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chapter 3

Author: Sunhine39
last update publish date: 2026-10-17 14:17:19

Aria apenas había dormido aquella noche después de que Kael se marchara. Sus palabras no dejaban de repetirse en su cabeza.

No lo entendía. Si no la quería, ¿por qué había regresado? Y si le importaba su seguridad, ¿por qué la había rechazado delante de todo el mundo?

Estaba cansada de intentar comprenderlo.

Por la mañana, Aria había decidido que no quería tener nada que ver con Kael Nightbane.

Por desgracia, parecía que la Diosa de la Luna tenía otros planes.

Aria estaba fuera recogiendo agua cuando escuchó un extraño sonido procedente del bosque.

Se detuvo. Normalmente, habría lobos moviéndose entre las casas o niños corriendo de un lado a otro.

Pero aquel día, todo el mundo parecía estar dentro de sus casas.

Aria frunció el ceño. Entonces escuchó un gruñido. Apretó la mano alrededor del cubo cuando oyó otro. Este sonaba mucho más cerca.

Giró lentamente la cabeza hacia los árboles, pero no vio nada. Dio un paso atrás y, de repente, un lobo salió disparado del bosque.

Aria gritó, soltó el cubo y echó a correr. No sabía adónde iba. Solo sabía que tenía que alejarse de allí.

El lobo la persiguió, clavando las garras en el suelo mientras acortaba la distancia entre ambos.

Aria miró por encima del hombro y sintió que el corazón se le hundía en el estómago. Era enorme y tenía los ojos rojos.

Tropezó y el lobo se abalanzó sobre ella. Se lanzó al suelo y el animal pasó por encima de su cuerpo antes de estrellarse contra la tierra.

Aria retrocedió a toda prisa, temblando de pies a cabeza.

Mientras intentaba comprender lo que estaba sucediendo, otro lobo salió de entre los árboles, seguido de un tercero.

Se le heló la sangre. Ahora eran tres y no parecían normales. Sus movimientos eran salvajes, casi como si hubieran perdido el control de sí mismos.

Intentó volver a correr, pero uno de los lobos le bloqueó el camino.

Aria retrocedió y tragó saliva, aterrorizada.

"Por favor..."

El lobo gruñó y ella supo que no podía entenderla. Miró desesperadamente a su alrededor, pero no tenía adónde ir.

El animal bajó la cabeza y se lanzó hacia ella. Todo su cuerpo se quedó paralizado.

Una figura oscura apareció entre ambos y se movió tan deprisa que Aria apenas pudo verlo. Agarró al lobo por el cuello y lo lanzó a varios metros de distancia. Los otros dos atacaron y Kael se transformó.

Aria había visto lobos antes, pero nunca uno como él. Su lobo era enorme, completamente negro de la cabeza a la cola, con unos ojos dorados casi idénticos a los que tenía en su forma humana.

Atacó al primer lobo antes de que pudiera alcanzarla. La pelea fue brutal y rápida. Aria se apretó contra un árbol, observando impotente.

Kael era mucho más fuerte y, en cuestión de momentos, los tres lobos se retiraron hacia el bosque.

Kael recuperó su forma humana y se quedó de pie, respirando con dificultad, mientras la sangre le corría por el brazo.

Aria lo miró, todavía temblando de pies a cabeza.

"Has vuelto".

Kael la miró.

"Te dije que me aseguraría de que estuvieras a salvo".

"También dijiste que no me querías".

Su expresión se tensó mientras la observaba.

"Este no es el momento".

Aria miró hacia el bosque.

"¿Qué eran esas cosas?"

"Lobos salvajes".

"¿Por qué estaban atacando la aldea?"

"Todavía no lo sé".

Él caminó hacia ella y Aria retrocedió de inmediato.

"No te acerques".

Kael se detuvo, sin saber qué decir ni qué hacer a continuación.

Ella miró la sangre que le cubría el brazo.

"Estás herido".

"No es nada".

"Me estabas protegiendo".

"Estaba protegiendo a mi pareja".

La expresión de Aria cambió y estuvo a punto de soltar una risa burlona.

"Me rechazaste".

Kael apartó la mirada.

"El vínculo sigue existiendo".

"Eso no explica nada".

"No tiene por qué hacerlo".

Aria lo miró con incredulidad. Odiaba lo tranquilo que sonaba. Odiaba aún más que una parte de ella se sintiera aliviada al verlo.

Kael miró hacia la aldea.

"Nos vamos".

Aria parpadeó y soltó una risa incrédula.

