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Waterloo

Author: Sole Nieto
last update publish date: 2025-11-16 12:06:53

El amanecer del 18 de junio de 1815 se alzó gris sobre los campos de Waterloo, cubiertos por una bruma densa y el olor a lluvia vieja.

El barro llegaba hasta los tobillos de los soldados, las ruedas de los cañones se hundían, y los caballos resopla
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  • El Halcón y la Dama   Epílogo I – Un Hogar Elegido

    Cinco años después de aquel amanecer en Provenza, cuando el halcón y su dama decidieron dejar atrás la sombra de la guerra, el mundo había cambiado. Los mapas de Europa se redibujaban una vez más, los nombres de emperadores y generales se susurraban ahora como ecos lejanos. Pero para Eleanor y Gabriel, lo verdaderamente importante no era la historia escrita en los libros, sino la que ellos habían tejido juntos.Una mañana de verano, el sol iluminaba suavemente su finca en la campiña provenzal, entre colinas verdes y viñedos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. La casa era discreta, sin la ostentación de los palacios ni el frío de los salones nobles, pero con la calidez de un refugio conquistado. En el jardín, flores blancas y rosadas trepaban por las paredes de piedra, y el canto de las alondras ll

  • El Halcón y la Dama   La Casa en Provenza

    Amanecer en el Valle del Ródano – El RenacerEl tren de postas avanzaba entre colinas cubiertas de lavanda. El aire olía a tierra mojada y a vida nueva. Eleanor apoyaba la cabeza en el hombro de Gabriel, adormecida por el balanceo del carruaje. Desde la ventana se veía el resplandor dorado de la Provenza, una tierra donde la guerra parecía solo un rumor lejano.Gabriel observó los campos con una paz que no recordaba haber sentido nunca. —Nunca imaginé llegar tan lejos —susurró. Eleanor sonrió sin abrir los ojos.

  • El Halcón y la Dama   El Horizonte de la Victoria

    La lluvia cesó al fin.Sobre los campos de Waterloo, el silencio cayó como un manto pesado. Solo el retumbar distante de los cañones y los gritos de los heridos recordaban que, hacía apenas unos instantes, el mundo había estado ardiendo.Eleanor sostenía aún a Gabriel entre sus brazos. La espada que había atravesado a Ashford yacía a unos pasos, hundida en el barro. El inglés —su sombra, su verdugo— yacía inmóvil, el rostro vuelto hacia un cielo que ya no lo miraba.Los prusianos avanzaban entre la bruma, trompetas alzadas, banderas destrozadas por

  • El Halcón y la Dama   Waterloo

    El amanecer del 18 de junio de 1815 se alzó gris sobre los campos de Waterloo, cubiertos por una bruma densa y el olor a lluvia vieja. El barro llegaba hasta los tobillos de los soldados, las ruedas de los cañones se hundían, y los caballos resoplaban nerviosos. En el horizonte, las colinas parecían contener la respiración antes del rugido de la batalla.Eleanor llegó a la retaguardia en un carruaje cubierto de polvo. No debía estar allí —ninguna mujer debía—, pero el corazón no entiende de órdenes ni de prudencia. Clara la había acompa&

  • El Halcón y la Dama    El Amanecer del Trueno

    Bruselas despertó con un sonido distinto al de los días apacibles: el rumor de cascos y ruedas, un temblor en las calles que anunciaba lo inevitable. La guerra había llegado.Desde la ventana de la pequeña casa en el barrio de Saint-Géry, Eleanor observaba el caos con una mezcla de incredulidad y determinación. Durante tres meses, aquel rincón había sido su refugio —un hogar improbable, donde los tres habían aprendido a vivir sin mirar por encima del hombro. Clara cosía junto al fuego, Gabriel salía cada mañana con la discreción de un comerciante cualquiera, y ella escribía cartas que nunca enviaba, respirando por fin un aire sin miedo.Hasta esa madrugada.

  • El Halcón y la Dama   Sombras en Bruselas

    El carruaje avanzaba lentamente entre calles empedradas y oscuras. A cada esquina, las linternas de los soldados arrojaban destellos de luz sobre los uniformes y los rostros tensos. Bruselas parecía contener el aliento: la víspera de algo inmenso, incierto.Eleanor miró por la ventanilla. Vio a una madre cerrando con prisa las contraventanas, a un grupo de oficiales ingleses encendiendo cigarrillos bajo la lluvia fina, a un violinista callejero que seguía tocando pese al viento. El mundo está esperando su sentencia, pensó.Dentro del carruaje, el perfume de su vestido y el papel doblado contra su pecho se mezclaban en una sola fragancia: memoria y mied

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