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El robo 2

Penulis: Lunita Karo
last update Tanggal publikasi: 2026-10-28 13:27:29
—Tu maravilloso yerno ha perdido una fortuna en inversiones desastrosas. Tiene préstamos vencidos, propiedades comprometidas y varios negocios que apenas consiguen mantenerse abiertos. Lleva años utilizando dinero ajeno para aparentar una riqueza que dejó de poseer hace mucho tiempo.

Claudio tomó los primeros documentos.

Su rostro fue perdiendo color a medida que avanzaba.

—Seis millones... —murmuró.

Carlotta se inclinó para mirar las cifras.

—Eso tiene que ser un error.

—Ojalá fuera tan sencill
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  • El Heredero del Arrogante Millonario    El robo 3

    Davinna contempló por última vez a su familia.Donatella tenía el rostro enrojecido por el llanto y una mejilla marcada por la bofetada. Valentino sangraba ligeramente por el labio y observaba los documentos con desesperación. Carlotta parecía haber envejecido varios años durante aquella tarde, mientras Claudio permanecía inmóvil, incapaz de decidir a quién dirigir su furia.Durante mucho tiempo, Davinna había imaginado cómo sería regresar a aquella casa sin sentir vergüenza, sin tener que defenderse y sin escuchar que nunca estaría a la altura de su hermana.Ahora comprendía que aquella familia había perdido cualquier poder sobre ella.—Por cierto, mamá —comentó antes de marcharse—, el compromiso será dentro de poco. No te preocupes por enviar flores ni regalos. Ya tenemos todo lo que necesitamos.Carlotta la miró con resentimiento.—Has cambiado mucho, Davinna.Ella sonrió.—Sí. Y me encanta.Matthias le besó la sien.—Esto no puede terminar así —expuso Claudio.Matthias observó a D

  • El Heredero del Arrogante Millonario    El robo 2

    —Tu maravilloso yerno ha perdido una fortuna en inversiones desastrosas. Tiene préstamos vencidos, propiedades comprometidas y varios negocios que apenas consiguen mantenerse abiertos. Lleva años utilizando dinero ajeno para aparentar una riqueza que dejó de poseer hace mucho tiempo.Claudio tomó los primeros documentos.Su rostro fue perdiendo color a medida que avanzaba.—Seis millones... —murmuró.Carlotta se inclinó para mirar las cifras.—Eso tiene que ser un error.—Ojalá fuera tan sencillo —respondió Francesco—. Hemos verificado cada obligación. Hay préstamos garantizados, intereses acumulados y pagarés firmados personalmente por Valentino.—¡Iba a solucionarlo! —exclamó el hombre, desesperado—. Tenía negocios pendientes. Solamente necesitaba tiempo.Claudio levantó la mirada.—¿Seis millones de euros? ¿Y por eso hiciste que mi hija me robara?—¡Yo jamás la obligué!Donatella se incorporó con dificultad.—¡Me dijiste que nos quitarían todo! ¡Que si no conseguíamos dinero termina

  • El Heredero del Arrogante Millonario    El robo 1

    —Claudio, escúchame. Todo esto es un malentendido.El hombre se abalanzó sobre él y le descargó un puñetazo en el rostro.Carlotta gritó.Valentino tropezó contra una mesa auxiliar, derribando un jarrón que se estrelló contra el suelo. Intentó incorporarse, pero Claudio lo sujetó por la chaqueta y volvió a golpearlo.—¡Te metí en mi casa! ¡Te acepté en mi familia! ¡Y has estado robándome, desgraciado!—¡Suéltame, viejo de m****a! —escupió Valentino, empujándolo con ambas manos.Claudio perdió el equilibrio, aunque consiguió recuperar la postura y lanzó otro golpe que alcanzó a su yerno en la mandíbula.Donatella se interpuso entre ambos, llorando desesperadamente.—¡Papá, basta! ¡Vas a matarlo!—¡Apártate de mi camino! —rugió Claudio.Carlotta llamó a los empleados, pero ninguno se atrevió a intervenir. Los hombres de Matthias permanecían junto a las puertas, observando el enfrentamiento con absoluta indiferencia.Sicario, alarmado por los gritos, saltó del hombro de Elio y trepó hasta

  • El Heredero del Arrogante Millonario    Visitas incomodas

    Carlotta se levantó finalmente, mirando con desagrado a su hija menor.—¿Podemos saber a qué debemos esta visita? Claudio nos dijo que vendrían, pero ninguno de nosotros comprende qué asuntos tienen pendientes aquí.—Varios, querida suegra —respondió Matthias con una cortesía impecable—. Aunque podemos comenzar con una noticia agradable.Tomó la mano izquierda de Davinna y la levantó lo suficiente para que todos pudieran contemplar el anillo.—Como dije antes. Davinna y yo vamos a casarnos.Carlotta se quedó inmóvil.Donatella abrió ligeramente la boca al descubrir el tamaño del diamante. Era una piedra extraordinaria, perfectamente tallada, rodeada de pequeños diamantes que acentuaban su brillo. La sortija tenía un diseño elegante y exclusivo, muy superior a la que Valentino le había entregado cuando se comprometieron.—Es... bastante grande —consiguió decir Donatella.—Lo sé —respondió Davinna, sonriendo mientras contemplaba su mano—. Matthias tiene gustos maravillosos.Valentino apr

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    —Francesco, quiero que Valentino esté presente.—Me ocuparé de ello.El capo miró a Elio.—Y lleva a Sicario. Hace tiempo que el pequeño no visita a sus parientes políticos.El mono lanzó un chillido y le arrebató nuevamente el bolígrafo a Francesco.…La tarde del día siguiente Davinna se encontraba en su habitación cuando Matthias apareció acompañado de una empleada que llevaba una enorme caja blanca entre los brazos. Había pasado parte de la tarde revisando los últimos detalles del compromiso y todavía tenía sobre la cama varias muestras de telas que Alessandra le había enviado. Al verlo entrar, levantó la mirada con una sonrisa que se transformó en curiosidad al descubrir el paquete.—¿Qué compraste ahora, Matthi?Matthias indicó a la empleada que dejara la caja sobre la cama y esperó a que se retirara antes de acercarse a Davinna. Le acarició la cintura y depositó un beso sobre su frente.—Quiero que te pongas esto. Tenemos una visita pendiente.Davinna retiró la tapa y descubrió

  • El Heredero del Arrogante Millonario    Un buen negociante

    La habitación de Gemma estaba ordenada cuando ambos entraron. La muchacha dejó el botiquín sobre una pequeña mesa y se volvió hacia Elio, que ya se había acomodado en el borde de la cama con una familiaridad que comenzaba a resultarle irritante. —Puedes sentarte en la silla —comentó ella mientras abría el botiquín. —La cama es más cómoda. Además, soy un hombre herido —respondió Elio mientras desabrochaba los primeros botones de su camisa. Gemma suspiró y se acercó con unas gasas limpias. Elio apartó la tela lo suficiente para mostrarle el vendaje. Cuando ella lo retiró con cuidado, descubrió que la pequeña herida estaba cerrando sin dificultades y que no había señales de sangrado reciente. —No tienes nada, Elio. Está cicatrizando perfectamente —declaró mientras examinaba la piel que rodeaba el corte. —¿Estás segura? —preguntó él. Mientras ella volvía a colocar una gasa limpia, Elio bajó la mirada. El uniforme de Gemma se ceñía a su cuerpo y no pudo evitar fijarse en sus pec

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