"¿Qué?"

"No podemos quedarnos aquí".

"No voy a ir a ninguna parte contigo".

"Tienes que hacerlo".

"No, no tengo por qué".

Los ojos de Kael se endurecieron.

"Esos lobos no estaban aquí por casualidad".

Aria miró hacia el bosque.

"Entonces, avisa al Alfa".

"No puedo".

"¿Por qué?"

"Porque quienquiera que los haya enviado podría estar vigilando ya a la manada".

Aria negó con la cabeza.

"¿Esperas que me crea eso?"

"Espero que entiendas que ya no estás a salvo aquí".

"He vivido aquí toda mi vida".

"Y ahora eres mi pareja".

Aria se estremeció al escuchar aquella palabra. Ahora era su pareja.

Su expresión se suavizó durante apenas un segundo.

"Aria, escúchame".

Ella lo miró.

"¿Cómo sabes mi nombre?"

Kael suspiró profundamente ante su pregunta.

"Lo escuché de la gente".

Lo había oído por casualidad después de seguirla por el mercado. A la gente le encantaba cotillear.

"Si esos lobos vinieron por el vínculo, volverán".

"Entonces me quedaré dentro de casa".

"Te atacaron en medio de la aldea".

Aria no tuvo respuesta para aquello.

Kael se acercó un poco más y su expresión se suavizó todavía más.

"Puedo protegerte".

Aria soltó una pequeña risa.

"Ni siquiera pudiste protegerme de ti mismo".

Él se quedó inmóvil. Sus palabras claramente le habían afectado. Aria apartó la mirada de inmediato, sintiéndose un poco culpable por lo que había dicho.

"No quería decir..."

"Sí que querías".

El silencio se instaló entre ellos. Kael volvió a mirar hacia la aldea.

"Nos vamos ahora".

Aria negó con la cabeza.

"No".

Él la miró y suspiró.

"No voy a irme con un hombre que me ha rechazado".

"Lo sé".

"Entonces deja de decirme lo que tengo que hacer".

Kael se acercó un poco más.

"¿Preferirías quedarte aquí y esperar a que esos lobos vuelvan?"

El estómago de Aria se encogió. No quería admitirlo, pero tenía miedo. Ni siquiera sabía por qué habían intentado atacarla.

Kael no pasó por alto el miedo que había en sus ojos.

Bajó la voz cuando volvió a hablar.

"No te obligaré".

Ella lo miró con escepticismo, como si tuviera muchas opciones.

"Pero deberías venir conmigo".

Aria volvió la mirada hacia la aldea, su hogar, todo lo que conocía. Entonces recordó a los lobos.

Miró de nuevo a Kael y soltó un profundo suspiro.

"¿Adónde me llevas?"

"A mi territorio".

"¿A tu territorio?"

"Es más seguro".

"¿Durante cuánto tiempo?"

"Hasta que descubra por qué van detrás de ti".

Aria vaciló y volvió a suspirar profundamente.

"Está bien".

Kael asintió.

"Prepara algunas cosas".

Ella caminó hacia su casa y él la siguió.

"¿Vas a entrar?"

"Te esperaré fuera".

"Bien".

Aria desapareció por la puerta y Kael se quedó bajo un árbol. Su lobo estaba inquieto mientras esperaba. Todavía podía sentir el miedo de Aria a través del vínculo y aquello le molestaba.

Había pasado todo aquel tiempo rondándola como un acosador por culpa del maldito vínculo, pero una parte de él se sentía aliviada de haberlo hecho. De lo contrario, ella habría resultado gravemente herida.

Kael se dijo a sí mismo que llevársela solo tenía como objetivo mantenerla con vida, pero cuando la habían atacado, algo dentro de él se había descontrolado por completo.

Había querido despedazar a aquellos lobos. No porque ella fuera su pareja, sino porque alguien había intentado hacerle daño.

Un profundo ceño fruncido apareció en su rostro. No le gustaba aquel pensamiento. Acababa de conocer a aquella chica humana.

Unos minutos después, Aria salió llevando una pequeña bolsa.

"¿Eso es todo?"

"No tengo muchas cosas".

Algo en la forma en que lo dijo hizo que Kael la mirara. No hizo ningún comentario y ambos comenzaron a caminar.

Durante la primera hora, avanzaron en completo silencio. Aria pasó todo ese tiempo preguntándose si se había vuelto completamente loca. ¿Por qué había aceptado seguirlo tan fácilmente? ¿Y por qué se sentía aliviada de que él hubiera regresado? ¿Acaso ahora estaba dispuesto a aceptarla?

