INICIAR SESIÓNEmir
Caminé observando cada detalle, y movimiento de los trabajadores.
Todo debía estar perfecto como siempre me a gustado el orden, por esa razón era exigente y en este hotel de lujo no podía existir ningún tipo de falla.Las camareras tendían las camas con precisión mientras mi asistente anotaba cada una de mis indicaciones.
—No veo a muchas camareras.
—Necesitamos más personal, señor.
—Ve anotando todo lo necesario —ordené con firmeza—. No quiero ningún tipo de errores. Busca mujeres que de verdad deseen trabajar; asistentes personales, una gerente eficiente y algunas camareras más. Ah, por cierto necesitó unos buenos chefs para la cocina y una preparadora de lista para alimentos.
—Anotado.
La miré con severidad.
—Espero que no vayas a cometer el mismo error de la vez pasada.
Ella bajó la cabeza de inmediato.
No podía permitirme otro error mas. Este era uno de los mejores hoteles del país y la competencia no podía superarnos en huéspedes. Habíamos quedado sin los condimentos especificos hace unas semanas atrás y esta vez ella debía hacer bien su trabajo.Seguí recorriendo el hotel hasta llegar al salón donde se preparaban los alimentos para los clientes. Todo estaba en orden, tal como me gustaba. La comida bien elaborada por los mejores chefs del país y algunos con estrellas Michelin traídos desde Francia.
Todo costaba una fortuna.
Por esa razón, no se podía cometer ningúna mala gestión.—Señor, aquí está la lista de lo necesario para el siguiente evento en el gran salón del Hotel Deluxe —informó mi asistente.
—Perfecto. ¿Necesitan algún producto adicional para mejorar el servicio?
—No, señor. Todo lo que se entrega a los clientes es de su agrado.
Asentí.
—Muy bien.
Continué caminando hasta que me detuve al ver a una chica hablando por el móvil distraídamente, mientras varios clientes la esperaban. Con la otra mano intentaba atenderlos.
Fruncí el ceño.
—Despídela. Sabes muy bien que estas cosas no las tolero. Puede hablar con quien quiera cuando esté libre; mientras esté trabajando se trabaja.
—Sí, señor. Eso haré en cuanto terminemos la inspección.
—Perfecto.
Entré a mi oficina justo cuando mi móvil comenzó a sonar.
—Hola, mi amor —se escuchó la voz de Brenda—. ¿Será que podamos salir a almorzar? Estoy muy aburrida y quisiera pasar un rato con mi novio.
Suspiré.
—Está bien. Te veo en unas horas, ¿te parece en el restaurante de siempre?
—Claro que sí, mi amor. Ahí te espero.
Colgué la llamada y solté un suspiro pesado mientras me masajeaba la sien. El dolor de cabeza volvía a aparecer. Dejé todo encargado a la gerente y a los supervisores, ya que no iba regresar hasta mañana.
Al bajar del hotel, mi chofer ya estaba de pie esperándome.
—Señor, usted dirá.
—Llévame al restaurante de siempre. Me encontraré con mi novia.
Subí al auto y me acomodé en la parte trasera, observando la carretera. Bajé la cabeza, sintiendo el dolor pulsar con fuerza.
Estos dolores eran cada vez más frecuentes.
Solo los analgésicos me ayudaban.Media hora después, Brenda ya estaba allí. Al verme, se acercó y me dio un beso en los labios.
—Dime, ¿te gustaría comer algún shaomai o qué, mi amor? Yo ya pedí cerdo a la barbacoa —dijo con una sonrisa ladeada.
—Lo que sea está bien —respondí—. No hay problema.
Ella sonrió de nuevo y volvió a besarme, luego se alejo y ordenó el almuerzo. La observé en silencio mientras reía.
Tal vez casarme con ella era la mejor decisión.
De esa manera, mis padres quedarían más que complacidos.Era hermosa y, sobre todo, hija de uno de los grandes empresarios de las tiendas Curazao más grande del país.
Deje de lado mis cavilaciones y me concentro en el almuerzo.
***
Terminamos de comer y luego conversamos un poco.
—¿Sabes, mi amor? —dijo Brenda con una pequeña mueca—. Mi padre y yo haremos un viaje por negocios. La verdad, no quería irme, pero ¿qué puedo hacer? Soy la hija única y debo dar la cara en las demás tiendas.
La miré con atención.
—Lo sé, tienes muchas responsabilidades.
—Pero en cuanto regrese —añadió con una sonrisa—, quisiera que fuéramos a San Juan del Sur… o quizá a Montelimar. Una semana para relajarnos. Estoy demasiado aburrida de tanto trabajo.
—Ser hijos de los ricos, nos hacen tener mucha responsabilidad, no tengo tiempo para vacaciones.
—Me imagino que tú también debes estar estresado —continuó.
Solté un suspiro pesado.
—Sí… tienes razón. El trabajo me tiene agobiado. Pero no tengo de otra. Desde que mi padre quedó en silla de ruedas, me toca ayudar a levantar las empresas y los hoteles.
