แชร์

9 Advertencias Sutiles

ผู้เขียน: Bia Nova
last update วันที่เผยแพร่: 2025-09-23 01:20:25

La brisa de la mañana en Central Park era un soplo de libertad.

Eleanor, con el cabello al viento, sentía que cada paso que daba junto a Omar la alejaba un poco de las paredes del penthouse.

Se había puesto unos jeans, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero. La mujer invisible de la noche anterior había desaparecido.

La vida que llevaba con Tariq era tan opuesta a este momento de paz que se sintió como si su realidad estuviera muy lejos ahora.

Omar caminaba a su lado, su presencia era una calma silenciosa. Habían hablado de todo menos de sus vidas.

De arte, de música. La conexión entre ellos era tan real que Eleanor se preguntó si no estaba soñando.

— Este lugar es diferente — Eleanor miró los árboles. — Siento que puedo respirar. — Omar sonrió. Sus ojos se encontraron con los de ella.

— Aquí las historias son más simples. Menos complicadas. — Él estuvo de acuerdo.

— Menos contratos. — Eleanor susurró, casi para sí misma. Omar la miró fijamente.

— Contratos… — No preguntó. Solo la observó.

— La vida — Eleanor dijo, esquivando el comentario. — A veces te atrapa en lugares que no esperabas.

— A veces. — Omar asintió. — Pero siempre hay una salida. O un nuevo camino. — Caminaron un poco más. Un silencio cómodo.

— ¿Tú crees en el destino, Omar? — Eleanor preguntó de repente. Omar se detuvo. La miró a los ojos intensamente.

— Más que en las coincidencias, sí. Creo que ciertas almas están destinadas a encontrarse.

Eleanor sintió un escalofrío. Sus déjà vus. Esos sueños extraños que a veces parecían recuerdos, como si recordara hechos y situaciones reales, pero ella estaba segura que no las había vivido.

Se llevó la mano a su medallón. La abuela de Eleanor, lo llevó siempre consigo y ella, en sus últimos días, se lo entregó a una joven Eleanor, y entonces le pareció estarla escuchado.

— Este medallón — le dijo con ojos penetrantes, — te mostrará el camino. No lo entiendas, siéntelo. Te conectará con una fuerza que está más allá de ti, y te guiará hacia tu verdadero destino. Siempre lleva el medallón contigo, es tu ancla.

Eleanor no había entendido las palabras de su abuela. Y, ahora ya era demasiado tarde para pedirle que se las aclarara.

Pensó en Jamila. Desde que había llegado al penthouse solía hablarle de halcones y rosas, de destinos… Al parecer ella no era la única que tenía un tornillo suelto en esa casa.

— Yo también — Eleanor dijo. Su voz era apenas audible. Se había quedado pensando en su abuela por unos segundos.

— A veces, lo siento. Como si ya hubiera vivido esto. — Omar sonrió. Una sonrisa triste, pero llena de comprensión.

— Entonces, quizás, no somos tan diferentes como parece. — De repente, Omar se detuvo. Miró a Eleanor, sus ojos amables se volvieron serios.

— Eleanor, ¿puedo confiar en ti? — dijo en voz baja.

Ella asintió, su corazón latía con fuerza.

— ¿Por qué me preguntas eso?

 —Porque a veces, los sueños son más reales que la vida. Y tengo un sueño recurrente, un sueño que me atormenta. — Eleanor sintió un escalofrío.

— Cuéntame.

— Sueño con una mujer con un ramo de rosas en las manos, de esas rosas del desierto, ¿Sabes? Ella es frágil y hermosa, y está en peligro. En mi sueño, siento que debo protegerla a toda costa. El sueño me ha perseguido desde que era un niño. — Omar se quedó en silencio unos segundos.

Ella apretó con fuerza el medallón y lo miró con atención.

— Es por eso que me dedico a la filantropía. Creo que es la única forma de que pueda dar rienda suelta a esta necesidad que tengo de ayudar a los demás.

Eleanor sintió que el mundo se detenía. Era una sensación, como si las palabras de Omar le recordaran las historias de su abuela.

Su medallón se sintió tibio en su pecho.

