Share

04

Penulis: AriaEscritora
last update Tanggal publikasi: 2026-01-28 12:32:50

Audrey huyó hacia la oscuridad de la noche, llevando consigo un secreto doble que ni siquiera el implacable Alessandro Di' Giovanni había logrado arrancarle. El informe médico que arrugaba en su puño antes de escapar de la clínica no mentía; su desmayo no fue solo por estrés, sino porque su cuerpo estaba haciendo el doble de esfuerzo para gestar a dos bebés. Eran gemelos. Aquella revelación le dio la fuerza necesaria para burlar la seguridad y escapar de la ciudad.

Mientras el taxi se alejaba de la mansión, Audrey observaba por la ventanilla cómo las rejas de hierro se convertían en líneas borrosas. El nudo en su garganta se deshizo, permitiendo que las lágrimas bajaran libres. Se sentía sola, pero una certeza la consolaba, había salvado a sus hijos de convertirse en simples cláusulas de un contrato de renuncia. Sus padres la odiarían por perder el boleto dorado, y Alessandro... su pulso se aceleró de terror al imaginarlo. El hombre que creía haberla acorralado se volvería loco al descubrir que su presa se le había escapado entre los dedos.

«No son una transacción; son míos», se juró Audrey, apagando su móvil tras recibir un mensaje desesperado de su madre. No permitiría que Alessandro le robara a sus hijos a cambio de millones.

Al llegar a la estación de tren, el bullicio la envolvió. Entregó su boleto con el corazón martilleando, temiendo que una mano pesada se posara en su hombro. Solo cuando el tren se puso en marcha con un gemido metálico, se permitió respirar. Iba hacia una aldea costera, un lienzo en blanco donde nadie conocía el peso del apellido Di’ Giovanni.

Mientras tanto, en la mansión Sullivan, el aire se había vuelto irrespirable. Alessandro permanecía en el centro del vestíbulo con una expresión que vaticinaba una tormenta. Sus ojos oscuros viajaban de Eliot a Olivia, quienes balbuceaban excusas incoherentes sobre el paradero de su hija.

—¿Me están diciendo que su propia hija ha desaparecido sin que se dieran cuenta? —preguntó el pelinegro. Su voz era un susurro peligroso que cortaba más que un grito.

No confiaba en ellos; sospechaba que era una estrategia para renegociar. Regresó a su oficina donde su jefe de seguridad ya lo esperaba con las grabaciones. En la pantalla, se veía la imagen granulada de Audrey en la estación de tren, mirando por encima del hombro con ojos llenos de pánico.

—Huyó como una niña —murmuró, apretando la mandíbula—. Se arrepentirá de haberme hecho perder el tiempo con este juego.

Se acercó al monitor y detuvo la imagen. No era solo el contrato lo que estaba en juego, sino el hecho de que ella fuera la primera persona en la vida en atreverse a desafiarlo.

Alessandro observó el informe médico en su mano, pero su mente viajó a los fríos pasillos de su infancia. Recordó a su abuelo, un hombre que murió en la ruina y la vergüenza por culpa de la traición de los Sullivan. Él no había nacido para ser un monstruo; lo habían forjado para ser un arma de restitución.

​«Justicia, no venganza», se repetía como un mantra. Pero al ver la cama vacía del hospital, sintió una punzada de algo que no era odio. Era una vulnerabilidad que lo aterraba. Por primera vez en su vida, el control —lo único que lo mantenía a salvo de sus propios demonios familiares— se le escapaba de las manos. No la buscaba solo por el contrato o por el heredero; la buscaba porque ella era la única que, en una sola noche, había logrado que el silencio de su alma dejara de ser tan pesado.

—Señor, hemos rastreado el boleto —informó el guardia—. Se dirige a la costa. Pero hay algo más... el médico de la clínica privada dejó este sobre para usted. Dice que es la actualización de los análisis de sangre de su esposa que no pudo entregarle antes de que ella escapara.

El pelinegro tomó el sobre con una lentitud amenazante. Lo abrió y, a medida que sus ojos recorrían los resultados, la furia de su rostro fue reemplazada por una palidez letal. El papel tembló entre sus dedos enguantados.

—Preparen el helicóptero —ordenó Alessandro, con una voz que hizo que los guardias retrocedieran por instinto—. Ella cree que está huyendo con mi hijo... pero no tiene idea de que ahora que sé la verdad, voy a cazarla aunque tenga que quemar el mundo entero para encontrarla.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • El Millonario y Su Venganza: Embarazada De Gemelos   159

    El tiempo en la sala de espera de un hospital no se mide en minutos, sino en latidos interrumpidos. Alessandro permanecía de pie, con la mandíbula tensa y la mirada fija en las puertas batientes del quirófano. A su lado, Marcus era la viva imagen del colapso; el hombre que podía desmantelar corporaciones con una llamada estaba ahora reducido a un manojo de nervios, con la cabeza entre las manos y el silencio pesándole como una losa de hormigón.De pronto, el sonido de unos pasos apresurados rompió la calma del pasillo. Era Audrey. Había llamado a Olivia en plena madrugada para que se trasladara a su casa y cuidara de los niños, incapaz de quedarse de brazos cruzados mientras sus mejores amigos libraban la batalla más importante de sus vidas. Al verla, Alessandro se adelantó y la recibió en un abrazo que buscaba infundirle una calma que él mismo apenas lograba sostener.—¿Alguna noticia? —susurró ella, mirando de reojo a un Marcus que ni siquiera había notado su presencia.—Siguen allá

