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Capítulo 44: Chatarra digital

last update Data de publicação: 2026-07-14 02:57:10

El eco de los tacones de aguja de Victoria contra el suelo de mármol del ala oeste sonaba como una cuenta regresiva hacia el desastre. La furia le nublaba por completo el juicio; la humillación pública que la gobernadora Megan le acababa de infligir frente a los ministros era un trago demasiado amargo para su orgullo. Necesitaba llegar a la terminal robada, verificar que el proceso de desencriptación siguiera su curso y asegurarse de que mañana, exactamente a las ocho de la mañana, tendría la c
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  • El Pacto de la Penumbra   Capítulo 55: El imperio de las sombras

    El llanto de Megan se fue apagando lentamente, transformándose en una respiración acompasada contra el pecho de Camilo. El peso de los años de desconfianza, el fantasma de la traición y el blindaje de la corona se habían disuelto en el suelo de aquella suite, junto a las hojas esparcidas de una renuncia que nunca se firmaría.Camilo la estrechó con una delicadeza inusual, rodeándola con sus brazos como si protegiera el tesoro más valioso de su existencia. Con un movimiento suave, le levantó la barbilla, obligándola a clavar sus ojos en el brillo profundo de sus esmeraldas. Ya no había máscaras, ni uniformes, ni mentiras entre ellos.—Te lo prometí, Megan —susurró el general, con esa voz ronca y pausada que ahora transmitía una paz absoluta—. Conmigo estás a salvo. No hay pasado que pueda tocarte en este territorio.Megan esbozó una sonrisa de medio lado, la primera sonrisa verdaderamente libre y auténtica que reflejaba su rostro en mucho tiempo.—Es una insubordinación gravísima dejar

  • El Pacto de la Penumbra   Capítulo 54: La estocada del rey

    El viernes por la mañana, el aire en el palacio se cortaba con un cuchillo. La Fase 2 de la estrategia había dejado a Megan en un estado de vulnerabilidad absoluta; sus noches eran insomnios continuos pensando en la devoción silenciosa del general, y sus días eran una tortura de distancia. El terreno estaba preparado, las defensas agrietadas. Era el momento de la estocada final.La tormenta estalló a las nueve en punto. El viejo Saúl entró al despacho de la gobernadora con el rostro pálido y las manos temblando de verdad, sosteniendo una carpeta roja de alta prioridad. No era una actuación; el consejero jefe ignoraba que su propia hija, Morgan, había diseñado este colapso junto al general.—Gobernadora... Megan... —tartamudeó Saúl, dejando caer la carpeta sobre el escritorio de caoba—. Esto es una catástrofe para la seguridad del territorio. El General Superior Camilo acaba de radicar una solicitud de baja inmediata y traslado definitivo fuera de Tierra Escarlata.A Megan se le detuvo

  • El Pacto de la Penumbra   Capítulo 53: El peso de la devoción

    El lunes amaneció con un cambio sutil, casi imperceptible para cualquiera que no fuera Megan, pero sísmico para ella. La fase de "vacío absoluto" había terminado. Camilo ya no era el soldado robótico y distante de los últimos días; había vuelto a ser el estratega impecable, pero con un giro que la desconcertaba aún más: su protección se había vuelto una presencia constante, silenciosa y absoluta.Durante la inspección de las obras en el Sector Cuatro, donde el atentado del acueducto aún mantenía los ánimos caldeados, Megan se sintió custodiada como nunca antes. No era el despliegue aparatoso de la Guardia; era Camilo, moviéndose como una sombra a su espalda.Cuando una viga mal sujeta se desprendió, Megan ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar. Antes de que el estruendo terminara, el cuerpo del general ya estaba frente a ella, cubriéndola con su propia espalda mientras desvió los escombros con una precisión casi inhumana. En cuanto el peligro pasó, Camilo no esperó un agradecimiento, n

  • El Pacto de la Penumbra   Capítulo 52: La asfixia del vacío

    El jueves por la mañana, el regreso de la gobernadora al palacio de Tierra Escarlata fue recibido con el más alto protocolo. Megan cruzó el umbral del ala presidencial vistiendo un impecable traje sastre color gris sutil, con la barbilla en alto y los ojos miel fijos al frente. Por dentro, su corazón era un motor fuera de control. Había pasado las últimas cuarenta y ocho horas ensayando sus respuestas, blindando su mente y preparándose para el inevitable choque contra el general. Esperaba que Camilo la mirara con ese reproche doloroso, que intentara acorralarla en el pasillo o que, al menos, dejara caer una de sus sonrisas canallas para recordarle que seguían unidos por un pacto.Megan estaba lista para la guerra contra la insistencia de Camilo. Pero no estaba lista para el vacío.Cuando dobló la esquina del corredor principal, la imponente silueta del General Superior ya estaba apostada junto a la entrada de su despacho. Camilo vestía el uniforme negro reglamentario de servicio, perf

  • El Pacto de la Penumbra   Capítulo 51: El pacto del asedio

    El silencio volvió a instalarse en la sala tras la cruda confesión de Morgan. Fiel a su promesa, la hija de Saúl desenterró cada detalle de aquella vieja traición que había congelado el alma de la gobernadora. Camilo escuchó sin interrumpir una sola vez, con la mandíbula apretada y las esmeraldas de sus ojos oscureciéndose hasta convertirse en dos pozos de furia fría y profunda comprensión.Ahora todo tenía un sentido perfecto y doloroso. El pánico de Megan no era soberbia imperial; eran las cicatrices de una mujer que había sido destruida por el hombre que juró amarla. Juan Pablo la había quebrado usando la mentira y la falsa proximidad; por eso, cuando Camilo le ofreció una verdad tan desnuda, ella huyó para salvarse del abismo.Camilo exhaló un suspiro largo, pasándose una mano por el rostro.—Ella espera que yo actúe igual que ese infeliz —analizó el general con voz ronca—. Piensa que, si baja la guardia, usaré sus sentimientos para arrinconarla y quitarle el control.—Exacto —asi

  • El Pacto de la Penumbra   Capítulo 50: El pacto de las sombras

    La obsesión de Camilo no conocía límites cuando se trataba de proteger —o descifrar— a su objetivo. Tras colgar con Saúl, el general se encerró en una habitación segura del subsuelo del palacio, lejos de cualquier red de comunicación rastreable. Sacó de un compartimento oculto un dispositivo antiguo, analógico e indetectable, y marcó un número de doce dígitos que solo él conocía.Al otro lado de la línea, la llamada fue atendida al segundo tono. Nadie en el territorio, ni el Estado, ni la inteligencia del palacio, sabía de la existencia de ese contacto: un viejo fantasma de la contrainteligencia militar que operaba en las sombras más profundas del extranjero.—General —respondió una voz distorsionada y neutral—. Hacía años que no usaba esta frecuencia. ¿Cuál es el objetivo?—Necesito un rastro —ordenó Camilo, con su voz ronca y severa—. Investiga el pasado de la gobernadora Megan. Quiero nombres, amigos, conocidos, parejas... cualquier anomalía emocional o civil que haya quedado sepul

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