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chapter 2

Author: Sunhine39
last update publish date: 2026-10-17 14:17:15

Aria no recordaba cómo había llegado a casa. Un momento antes, había estado sentada en el suelo delante de todos, mirando fijamente a Kael mientras él se alejaba.

Al momento siguiente, estaba frente a la pequeña casa que había compartido con sus padres antes de que murieran.

Apenas había hablado durante todo el camino de regreso. Ethan la había acompañado, pero incluso él parecía entender que no había nada que pudiera decir para hacerla sentir mejor. Toda la manada había presenciado el rechazo... Se detuvo y la observó mientras ella se dirigía a su casa.

Aria empujó la puerta y entró. En cuanto la cerró detrás de ella, se apoyó contra ella y finalmente se permitió llorar.

Se cubrió la boca para evitar que los sollozos escaparan, pero no sirvió de nada. Las lágrimas seguían cayendo.

Se deslizó por la puerta hasta quedar sentada en el suelo. ¿Por qué se había permitido tener esperanzas?

Debería haberlo sabido. Todo el mundo le había dicho que los humanos no tenían parejas destinadas. Sabía que no había ninguna razón para que un hombre como él quisiera alguna vez a alguien como ella.

Aun así, cuando sintió aquella atracción hacia él, algo dentro de ella había creído en ello. Había pensado que quizá no era tan diferente como todos la hacían sentir.

Quizá la Diosa de la Luna la había elegido por alguna razón, pero entonces él la había rechazado delante de todos.

Aria bajó la mirada hacia su muñeca. Las extrañas marcas seguían allí. Ya no brillaban, pero podía verlas con claridad. Un fino patrón de líneas se curvaba alrededor de su piel.

Las tocó con cuidado.

"¿Qué sois?"

Soltó una respiración temblorosa. Quizá debería estar más preocupada por aquellas marcas. Sin embargo, lo único en lo que podía pensar era en su rostro, sus ojos dorados y la forma en que la había mirado antes de pronunciar aquellas palabras.

Aria cerró los ojos con fuerza. Ojalá pudiera borrar aquel recuerdo.

Alguien llamó a la puerta y ella se secó rápidamente la cara.

"¿Aria?"

Era Ethan.

"Estoy bien".

Hubo una pausa antes de que él volviera a hablar.

"No tienes que mentirme".

Ella no respondió y, después de un momento, él habló de nuevo.

"¿Quieres que entre?"

"No".

Se hizo otro silencio y ella pensó que se había marchado. Ni siquiera lo habría culpado si lo hubiera hecho.

"Está bien".

Sus pasos se alejaron lentamente y Aria agradeció que no la hubiera obligado a hablar con él. Permaneció en el suelo varios minutos más antes de levantarse finalmente.

Fue hasta el dormitorio y se quitó el vestido que había llevado a la ceremonia. De repente, aquel hermoso vestido blanco le pareció ridículo. Lo arrojó sobre una silla y se metió en la cama.

Quería dormir y que llegara el día siguiente para poder fingir que aquella noche nunca había ocurrido, pero el sueño no llegaba.

Cada vez que cerraba los ojos, veía a Kael, y cada vez que recordaba su rechazo, sentía dolor en el pecho.

Se giró de lado y soltó un profundo suspiro.

"Esto es una estupidez", susurró.

Ni siquiera lo conocía. ¿Por qué le importaba tanto?

Finalmente, se quedó dormida poco antes del amanecer.

---

Kael nunca se había arrepentido de una decisión tan rápidamente. Estaba solo en su campamento temporal, en lo más profundo del bosque, mirando fijamente la oscuridad.

Habían pasado horas desde que abandonó la ceremonia y, a esas alturas, debería estar muy lejos. Sin embargo, seguía pensando en ella. Ni siquiera sabía cómo se llamaba, pero se había instalado con una facilidad desconcertante en su mente.

Había pasado años evitando a la manada y no tenía motivos para regresar. Y, aun así, en el momento en que la sintió, todo cambió.

Kael apretó la mandíbula.

"Fue un error".