  • El Millonario y Su Venganza: Embarazada De Gemelos   158

    El segundero del reloj de pared en la suite principal parecía martillear contra el silencio sepulcral de la madrugada. Alessandro y Audrey finalmente se habían deslizado entre las sábanas de hilo, compartiendo ese suspiro colectivo de los padres que saben que, por fin, la casa duerme. Él acababa de rodearla con el brazo, atrayéndola hacia su pecho en ese gesto de posesión tranquila que se había vuelto su ritual, cuando el estruendo de un tono de llamada rompió la paz.Alessandro gruñó, palpando la mesa de noche hasta dar con el dispositivo. Al ver el nombre en la pantalla, sus cejas se arquearon con una mezcla de sorpresa y mal agüero.—Es Marcus —susurró, con la voz ronca por el sueño—. Son las dos de la mañana.—Contesta —dijo Audrey, incorporándose de inmediato, el instinto de alerta encendido—. Solo llama a esta hora si el mundo se está acabando o si...Alessandro no llegó a poner el altavoz cuando un grito ahogado y frenético emergió del auricular, tan fuerte que la castaña pudo

  • El Millonario y Su Venganza: Embarazada De Gemelos   157

    La luz del amanecer de aquel lunes se filtraba por los amplios ventanales de la cocina, bañando la mesa de madera rústica que ahora era el epicentro de la vida de los Di Giovanni. Ya no era el comedor gélido de los primeros años; ahora olía a café recién hecho, a pan tostado y a ese aroma dulce de los cereales que Maxwell insistía en comer todas las mañanas. El ajetreo matutino era una sinfonía caótica pero perfectamente afinada que Alessandro y Audrey habían aprendido a dirigir con una paciencia admirable.Alessandro, impecable en un traje gris marengo que acentuaba su porte de arquitecto de renombre, terminaba de revisar unos planos en su tableta mientras, con la otra mano, ayudaba a Matthew a anudar su corbata del uniforme escolar. El niño de diez años imitaba la postura de su padre con una seriedad que siempre lograba sacar una sonrisa a Audrey.—Papá, ¿crees que el proyecto del nuevo museo esté listo para la gala de invierno? —preguntó Matthew con curiosidad, ajustándose el jerse

  • El Millonario y Su Venganza: Embarazada De Gemelos   156

    Al terminar, se trasladaron al porche. Los niños, con sus ropas casuales ya algo desaliñadas por el juego, se tumbaron en el césped a mirar las estrellas con un telescopio que Marcus les había regalado. Audrey observó a Alice durmiendo finalmente en su regazo y sintió que el círculo estaba cerrado. Tenía a su madre, a sus amigos, a sus cuatro hijos y al hombre que lo cambió todo para ella.Fue en ese momento de calma cuando Marcus se puso en pie y carraspeó, intercambiando una mirada cargada de significado con su esposa.—Bueno, familia, amigos... —comenzó él, dejando su copa sobre la mesa de madera—. Ahora que los pequeños terremotos están a salvo y que Alice nos ha dado un respiro, Jen y yo tenemos algo que compartir con todos.Jennifer tomó la mano de Marcus y, con una sonrisa que iluminó su rostro, miró a Audrey y luego a Alessandro.—Parece que el ensayo que hicimos hace cuatro años dio sus frutos —dijo Jennifer con voz suave—. Vamos a ampliar el censo de la familia. Estoy embara

  • El Millonario y Su Venganza: Embarazada De Gemelos   155

    Cuatro años después...El eco de unas risas infantiles rebotaba contra las paredes del gran salón, rompiendo definitivamente la solemnidad que alguna vez caracterizó a aquel espacio de techos altos y mármol frío. La mansión Di Giovanni, que en otros tiempos funcionó como un monumento al poder y al aislamiento de un hombre herido, se había transformado finalmente en un organismo vivo, cálido y caótico. Matthew y Emma, que a sus diez años ya caminaban con una confianza asombrosa y una estatura que empezaba a rivalizar con los hombros de los adultos, terminaban de organizar los últimos detalles para la recepción de esa noche. Lejos de la rigidez de los eventos de etiqueta que solían marcar la agenda de Alessandro, hoy la consigna era la cercanía y la comodidad.Ambos vestían de forma relajada, reflejando la libertad que ahora imperaba en su hogar. Matthew llevaba unos vaqueros oscuros y un jersey de punto azul marino que le daba un aire de pequeño intelectual, una imagen que reforzaba co

  • El Millonario y Su Venganza: Embarazada De Gemelos   154

    Horas más tarde, el sol de mediodía bañaba la cubierta del yate de madera pulida que surcaba las aguas de Positano. Audrey, vestida con un bañador elegante y una pamela que el viento intentaba arrebatarle, observaba el perfil de las casas de colores incrustadas en el acantilado. Alessandro estaba al mando, manejando la embarcación con una destreza que siempre lograba impresionar a su esposa.Se detuvieron en una ensenada de aguas turquesas y cristalinas, protegida por altas rocas calizas. El silencio solo era interrumpido por el suave chapoteo del agua contra el casco. Alessandro apagó el motor y se acercó a ella, rodeándola por la cintura.—¿En qué piensas? —le susurró al oído.—En que hace un año, si alguien me hubiera dicho que estaría aquí, casada contigo, con tres hijos maravillosos y sintiéndome la mujer más afortunada del mundo, probablemente le habría dicho que estaba loco —confesó Audrey, girándose para rodear su cuello con los brazos—. Todo lo que construiste, Alessandro...

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status