Brenda me observó con dulzura.
—¿Qué tal si vamos a dar una vuelta? Yo te llevo. Dile a tu chofer que se vaya.
Dudé un segundo.
—Claro me parece.
Subimos a su auto. Ella puso música movida y comenzó a reír entre anécdotas, llena de energía. Yo, en cambio, miraba la carretera con el ceño apenas fruncido. Algo no se sentía bien.
Las luces de los autos me parecían demasiado brillantes, difusas.
Parpadeé varias veces.
Un leve dolor comenzó a presionar mis sienes.
Brenda tomó mi mano y sonrió antes de dejar un beso suave en mis labios.
—Quisiera hacerte muchas preguntas pero todavía no me atrevo —murmuró.
—¿De verdad? ¿Qué tipo de preguntas?
Ella soltó una pequeña risa.
—Luego, ahora vamos a disfrutar. Tomemos algo.
Fruncí el ceño.
—Sabes que el alcohol no es lo mío, ¿verdad?
—Tienes razón —admitió—. Bueno, tú te tomas una michelada suave y yo un poco de cerveza.
—Tampoco me gusta que bebas mucho.
—Claro, amor losé será por esta vez.
—Las bebidas alcohólicas, son para la diversión, no para fiestas —respondí, aunque mi cabeza ya comenzaba a latir con más fuerza.
Llegamos al bar.
Ella pidió cervezas y para mí una michelada con poco alcohol. Aunque le dije que no tolero el alcohol, fue difícil que entendiera. Bebí solo un poco.
Pero el dolor de cabeza empeoró.
Las luces del lugar comenzaron a nublarse, las voces se mezclaban como un zumbido lejano.
Me llevé la mano a la frente.
—Brenda, creo que es momento de irme a casa. No aguanto el dolor de cabeza.
Ella asintió, preocupada. Me tomó de la mano y salimos del bar, nos movimos hacia el auto, sentí cómo si mi cabeza no estaba en mi sitió.
***
Brenda me dejó en la mansión.
Los guardas abrieron los portones de inmediato y uno de mis guardaespaldas se acercó.
—¿Y mis padres? —pregunté, masajeando mi sien.
—El señor ya se encuentra en su habitación y la señora creo que ha salido con unas amigas.
—Bien por favor dile a Loida que necesito un analgésico con una taza de agua tibia.
—¿Le duele mucho la cabeza, señor?
—Sí, debe ser el estrés del día.
—Claro que sí, señor. Inmediatamente.
Asentí y entré.
Subí a mi habitación, me despojé de la ropa y me di una ducha rápida. El agua caliente ayudó un poco, pero la presión en mi cabeza seguía ahí, punzante.
Tocaron la puerta.
—Pase —murmuré.
Era Loida.
—Mi niño, se le nota muy estresado. Quizás debería tomarse unos días de descanso.
—Eso mismo pensé… pero por ahora quiero dormir. Por favor, no me llames para la cena, ¿sí? Y si mi padre pregunta por mí, dile que estoy ocupado y necesito descansar.
—Claro que sí, mi niño. Me retiro, el agua aún sigue caliente.
Moví la cabeza en un asentimiento. Ella se retiró.
Preparé un poco de té, tomé el analgésico y me recosté en la cama.
El sueño comenzó a vencerme, pero justo cuando cerré los ojos, vi una carretera abierta y la extraña sensación de que alguien, me seguía pero luego nada y siempre era de esa manera.
Abrí los ojos de golpe, sobresaltado, con el corazón golpeándome el pecho. Me llevé la mano a la sien otra vez.
Mañana me espera un día agitado, algo dentro de mí no deja de decirme que algo no está bien conmigo.
Me acomodé mejor entre las sábanas tratando de conciliar el sueño.
Necesitaba dormir de una vez.