Su lobo no estaba de acuerdo. Había estado inquieto desde que abandonaron el claro del bosque.

"[Mía]", volvió a rugirle.

Kael cerró los ojos y sacudió ligeramente la cabeza.

"No".

"[Mía]".

La palabra volvió a resonar en el fondo de su mente.

"Es humana".

"[Mía]".

"Es débil".

Su lobo gruñó y Kael abrió los ojos. Odiaba aquello. La había rechazado por una razón. ¿Cómo podía permitirse tener una pareja humana después de todo lo que había ocurrido?

No cuando todavía había personas buscándolo y cualquiera que estuviera relacionado con él podía convertirse en un objetivo.

Había tomado la decisión correcta. Entonces, ¿por qué le dolía el pecho?

Kael se quedó inmóvil de repente cuando una oleada de tristeza lo invadió. No era suya. Lo supo de inmediato.

Podía sentirla...

Su tristeza era tenue, pero seguía allí.

Un profundo ceño fruncido apareció en su rostro. Había esperado que el vínculo desapareciera después del rechazo, pero no había sido así. En su lugar, podía sentir sus emociones. Sentía lo cansada y avergonzada que estaba... y cuánto se esforzaba por no llorar.

Las manos de Kael se cerraron en puños.

"Basta".

La sensación no desapareció. Se alejó unos pasos, como si la distancia pudiera ayudar, pero no sirvió de nada.

Todavía podía sentirla. Entonces percibió algo más...

Miedo.

Kael levantó la cabeza bruscamente y su lobo se puso alerta. Ella tenía miedo, pero él no sabía por qué.

Cerró los ojos e intentó concentrarse en aquella sensación. No era peligro. Era algo mucho más sencillo: estaba recordando la ceremonia, el rechazo... las personas que la habían mirado fijamente y los murmullos.

El pecho de Kael se tensó. No quería saber nada de aquello ni sentirlo, pero no podía bloquearlo.

Por primera vez en mucho tiempo, se sintió impotente.

Comenzó a caminar de un lado a otro por el campamento.

"Estará bien".

Su lobo permaneció en silencio.

"Tiene a la manada".

Un gruñido bajo fue su respuesta y Kael se detuvo. Conocía a la manada y sabía perfectamente cómo trataban a quienes eran diferentes, especialmente a los humanos.

Sobre todo a alguien que acababa de ser rechazado por un Alfa renegado delante de todos.

Se pasó una mano por el rostro y estuvo a punto de gemir de frustración. Debería marcharse, irse a un lugar lejano y no regresar jamás.

En cambio, se descubrió caminando de vuelta hacia la manada. Se dijo a sí mismo que solo iba a asegurarse de que ella estuviera a salvo. Nada más.

No iba a hablar con ella ni a acercarse. Simplemente necesitaba saber que estaba bien...

---

A la mañana siguiente, Aria se despertó sintiéndose agotada. Se quedó mirando el techo durante un rato antes de recordarlo todo.

Se le encogió el estómago mientras se incorporaba lentamente. Suspiró al comprobar que las marcas de su muñeca seguían allí. Se vistió y salió de casa. Quizá no sería tan malo y todos ya habrían pasado página.

Aria notó de inmediato que la gente la observaba. Algunos apartaban la mirada cuando ella los sorprendía mirándola, pero otros ni siquiera se molestaban en disimular.

Dos jóvenes lobos susurraron al verla pasar.

"Esa es ella".

"¿La humana?"

"La que Kael rechazó".

Aria siguió caminando, pero las mejillas le ardían y deseaba desaparecer.

En el mercado, las cosas empeoraron. La gente la miraba abiertamente y alguien incluso se rio. Una mujer a la que conocía desde la infancia la observó con lástima.

Aria odiaba aquella mirada casi tanto como los murmullos.

Compró lo que necesitaba y regresó apresuradamente a casa, sin darse cuenta de la figura oscura que permanecía entre los árboles al otro lado del camino.

Kael la observaba desde la distancia.

Había llegado antes de que ella saliera de casa y la había visto caminar por el pueblo. Había visto a todas las personas que se quedaban mirándola.

