ANMELDENPov Narrador La brisa entra por las cuevas angostas y oscuras de la montaña. Arrastrando el aire frío del invierno que no toca esas tierras. Las fronteras eran las más secas, las más bastas. Todo aquel que las pisaba ya sabía que estaba cerca de la tierra de los lobos del fuego. Dentro de una de las camaras naturales, encadenado a una pared como una bestia salvaje, estaba Artem. Débil, respirando agitado, con la sangre saliendo de cada herida que le habían infligido por diversión. Sus ojos azul medianoche, con destellos dorados, miran las piedras de fuego, ya casi oscurecidas. Lo mantenían así, con la plata y el acónito corriendo por sus venas. Esa era la peor de las torturas que él sentía en su cuerpo. Pero el tiempo se agotaba, las piedras a su lado se lo decían. Ellos sabían que con Artem lúcido, sin todas esas trampas, ya hubiese acabado con todos ellos. Un poco más. Se repetía a pesar de su debilidad. Solo un poco más. Mientras tanto, en otra parte de la montaña, e
Pov Edana Esto no se parecía en nada a una manada estable y en pie como lo habían descrito sus hombres antes de llegar aquí. Ahora no era más que escombros, casas destruidas, como si hubiese sido abandonada hace años y no un par de días. El aire huele a muerte, cenizas y madera quemada. El suelo está cubierto de hollín negro y cuerpos incinerados que pertenecieron a los hombres Kaelor. —Aquí, señor. Fue el único rastro que conseguimos del general. Kaelor se acerca al lugar que le señalan, yo me mantengo alejada dejando que él sea quien reuna las pruebas. Pero algo dentro de mí se agita haciéndome ver el bosque quieto y silencioso que nos rodea. Es como si el peligro nos acechara, nos esperara, aguardando el momento para sacar sus garras. —Quiero a tres escuadrones moviéndose ahora. Rastreen el bosque circundante. Necesito saber las direcciones hacia donde se movieron. Muevanse ya. Sus guerreros se movieron rápido, dejando salir a sus Lycan e internandose en el bosque
Pov Edana Me despierto con un dolor furioso quemando mi espalda. Como si ya no fuera un solo cuchillo caliente intentando dibujar algo en ella si no miles. Solana no está diferente a mí, sus ojos brillan con el fuego en ellos, tiembla tanto como yo de dolor, gimiendo bajo, deseando que pase. Me incorporo despacio llegando al borde de la cama, siseando por el escozor de mi feminidad que, aunque no es tan intenso, es molesto. No me sorprendería en lo más mínimo, ese hombre es grande en más de un sentido. Y aún en medio del dolor, no puedo evitar sonreír como tonta. «Edana, duele» «Lo sé, solo... déjame llegar afuera» Miro la habitación, no hay señal de Kaelor. La desilusión me golpea, un dolor diferente me atraviesa el pecho porque él no se quedó. Intento ponerme de pie, las piernas apenas me sostienen y cuando pienso que voy a caerme, unos poderosos brazos me sostienen. —Amor, ¿qué haces? Quédate en la cama. —No... yo, necesito... necesito... Veo la nieve afuera
Pov Kaelor "Te amo" No podía dejar de escucharla. No era la primera vez que lo decía. Aquella vez también lo dijo, como un susurro suave que no deseaba ser escuchado, pero yo pude oírlo. La aprieto un poco más contra mí, enterrando mi naríz en su cabello, aspirando su aroma salvaje a lirios de fuego. Lo amaba, desde el primer segundo que lo olí se había quedado impregnado dentro de mí. Yo no la merecía. ¿Cómo podía ella amarme después de todo lo que había hecho? La había encadenado. Esa fue la decisión más cruel y desesperada que pude tomar por no perderla. Me aterraba la idea que ella me dejara. Que se alejara de mi lado. Que eligiera cualquier destino menos el nuestro. Ella podía hacerlo. Podía elegir no quedarse al lado de una bestia que vuelve a amar cuando pensó que jamás lo haría de nuevo. Pero mi manera de hacerlo no es suave, no es paciente, no es perfecta. Es como una tormenta que destruye todo a su paso, que posee sin pedir permiso, que reclama sin dar op
Pov Edana La nieve seguía cayendo más fuerte que antes. La brisa fría entra por la pequeña ventana haciendo erizar mi piel por el contraste tan diferente de aquí adentro. Yo estaba que ardía, no era solo el calor que corre por mis venas, el que quema mi espalda con furia. Era el que Kaelor me provocaba con sus besos, con sus manos, con sus caricias. Su camisa desapareció en algún momento, dejándome tocar su espalda ancha y fuerte, sus músculos tensándose cada vez que pasaba mis uñas por ella. Expuse mi cuello libremente ante él; mi gemido ahogando el gruñido de Solana que se encerró en la oscuridad de mi mente dónde nada la alcanzaba. Sus colmillos volvieron a traspasarlo y, esta vez, no sentí dolor, solo el placer y el deseo ferviente que me provocaba. "Te amo" Las palabras danzaron en mi cabeza, deseando tanto salir y ser escuchadas. Pero me quedaría con ellas, guardadas en el fondo de mi mente y de mi alma así como cada entrega que hacía vibrar nuestro vínculo. Su
Pov Edana El cielo se torna más gris, con nubes espesas sobre nosotros y la nieve cayendo como una pequeña tormenta helada. Kaelor no se ha quedado quieto desde los mensajeros. Se mueve dando órdenes, maldiciendo el clima, haciendo la vida de muchos una agonía de miedo que ya no pueden ocultar. Sus puños permanecen cerrados en todo momento, su expresión dura, su aura alterada apartando a todo aquel que si quiera se cruce en su camino por error. Está frustrado, puedo verlo. El clima tampoco ayuda, solo empeora con cada segundo. Y sin embargo, me mantengo cerca de él. Queriendo ser su apoyo o una presencia que él pueda sentir y sepa que no está solo. Es su hermano. Debe estar preocupado. Que te digan que no está, que hubo sangre y había rastros de lobos de fuego, no debe ser una noticia que nadie se tome a la ligera. Es angustiante porque estás a kilómetros de distancia sin poder hacer nada. Justo ahora lo sigo en silencio subiendo una escalera interminable que gira y gi