Jamila le había contado una breve historia, algo sobre una leyenda, la "Rosa del Desierto"…

Las palabras de Omar eran parecidas al cuento de Jamila. Seguro eran fábulas propias del folklore de su país.

Mientras tanto, una pesada quietud se cernía sobre la oficina de Al-Farsi Petroleum.

El aire, denso con el aroma a cuero y poder, vibraba con una tensión que no era producida por los negocios.

Tariq, con los puños cerrados, no podía quitarse de la cabeza la escena de la noche anterior. Eleanor, riendo con Omar, una complicidad tan natural que le revolvía el estómago.

— ¿Qué sabes de Omar Haddad? — preguntó con voz cortante.

Amir, su consejero de toda la vida, se recostó en su silla de cuero, la familiaridad de su gesto en marcado contraste con la frialdad de su mirada.

— Es un filántropo — respondió con una sonrisa que no llegó a sus ojos, para luego proseguir.

— Pero también es un tiburón. Un hombre de negocios astuto que usa su fundación para sus intereses personales. Se sabe que tiene conexiones directas con el Senador Caldwell.

Y, después aclaró, por si Tariq no había comprendido bien lo que él le estaba queriendo decir.

— Nadie consigue lo que Haddad tiene sin ensuciarse las manos. Es un hombre peligroso, Tariq. Crees que es tu amigo, pero no lo conoces tan bien como piensas.

La última frase de Amir fue un dardo directo al corazón de Tariq.

Él y Omar se conocían desde siempre, pero ahora, la sombra de la duda se cernía sobre esa amistad.

En los últimos años, Omar se había vuelto un hombre muy poderoso, cosechando éxito tras éxito.

Tariq muchas veces lo había felicitado por lo bien que lo estaba haciendo en los negocios, pero no se había detenido a pensar como había escalado tan rápido y tan eficientemente, derribando cualquier obstáculo con facilidad.

Ahora lo entendía, seguro se debía a lo que Amir le estaba contando. Era gracias a Caldwell que había crecido tan vertiginosamente.

El Senador era un manipulador y un corrupto, no le importaba chantajear y dañar con tal de conseguir que sus peones hicieran lo que él quería. Era más que evidente que Omar había caído en su red.

Amir se inclinó hacia adelante, su voz bajando a un susurro lleno de ponzoña.

— Y ahora, has permitido que se acerque a tu esposa. A tu tesoro. — Tariq se levantó de su asiento. Su estómago se contrajo. El sonido de la silla raspando el suelo.

— No me digas que mi esposa es un tesoro. Es un contrato, lo sabes bien. — Habló con disgusto. — Y, ¿Qué me estás queriendo decir?

— No te estoy diciendo nada, Tariq. Solo te estoy advirtiendo — Amir se puso de pie, su expresión grave y seria.

— Hay rumores de que la fundación de Omar Haddad es una fachada para una red de corrupción, un juego de poder que va más allá de lo que podemos ver. Dicen que el Senador Caldwell es el cerebro, y que Omar es solo el rostro que todos ven. No quiero que tu nombre se ensucie por culpa de un corrupto. Tienes que actuar.

Le recomendó su consejero con mucha seriedad.

Tariq se dejó caer de nuevo en su silla, se llevó la mano a la barba con preocupación, la confusión ardiendo en sus ojos.

— ¿Y por qué me dices esto hasta ahora? ¿Por qué no lo habías dicho antes? ¿Qué pretendes, Amir? — Amir no parpadeó.

— He esperado el momento adecuado para decírtelo. Un hombre no puede ver los peligros que se le ciernen encima cuando está ciego por la amistad y el cariño forjados en el tiempo. Pero tú eres fuerte y las sensiblerías nunca te han afectado. Pero ahora, si algo te hace vulnerable a su poder, es tu esposa. Eleanor es un riesgo por causa del contrato que hay entre ustedes.

Amir no espero para añadir sal a la herida.

— Y, tengo entendido que ellos se han vuelto amigos.

Las palabras de su consejero golpearon a Tariq con fuerza, sembrando la duda en su mente.

Eran una advertencia, pero también se sentían como una amenaza velada, una sutil presión para que hiciera algo que Amir deseaba.

Sin embargo, Tariq estaba demasiado sumido en sus propios problemas como para percibirlo.

