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El Hijo Secreto Del Ceo Traicionero
El Hijo Secreto Del Ceo Traicionero
Author: Salyspears

1. Abandono

Author: Salyspears
last update publish date: 2026-04-18 08:45:58

Valeria.

Lo feliz que me sentía en ese momento me hacía suspirar frente al espejo, intentando no demostrar demasiada emoción.

Hoy, por fin, me casaría con el hombre que amo.

Por fin sería su esposa.

Observé el vestido con detenimiento. Era demasiado elegante, demasiado perfecto. Me pregunté cuánto dinero le habría costado a Emir. Incluso le dije que no era necesario tanto lujo; sabía que él no ganaba tanto.

Pero aun así lo hizo. Solo para hacerme feliz en este día tan especial para los dos.

—Hija, por favor, apresúrate —la voz de mi madre sonó desde la puerta—. Recuerda que tu futuro esposo debe estar esperándote ansioso en el altar.

Sonreí, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza.

—Claro que sí, mamá. Yo también estoy muy ansiosa. Por fin seré muy feliz ¿puedes creerlo? Jamás imaginé que Emir me pediría que fuera su esposa y ahora más que nunca siento que mi sueño se ha hecho realidad.

Mi madre sonrió con ternura.

—Claro que lo creo, cariño. Es algo que yo misma viví cuando me casé con tu padre —su voz se quebró ligeramente—. Duramos tantos años naciste tú, nació tu hermano y luego… se fue.

Me acerqué de inmediato y la abracé con fuerza.

—Por favor, mamá, no quiero que recuerdes momentos tristes no ahora, en el día más feliz de mi vida.

—Tranquila, cariño —respondió acariciando mi espalda—. No pienso arruinar tu momento.

Asentí y solté un nuevo suspiro.

Terminé de arreglarme y salimos. Mi hermano ya nos esperaba junto al auto que había alquilado. Antes de subir, miré mi teléfono, había varias llamadas perdidas de Emir. Desde hace unas horas y no lo había visto.

Fruncí el ceño.

Cuando intenté devolverle la llamada, no contestó.

Seguramente ya me estaba esperando en el altar.

Mamá acarició mi mejilla y me sonrió. Yo estaba realmente nerviosa; sentía el estómago lleno de mariposas revoloteando sin descanso. Después de unos quince minutos mi hermano estacionó el auto

—Ya llegamos —anunció mamá—. Hijo, ayuda a tu hermana a bajar del auto. Recuerda que tú la llevarás al altar.

—Tranquila, mamá —bromeó mi hermano—. Estás más apurada que ella.

Sonreí, sonrojada.

Tomada del brazo de mi hermano, avancé por la iglesia. Estaba llena, algunas amistades de mi madre y mis compañeros de la universidad.

Pero, mi sonrisa se congeló. En el altar no había nadie.

Mi hermano me miró confundido, pero seguimos caminando cuando la melodía nupcial comenzó a sonar. Todos los invitados giraron a verme y luego miraron hacia la entrada.

Los murmullos empezaron.

El sacerdote me observó con incertidumbre.

Le hice una seña a mi hermano para que llamara a Emir.

No respondió.

El nerviosismo comenzó a apretarme el pecho.

—¿Qué habrá pasado? —susurré.

—Esperaré media hora más —dijo el sacerdote con amabilidad—. Seguramente se retrasó y tengo un bautizo en unas horas.

Asentí aunque algo dentro de mí empezó a sentirse mal.

Minutos después, mi hermano regresó y me entregó el móvil.

—Tienes un mensaje de Emir.

El corazón me dio un vuelco.

Tomé el teléfono con manos temblorosas. Un mal presentimiento me recorrió el cuerpo.

Abrí el mensaje.

Y mi mundo se rompió.

«Lo siento. No podré casarme contigo. Estoy enamorado de otra mujer».

El móvil cayó de mis manos.

Las lágrimas brotaron sin control.

—¿Qué pasa, hija? —preguntó mi madre alarmada y recogiendo el móvil.

—Él… —mi voz se quebró—. Él no se va a casar conmigo.

Un murmullo escandalizado recorrió la iglesia. Las miradas de lástima comenzaron a clavarse en mí como cuchillos.

Marqué su número y salí al buzón, una y otra vez.

La desesperación me consumía.

—Llama a alguien cercano a él —dijo mi madre con urgencia.

Asentí y marqué a Rodrigo su mejor amigo.

Contestó al tercer tono.

