padre, pero el miedo a decir o hacer algo precipitado la detuvo. De cualquier manera, se lo preguntaría a él si no obtenía respuestas de su hermano. —¿Tienes alguna idea de cómo ocurrió eso? —preguntó de nuevo, mirando directamente a su hermano, quien tenía la cabeza inclinada. —,,,,,,,,,,, Yo tampoco sé cómo, pero le preguntaré a papá —respondió en voz baja. —¿Qué tan segura estoy? —inquirió Lillian como dudando de él. —Tranquila, hermanita; solo dije que le preguntaría a papá —dijo Fred con una pequeña risa, y ella asintió levemente, volviéndose hacia el frente. Justo en ese momento, una sirvienta se acercó a ellos. —Buenas tardes, joven Fred y señorita Lillian. Su padre me pidió que los llamara para la cena —dijo la sirvienta con una reverencia. Él se inclinó un poco hacia Lillian: —¿Quieres cenar? —preguntó. —No, no tengo hambre —respondió ella mientras giraba la cara hacia el otro lado, y Fred soltó una risita. —Está bien, puedes irte ahora. Dile que nos uniremos a él en un momento —dijo Fred a la sirvienta, quien hizo una reverencia y se fue, haciendo que Lillian se burlara. —Vamos, vamos —persuadió él mientras se levantaba. —No voy a cenar —respondió Lillian, mordiéndose el labio inferior. —¿Y por qué es eso? —preguntó Fred mientras inclinaba la cabeza hacia su lado. —Porque no quiero —soltó con un pequeño ceño fruncido. —¿Sigue siendo por esto del matrimonio? —preguntó Fred, pero ella no dijo nada. —Uhh respóndeme. Me gustaría saberlo —dijo Fred de nuevo, y esta vez, Lillian se giró hacia él. —No es por el matrimonio ni por nada más —dijo ella la media verdad. —Entonces, vamos —dijo Fred, tirando de ella hacia arriba. —No quiero. Solo ve tú solo y cena —discutió ella mientras intentaba liberarse del agarre de Fred. —Levántate —dijo Fred mientras finalmente la ponía de pie. —No quiero —dijo Lillian intentando sentarse de nuevo en la silla, pero Fred no se lo permitió. —Vienes conmigo y asunto concluido —zanjó Fred y tiró de ella con él hacia el interior de la casa. El Sr. Jeffrey caminó hacia la cama en su habitación y se sentó al lado. Le dio unos toquecitos a su esposa. —¡Oye! Soy yo —dijo a modo de susurro y la Sra. Helen, tras oír la voz de su esposo, abrió los ojos mientras se sentaba. —Aceptó —reveló mientras una sonrisa se formaba en sus labios. —¡Aceptó casarse! —se alegró en un pequeño grito. —Baja la voz. ¿Y si te oye? —dijo la Sra. Helen mientras miraba hacia la puerta. —¿De verdad aceptó? —preguntó en voz baja para estar segura de lo que había oído. —Sí, y se celebra mañana —respondió su esposo con una pequeña risa. —¡Vaya! De verdad debe de preocuparse por mí —dijo con un pequeño suspiro. —Por supuesto, eres su madre —coincidió su esposo. —No deberías sentirte mal. Estamos haciendo todo esto por su bien, y lo sabes —la consoló cuando vio a su esposa inclinar la cabeza con tristeza. —Me alegro —dijo la Sra. Helen con una falsa y pequeña sonrisa, la cual su esposo notó pero decidió ignorar, aunque no a propósito. —Te dije que iba a aceptar. De esta manera, sabremos que no la forzamos a hacerlo —dijo el Sr. Jeffrey con orgullo y una amplia sonrisa, recostándose en la silla.La limusina entró en el recinto y se estacionó bien en la entrada del gigantesco edificio que había en él. Lillian y Don bajaron casi de inmediato mientras él la dejaba atrás, haciéndola burlarse. Vaya esposo.Él subió a su habitación y, al abrir la puerta, se encontró con Eva en su cama, elegantemente sentada con las piernas cruzadas como si estuviera esperando su llegada. Se detuvo por un momento y finalmente entró, cerrando la puerta detrás de él.—¿Cómo entraste? —preguntó mientras caminaba hacia el armario y empezaba a quitarse la ropa.—Quería ser la primera persona en felicitarte por tu boda —dijo ella en su lugar con sarcasmo y se levantó.—¿Te casaste hoy con otra mujer después de todo lo que hemos pasado juntos? —preguntó cuando él no dio señales de ir a decir nada al respecto.—¿Cómo pudiste después de saber cuánto te amo? —preguntó de nuevo, pero Don no dijo ni una palabra. Continuó con lo que estaba haciendo.—Ni siquiera te importaron mis sentimientos o cuál sería mi rea