Apretó la mandíbula. Se había dicho a sí mismo que solo quería comprobar cómo estaba, pero ahora estaba enfadado. No con ella, sino con ellos.

Ella no había hecho nada malo. Él era quien la había rechazado. No debería ser ella quien cargara con los juicios de todos.

Aria se detuvo de repente y se quedó inmóvil.

Miró a su alrededor y giró lentamente la cabeza hacia los árboles. Kael se adentró más en las sombras y ella entrecerró los ojos.

Por alguna razón, tenía la sensación de que alguien la estaba observando, pero no podía ver a nadie. Sacudió la cabeza y continuó caminando.

Kael esperó hasta que desapareció dentro de su casa.

Debería marcharse. En cambio, se quedó allí. No sabía cuánto tiempo permaneció en aquel lugar. Quizá unos minutos, quizá más.

Entonces, la puerta principal se abrió y ella volvió a salir. Miró directamente hacia los árboles. Esta vez, Kael no se movió.

Aria entrecerró los ojos mientras daba unos pasos hacia delante.

"¿Quién está ahí?"

Kael permaneció en silencio, pero ella siguió avanzando. Se detuvo a varios metros de distancia, con los ojos aún más entrecerrados.

"Sé que hay alguien ahí".

Kael suspiró y se pasó una mano por el pelo. Ya no tenía sentido seguir escondiéndose.

Salió de detrás de los árboles y los ojos de Aria se abrieron de inmediato. Todo su cuerpo se quedó inmóvil.

Kael la observó con atención. Parecía diferente a la noche anterior. Ya no llevaba el vestido de la ceremonia ni había una multitud a su alrededor. Solo llevaba un vestido sencillo y el cabello le caía suelto sobre los hombros.

Parecía cansada, y verla así hizo que el vínculo dentro de él tirara con más fuerza.

Aria lo miró, confundida.

"¿Qué haces aquí?"

Kael no respondió de inmediato.

"Quería asegurarme de que estuvieras a salvo".

Ella soltó una risa amarga y estuvo a punto de burlarse de él. ¿Hablaba en serio?

"¿A salvo?"

"Sí".

"Me rechazaste delante de todo el mundo".

Su expresión se endureció.

"Lo sé".

"Me humillaste".

"Lo sé".

"Y después desapareciste".

Kael apartó la mirada. Debería haberse marchado para evitar aquella conversación.

"Pensé que era lo mejor".

"¿Para quién?"

Él volvió a mirarla y el silencio se instaló entre ambos. Los ojos de Aria se llenaron de lágrimas, pero se negó a dejarlas caer.

"¿Por qué has vuelto?"

Kael no tenía una respuesta que pudiera darle. Porque podía sentirla. Porque cada vez que ella sufría, algo dentro de él también sufría. Y porque, por muchas veces que se dijera a sí mismo que debía marcharse, sus pies siempre lo llevaban de vuelta hacia ella.

Así que le dio la única respuesta que podía ofrecerle.

"No lo sé".

Aria se quedó mirándolo. Aquella respuesta pareció hacerle aún más daño.

Cruzó los brazos.

"No puedes hacer esto".

"¿Hacer qué?"

"Aparecer en mi vida, rechazarme, desaparecer y luego volver cuando te dé la gana".

Kael no dijo nada y ella respiró hondo para serenarse.

"Si no me quieres, déjame en paz".

El pecho de Kael se tensó. Quería decirle que no la quería. Ya se lo había dicho. Pero las palabras no salían.

Aria esperó y, cuando él siguió en silencio, negó con la cabeza.

"Eso pensaba".

Se dio la vuelta y caminó hacia su casa.

Kael la observó alejarse y cada parte de su ser le decía que la siguiera. Su lobo prácticamente se lo suplicaba, pero él permaneció donde estaba.

La había rechazado y había tomado una decisión.

Entonces, ¿por qué verla alejarse se sentía como perder algo que nunca había llegado a tener?

Miró sus manos y se preguntó si rechazarla había sido un error.

Y, en su interior, su lobo respondió.

Lo había sido.

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