—Rodrigo… ¿sabes algo de Emir? Estoy en la catedral esperándolo, pero él...

Se escucho un silencio, luego su voz grave.

—Lo siento mucho. Emir no quiere saber nada de ti decidió irse lejos con la mujer que ama, Vale, de verdad que estoy incluso sorprendido.

Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

El teléfono se cayó de mis manos.

Me quité el velo con rabia y lo lancé al suelo.

—Cancela la boda, mamá… —susurré con el alma hecha pedazos—. Él no va a venir.

Salí corriendo de la iglesia bajo la mirada de todos, sintiendo la peor humillación de mi vida.

Afuera, la lluvia comenzó a caer.

—¡Valeria escúchame! —gritó mi madre detrás de mí.

—No, mamá… por favor… déjame sola.

—Tranquila, vamos a casa.

Solo asentí. Subí al auto de mi hermano, ningúno dijo nada, solo se escuchaba mis sollozos.

Al llegar a casa salí corriendo hacia el jardín. Las lágrimas se mezclaban con la lluvia y mi pecho dolía por todo lo que sucedió.

Las náuseas me golpearon de repente.

Un mareo horrible me hizo tambalear.

Caí de rodillas junto a la banca y apreté con fuerza mi vestido de novia, sin importarme cuánto había costado.

Emir había jugado con mis sentimientos. Me había humillado.

Si no me amaba…

¿Por qué me prometió tanto?

¿Por qué me hizo entregarme a él?

Las lágrimas nublaron mi vista.

Y en ese momento juré algo con el corazón destrozado.

Jamás se lo perdonaría.

***

Me recosté en la cama, con la cabeza hundida entre mis piernas. Mamá me había ayudado a quitarme el vestido de novia y a darme una ducha, pero ni el agua caliente había logrado arrancarme esta sensación de vacío que me consumía por dentro.

Mi mirada se posó en el móvil sobre la mesita. Lo había llamado tantas veces, eran demasiadas.

Y siempre lo mismo, el maldito buzón.

—¿Por qué demonios no me dijiste la verdad?… ¿Por qué me dejaste plantada en el altar como si fuera una burla? —susurré para mí misma, con la agonía burbujeando en mi pecho.

Jamás lo perdonaría.

Ahora entendi, del porqué nunca quiso hablarme de su familia. Lo único que supe fue lo poco que me confesó, que no tenía a nadie, solo una hermana. Y que, cuando nos casáramos, me mostraría quién era realmente.

Solté una risa amarga que me arañó la garganta.

—Eres un imbécil… —murmuré con odio—. Ni siquiera nos casamos y ya me mostraste la calaña que eres.

De mi cuenta corre que el día que te vea vas a sentir lo miserable que me hiciste.—reí sola— Si amabas a otra ¡me lo hubieras dicho!

Pero no, preferiste ilusionarme.

Preferiste hacerme creer en un futuro que nunca existió.

Negué con la cabeza, con el corazón hecho pedazos. Las lágrimas bajan sin control.

De pronto, una oleada de náuseas me golpeó con fuerza.

— Ah...—me llevé la mano al estómago.

Corrí al baño y me incliné sobre el inodoro, vomitando lo poco que había comido. Mi cuerpo temblaba, débil, mientras el sudor frío me perlaba la frente.

¿Qué demonios me estaba pasando?

Respiré con dificultad y casi por instinto, llevé la mano a mi vientre. Una sensación extraña me atravesó, un presentimiento que me heló la sangre.

Volví a la habitación y me dejé caer en la cama, pero entonces el recuerdo me golpeó con brutal claridad.

Mi período, no había bajado y ya había pasado más de dos meses.

Mis ojos se abrieron de par en par.

—No… —susurré, negando lentamente—. No, no, no…

El aire me faltó.

¿Estaba…?

Las lágrimas comenzaron a caer sin control mientras mi mano temblorosa se aferraba a mi vientre.

—No puede ser —mi voz se quebró—No ahora, no así en este momento.

¿Cómo era posible?

Después de haber sido abandonada…

¿Era posible que estaba esperando un hijo de él?

Me cubrí la boca para ahogar el sollozo que luchaba por salir.

Yo me había cuidado, pero fueron tantas veces, sin embargo en el fondo, en lo más profundo de mi alma… el miedo ya me estaba diciendo la verdad.

Las lágrimas rodaron calientes por mis mejillas.

El había sido mi primer amor, lo amé con locura, pero ahora lo odiaba con toda el alma.

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