Narrado en tercera persona.Valeria le besaba el rostro, las mejillas y el cabello, incapaz de contener la alegría que le inundaba el pecho.—¡Mi niña hermosa! ¡Mi vida! Qué bendición tan grande... vas a ser una madre maravillosa —susurró Valeria, acariciándole la espalda—. No sabes la felicidad que le vas a dar a esta casa. Tu padre se va a volver loco de la emoción.En ese momento, la figura alta de Emir apareció en el marco de la puerta de cristal que daba a la terraza. Llevaba unos lentes de lectura en la mano y miraba a ambas con extrañeza al verlas llorando y abrazadas de esa manera.—¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué lloran tanto las dos mujeres de mi vida? —preguntó Emir, acercándose a ellas con el ceño levemente fruncido por la intriga.Valeria se puso de pie, tomó la caja de la banca y se la extendió a su esposo sin decir una palabra, limitándose a sonreír con los ojos llenos de lágrimas de dicha. Emir tomó la caja, miró a su esposa, luego a su hija, y finalmente observó el i
Narrado en tercera persona.La audiencia volvió a romper en aplausos de pie. Desde su lugar, Valeria se limpiaba las lágrimas con un pañuelo de seda, sintiendo que cada sacrificio, cada momento oscuro del pasado y cada esfuerzo valía la pena al ver a su hija tocar el cielo con las manos. Emir la rodeó por la cintura y la pegó a su costado, susurrándole al oído:—Mira lo que creamos, Valeria. Todo esto es fruto del amor que sembramos, estoy agradecido con Dios y contigo por mis bellos hijos.—Yo también mi amor. Agradezco a Dios por tenerlos a todos ustedes, incluyendo a mi hermano y a mi cuñada junto a mis sobrinos, ya qué mamá se convirtió en un Angel y no esta a nuestro lado.—Lo sé, cariño. Sin embargo el recuerdo de ella sigue en nuestros corazones.Valeria asintió y una lágrima rodó por su mejilla. Emir la abrazó con fuerzas, sintiéndose nostálgico y a la vez feliz por todo el triunfo de sus hijos.Esa misma noche, el apellido familiar brilló con una luz propia que nada ni nadie
El Brillo de la ExcelenciaNarrado en tercera persona.Los años transcurrieron rápidamente. Aquellos días en que los niños corrían por los pasillos de la casa pidiendo ayuda con las tareas escolares habían quedado atrás, transformándose en una madurez llena de triunfos y realizaciones. Valeria había transmitido la pasión por el arte culinario a su hija Valentina, quien desde muy joven demostró una disciplina feroz, un paladar absoluto y un respeto casi sagrado por los ingredientes, había adquirido el aprendizaje de sus padres y con el tiempo ya manejaban los hoteles y restaurantes.La noche se vestía de gala en el gran salón del centro de convenciones más lujoso de la capital. Luces cálidas, copas de cristal de bohemia que resonaban con brindis elegantes y una concurrencia compuesta por los más distinguidos críticos gastronómicos, chefs internacionales y personalidades de la alta sociedad. Era la ceremonia anual de la Guía Michelin, el evento cumbre donde se consagraban los mayores ta
Narrado en tercera persona.Subió más tarde a su habitación para terminar la tarea con la mente mucho más despejada.Esa misma noche, en la habitación, Emir estaba recostado contra los almohadones con unos lentes de lectura puestos, concentrado en las páginas de un libro de negocios. A su lado, Valeria terminó de cepillarse el cabello y se deslizó bajo las sábanas blancas, acomodándose cerca de su esposo.—Emir... no sabes lo que me contó Thiago hoy —dijo ella en tono confidencial, apoyando la barbilla en el pecho de él.Emir bajó el libro lentamente, se quitó los lentes y miró a su esposa con curiosidad.—¿Qué pasó con el muchacho? ¿Problemas en el colegio?—Nuestro hijo está enamorado —reveló Valeria con una sonrisa radiante.—¿Enamorado? Pero si está muy chico, Valeria. Apenas tiene quince años, ¿puedes creerlo? Tan rápido... —comentó Emir, frunciendo levemente el ceño con ese instinto protector paternal que lo caracterizaba.Emir se quedó en silencio por unos segundos, asimilando
Narrado en tercera persona.El sol de la tarde filtraba sus últimos rayos dorados a través de la ventana del estudio, iluminando los cuadernos y libros abiertos sobre el escritorio de madera. Thiago, con quince años recién cumplidos, mantenía la mirada fija en una página de su libro de historia, pero su mente estaba a kilómetros de distancia. Intentaba concentrarse en las fechas y los nombres de batallas antiguas, pero la tinta parecía borrarse ante la imagen recurrente de una mirada esquiva. Tenía la pluma en la mano, dándole vueltas de forma autómata entre los dedos, mientras un suspiro pesado se le escapaba del pecho.Esa mañana en la escuela lo había dejado sumergido en una extraña mezcla de desconcierto y desánimo. Había intentado acercarse a la niña que desde hacía semanas le robaba el sueño, esa compañera de clase, la risa tímida que parecía llevar un universo entero guardado en los ojos. Sin embargo, ella simplemente había bajado la cabeza y apresurado el paso, ignorando por c
NarradorPresente.La tranquilidad que había dejado la fiesta de cumpleaños del pequeño Thiago pareció esfumarse en cuestión de horas. Tras un fin de semana lleno de risas, globos y el cansancio propio de los festejos, la rutina de la semana comenzaba a retomar su curso. Valeria se encontraba en la cocina del restaurante corporativo supervisando la llegada de insumos frescos para el menú del mediodía. Su pasión por la gastronomía la absorbía por completo, y con el bullicio de los extractores y el vaivén de los cocineros, decidió dejar su teléfono móvil en el bolso, para concentrarse en la creación de sus nuevos platillos para los huéspedes del hotel.En la mansión, la atmósfera dio un giro drástico cuando la niñera notó que la pequeña Valentina comenzaba a retorcerse de dolor en su cama. La niña lloraba desconsoladamente, sujetándose el vientre mientras una pálida frialdad le cubría el rostro. Asustada, la niñera corrió a marcar el número de Valeria, pero la llamada fue enviada direct