Una oleada de tristeza y preocupación lo invadió.

No sabía si creer lo que Amir le estaba contando. ¿Podía confiar en Amir? Y, más importante, ¿podía confiar en Omar? Su vida se estaba llenando de intrigas y engaños para los que no estaba preparado.

Las amenazas de Caldwell en la gala resurgieron en su memoria, la sensación de ser vulnerable y estar expuesto lo tenían en estado de alerta.

Alguien había hablado. ¿Pero quién había sido? El rostro de Tariq se endureció, la zozobra dando paso a la determinación.

— No te preocupes. Sé lo que tengo que hacer —dijo, con una seguridad que apenas sentía. —No permitiré que mi nombre ni el de mi esposa se ensucien por culpa de un oportunista. Y no me dejaré chantajear por un político corrupto. — Esperaba que esas palabras que estaba pronunciando fueran ciertas.

Amir asintió con una sonrisa de satisfacción apenas perceptible. No necesitaba decir nada más. La semilla de la desconfianza ya había sido plantada en el fértil y preocupado terreno de la mente de Tariq.

อ่านหนังสือเล่มนี้ต่อได้ฟรี
สแกนรหัสเพื่อดาวน์โหลดแอป

บทล่าสุด

  • El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto   Epílogo: Un Amor que Trasciende el Tiempo

    Estaban en Central Park, en el mismo jardín donde habían pronunciado sus votos, la misma luz filtrándose entre los árboles de hoja perenne que había visto nacer su leyenda, pero el tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a los reyes.Tariq Al-Farsi, el Halcón Dorado, estaba sentado en un banco, su cabello, ahora un elegante plata en las sienes, reflejaba la dignidad de décadas bien vividas, la mano que una vez empuñó el poder absoluto estaba firme, pero ahora era más suave.Eleanor, la Rosa del Desierto, se sentaba a su lado, la elegancia de su rostro era intemporal, marcada por líneas finas que solo contaban historias de batallas ganadas. Llevaba el medallón que su abuela le había dado, pulido por los años, ya no como un ancla, sino como un talismán de victoria.Sus manos se encontraron como un acto de lealtad sin fisuras.— Cinco minutos más, Halcón — susurró Eleanor con su voz clara y baja.— Cinco minutos son cien años, Rosa, ¿Quién lleva la cuenta cuando el futuro ya nos pertenece

  • El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto   107 El Amanecer de una Nueva Leyenda: Cinco Años

    El sol de media tarde se rompía sobre las dunas de Amagansett, tiñendo de oro la mansión de cristal y madera, cinco años. Este era un respiro merecido y defendido con garras y dientes.Tariq Al-Farsi, el Halcón Dorado, hacía ya un tiempo que no vestía el traje blindado de la guerra, ahora llevaba lino blanco, la tensión que solía llevar sobre sus hombros se había relajado, ahora era una cicatriz permanente.Estaba en la terraza, observando, siempre observando, su mundo se había reducido a esta parcela de tierra y a la seguridad de dos pequeñas vidas, además de su esposa.Layla, de cuatro años, era una miniatura de Eleanor, aunque tenía en el pelo oscuro y liso como él, pero sus ojos eran de un azul tan profundo que parecían contener la memoria del Mediterráneo. Su belleza era precoz, había heredado la elegancia y apariencia etérea de su madre, y era como una flecha silenciosa. La podía ver desde allí, jugaba con una pala junto a las dunas.Omar Kamil, de tres, era todo Tariq, un torbe

  • El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto   106 El Contrato Secreto del Destino

    La suite del Plaza Hotel olía a sándalo, a ese perfume que Eleanor había aprendido a asociar con el peligro y la promesa. Tariq estaba de espaldas observando Central Park, este era el escenario de la inminente culminación del ciclo más doloroso y traumático de la leyenda, y el inicio de una nueva vida al lado de la mujer que siempre debió estar a su lado, desde el principio.El elegante hombre iba vestido con un smoking de Tom Ford que le daba el aire del príncipe que fue en otra vida. La guerra había terminado, y aunque sentía la necesidad de estar en alerta por si algo nuevo se presentaba para querer arrebatarle su felicidad, ese día se sentía como una victoria.— ¿Estás listo para esta rendición, Halcón? — preguntó Eleanor, con su voz baja y cargada de amor y felicidad. Se acercó a él, con la seda de su bata rozando su piel.Tariq se giró, el conflicto que una vez dominó sus ojos verdes ahora era solo un fuego lleno de promesas de afecto y pasión, esa tensión entre ellos siempre se