El bosque se volvió más espeso a medida que se alejaban de la manada y Aria comenzó a tener dificultades para seguirle el ritmo.

Kael lo notó y acortó sus pasos. Ella también se dio cuenta y sintió que las mejillas se le calentaban un poco.

"No tienes que caminar más despacio".

"Lo sé".

"Entonces, ¿por qué lo haces?"

"Porque eres humana".

Aria frunció el ceño y estuvo a punto de poner los ojos en blanco.

"Puedo caminar".

"No he dicho que no puedas".

Ella puso los ojos en blanco y Kael estuvo a punto de sonreír.

Continuaron caminando y, unas horas después, Aria se detuvo. Ya no podía seguir.

"Necesito agua".

Kael miró a su alrededor. Estaba acostumbrado a viajar solo.

"Hay un arroyo cerca".

La condujo entre los árboles y, cuando llegaron al arroyo, Aria se arrodilló para beber. Kael se quedó cerca, vigilando el bosque.

"Puedes relajarte", dijo ella.

"Estoy relajado".

"Estás de pie como si estuvieras esperando a que alguien nos ataque".

"Así es".

Ella suspiró profundamente y lo miró de reojo.

"Eres agotador".

Kael la miró.

"Me conoces desde hace menos de un día".

"Y, de alguna manera, ya has conseguido sacarme de quicio".

Para su sorpresa, una de las comisuras de los labios de Kael se levantó, pero la sonrisa desapareció casi de inmediato.

Aria lo miró con incredulidad.

"¿Acabas de sonreír?"

"No".

"Sí, lo has hecho".

"Te lo has imaginado".

Ella negó con la cabeza y estuvo a punto de sonreír también. No lo había hecho desde la ceremonia.

Entonces, una rama crujió detrás de ellos y la expresión de Kael cambió al instante.

"Quédate detrás de mí".

Aria se levantó rápidamente y sintió que el estómago se le encogía. ¿Habían regresado los lobos salvajes? ¿Por qué querían atacarla?

"¿Qué ocurre?"

"No te muevas".

Tres lobos aparecieron entre los árboles y el corazón de Aria se hundió en el estómago.

Kael se colocó delante de ella a una velocidad increíble cuando uno de los lobos se lanzó al ataque. Se transformó y lo atacó. Los otros dos lo rodearon mientras uno se dirigía directamente hacia Aria.

Ella intentó huir, pero el pie se le enganchó en una raíz y cayó al suelo. El lobo se abalanzó sobre ella, pero Kael apareció de nuevo delante de ella y las garras del animal le alcanzaron el hombro.

Kael gruñó y atacó con tanta fuerza que el lobo salió despedido y se estrelló contra un árbol.

"¡Kael!"

Él se volvió hacia ella y recuperó su forma humana.

"¿Estás herida?"

Ella negó con la cabeza.

"No".

Kael se acercó a ella. La sangre le corría por el hombro.

"Estás sangrando".

"Me curaré".

"Te han herido por mi culpa".

"No".

"Pero..."

"He dicho que no".

Se agachó frente a ella y sus ojos dorados se encontraron con los suyos.

"¿Estás segura de que no estás herida?"

Aria se quedó mirándolo. Era el mismo hombre que la había mirado a los ojos y la había rechazado. El mismo que le había dicho que no la quería y, aun así, se había interpuesto entre ella y un lobo sin pensárselo dos veces.

Miró su hombro herido.

"No te comportas como alguien a quien no le importo".

El rostro de Kael se quedó inexpresivo por un momento antes de que apartara la mirada.

"Nunca he dicho que no me importes".

El corazón de Aria dio un vuelco y ella tragó saliva.

"¿Qué has dicho?"

Kael se puso de pie y miró su ropa hecha jirones.

"Levántate".

Ella lo observó, todavía intentando asimilar todo lo que acababa de suceder.

"Kael".

Tenemos que seguir avanzando".

Él volvió a caminar y Aria lo siguió lentamente, aunque no sin antes mirar de reojo a los lobos heridos.

No lo entendía. Pero comenzó a preguntarse si había algo más detrás de su rechazo de lo que había creído al principio.

Kael siguió caminando sin mirar atrás porque sabía que, si volvía a mirarla, podría decir algo que todavía no estaba preparado para admitir...

Le importaba. Estaba seguro de que era por culpa del estúpido vínculo.

¿Cómo iba a solucionar aquello?

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