Lillian se miró fijamente al espejo con el vestido de novia mientras suspiraba. Les había pedido a todas las maquilladoras y sirvientas que la dejaran sola mientras sopesaba sus pensamientos.Simplemente no podía creer que algún día vestiría un vestido de novia con tristeza en el corazón.Toda su vida, siempre había soñado con vestir este vestido de novia con una gran sonrisa en el rostro, su madre a su lado, y el hombre correcto que la amara y la valorara. Pero ahora, según parecía, todo eso se estaba destruyendo.Inclinó la cabeza y se limpió las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos y que intentaban caer.Intentó no arruinar su maquillaje; al menos, aunque ella no quería esto, su madre sí lo quería, y necesitaba cumplir una promesa.Alguien llamó a la puerta, interrumpiendo sus pensamientos.—¿Quién es? —preguntó, mirando hacia la puerta a través del espejo.—Es una de las sirvientas, señora, y estoy aquí para informarle que tiene una visita masculina —dijo la sirvienta, y l
Lillian caminó lentamente hacia donde su padre estaba sentado en la barra mientras inclinaba la cabeza. Todavía estaba pensando si esto era lo correcto. Simplemente nunca quiso esto, pero aun así, ¿su madre?—¿Necesitas algo? —preguntó el Sr. Jeffrey, girándose ligeramente hacia ella tras notar su presencia. Ella inspiró hondo y tragó saliva con dificultad.—¿Cuándo se llevará a cabo la boda? —devolvió la pregunta, casi inaudiblemente, mientras volvía a tragar saliva.—¿Eh? —dijo el Sr. Jeffrey, fingiendo no saber a qué se refería. Lillian cerró los ojos y volvió a tragar saliva con dificultad, luego abrió los ojos mientras apretaba las manos a sus costados.—¿La boda todavía se llevará a cabo mañana? —preguntó de nuevo, intentando no reconsiderarlo.—Sí —respondió el Sr. Jeffrey asintiendo mientras reajustaba su asiento para poder mirarla directamente a la cara.—Está bien —dijo simplemente.—¿Eso significa que aceptas casarte? —preguntó el Sr. Jeffrey con expectación y el ceño frunc
Lillian gimió mientras se sentaba. Gimió de nuevo y se frotó la cabeza.Miró a su alrededor en el lugar donde estaba y se encontró sobre una cama.Además, volvió a mirar a su alrededor y vio que era su habitación.Asimismo, inclinó la cabeza como intentando recordar lo que había sucedido, pero aun así se frotó la cabeza levemente. Entonces lo recordó.Estaba en la sala de estar de Mark a punto de llamar a su hermano, pero en ese momento alguien le cubrió la nariz con un pañuelo y perdió el conocimiento.¿Pero cómo había vuelto a su habitación? Necesitando una respuesta a esta pregunta, se las arregló para levantarse de la cama e intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave.¿Eh? Intentó de nuevo, pero seguía cerrada. ¿Qué estaba pasando? Primero, un desconocido la trajo de vuelta aquí sin su consentimiento y ahora, la puerta de su habitación estaba cerrada con llave.—¿Hola?—¿Mamá? ¿Papá? ¡Hay alguien ahí! —dijo, girando con fuerza el pomo de la puerta, y fue entonces cuand
Fred llamó a la puerta y se escuchó la voz de su madre.—Adelante.—Buenos días, mamá. Buenos días, papá —saludó al entrar en la habitación.—Regresé en cuanto vi su llamada. ¿Ocurre algo? —preguntó de nuevo.Su padre, que estaba sentado en la cama, señaló el sofá. Fred entendió la indirecta y fue a sentarse. El señor Jeffrey también se levantó y tomó asiento frente a él.—Ya se lo dijimos.—¿Decirle qué? —preguntó Fred, confundido.—Lo de su matrimonio con Don.—¡¿Qué demonios?! —exclamó, poniéndose de pie de inmediato.—¡Papá, de qué estás hablando! —preguntó otra vez.—Lillian va a casarse con Don. Tu madre y yo ya hemos tomado esa decisión, pero necesitamos que nos ayudes a hablar con ella. Intentamos convencerla, pero...—...no pudimos, porque ahora nos odia aún más —terminó la señora Helen con los ojos llenos de lágrimas. Estaba haciendo un gran esfuerzo por no llorar.Fred no podía creer lo que acababa de escuchar. ¿Cómo habían podido hacerle algo así a Lillian? Y, de todas las
Lillian entró en su habitación y se dejó caer sobre la cama, dejando el bolso a un lado. ¿Qué estaba diciendo su padre? ¿Qué quería decir con que iba a casarse? ¿Y con un hombre al que ni siquiera conocía? ¿Qué estaba pasando?Todas esas preguntas daban vueltas en la mente de Lillian, y no podía evitar desear con todas sus fuerzas que su padre solo estuviera bromeando. La puerta volvió a abrirse y su madre entró. Permaneció inmóvil unos segundos antes de acercarse y sentarse junto a ella en la cama.—Dime que todo lo que dijo papá fue una broma —pidió Lillian de inmediato, con los ojos suplicantes, haciendo que la señora Helen suspirara.—Por favor... solo dime que estaba bromeando, que solo quería tomarme el pelo.Lillian se arrodilló sobre la cama y tomó las manos de su madre entre las suyas.—Ojalá fuera así, pero... —intentó decir la señora Helen, deteniéndose al ver las lágrimas acumulándose en los ojos de su hija.—De verdad vas a casarte.Aquellas palabras destrozaron el corazó