  • El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto   105 La Consolidación de la Leyenda

    El cielo de Nueva York, visto desde un ático de lujo en Tribeca podía ser emocionante, Isaac estaba de pie junto a Samantha con un vaso de whisky en la mano, para un brindis, tenían tanto que celebrar, estaban de nuevo en su ciudad y la guerra había terminado.Samantha, su socia, su enfermera improvisada y ahora, su todo, no dejaba de sonreír. Las cicatrices de Isaac, físicas y emocionales, estaban sanando, pero la lealtad de Samantha había sido su antídoto final.— Eleanor está en el Empire State — dijo Isaac, observando el punto de luz que dominaba el horizonte — Me envió un mensaje hace una hora.Samantha se acercó y apoyó la cabeza en su hombro, el peso justo de una certeza.— Me alegro de que hayan sobrevivido a todas las dificultades, parecía que el universo se inclinaba contra ellos.— El universo solo estaba esperando que el Halcón y la Rosa recordaran quiénes eran — replicó Isaac, girándose para verla — Nosotros hicimos el trabajo sucio, y ellos se aseguraron el trono.Sacó u

  • El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto   104 El Anuncio de la Dinastía Ética

    Cuarenta y ocho horas después, la sede de Al-Farsi era un hormiguero de periodistas, el anuncio no era solo de sucesión, sino de revolución.Tariq y Eleanor subieron al estrado, hombro con hombro, parecían dos fuerzas opuestas que por fin habían hallado su punto de equilibrio, él, el Halcón afilado, ella, la Rosa inquebrantable.Tariq tomó la palabra primero, su voz resonó con una autoridad que nunca había tenido, y se centró en el negocio.— La era de la opacidad ha terminado, Al-Farsi Petroleum implementará la política de cero tolerancia a la corrupción. Nuestra visión no será solo la simple ganancia, será la sostenibilidad y la transparencia total. Nuestros registros serán públicos y auditados, quien no comparta este código de ética será expulsado, sin importar su apellido.El mensaje fue claro y cortante como una guillotina corporativa, Tariq había aprendido de sus enemigos que la única manera de matar la sombra era con la luz del escrutinio, mientras el daba su discurso, los repo

  • El Halcón Dorado y la Rosa del Desierto   103 El Veredicto y la Profecía Cumplida

    El despacho del Jeque Hassan había sido por mucho tiempo el centro gravitacional del poder en Oriente Medio.La tensión entre Tariq y Eleanor estaba a punto de romperse, la frase del Patriarca, « se trata del destino, hijos míos, » resonó en el silencio, aniquilando cualquier alegría residual de su victoria corporativa, ¿Y ahora que iría a decirles?Hassan no se movió, pero sus ojos penetrantes, ahora claros y sin el velo de la enfermedad, se centraron en Eleanor, no con una mirada de reproche, sino de escrutinio absoluto.— La ambición de un Al-Farsi debe ser contenida — empezó — Si se desboca, destruye familias y naciones, eso es lo que ha hecho nuestra sangre por mucho tiempo, Tariq. Y lo que Omar, con su sacrificio, intentó prevenir.Eleanor sintió un escalofrío, el patriarca citaba el mismo pasaje que Omar había susurrado alguna vez.— Ustedes han visto el infierno, y han vuelto, han luchado por el poder, pero más importante, han luchado por la verdad. La sangre corrompida, como

บทอื่นๆ
สำรวจและอ่านนวนิยายดีๆ ได้ฟรี
เข้าถึงนวนิยายดีๆ จำนวนมากได้ฟรีบนแอป GoodNovel ดาวน์โหลดหนังสือที่คุณชอบและอ่านได้ทุกที่ทุกเวลา
อ่านหนังสือฟรีบนแอป
สแกนรหัสเพื่ออ่านบนแอป
DMCA.com Protection Status