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Capítulo 8

Author: Romanticuyo
El metal frío raspaba mi punto más sensible. El tormento casi me dejó sin fuerzas; me aferré con ambas manos a sus antebrazos y las lágrimas se me escaparon de los ojos.

Él, en cambio, mantuvo en todo momento la compostura de una figura dominante.

—Se... Se lo ruego... señor Santillán... dé... démelo...

Ante un estímulo tan abrumador que me erizaba la piel, la tortura casi me hizo desfallecer.

Solo cuando abandoné por completo mi dignidad y le supliqué a gritos entre lágrimas, él, con la actitud
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    El metal frío raspaba mi punto más sensible. El tormento casi me dejó sin fuerzas; me aferré con ambas manos a sus antebrazos y las lágrimas se me escaparon de los ojos.Él, en cambio, mantuvo en todo momento la compostura de una figura dominante.—Se... Se lo ruego... señor Santillán... dé... démelo...Ante un estímulo tan abrumador que me erizaba la piel, la tortura casi me hizo desfallecer.Solo cuando abandoné por completo mi dignidad y le supliqué a gritos entre lágrimas, él, con la actitud de una figura dominante absoluta, llenó mi vacío de manera implacable.Durante el acto, me alzó el mentón y contempló satisfecho las lágrimas que brotaban del rabillo de mis ojos. Me atormentó hasta hacerme sollozar sin parar, y solo entonces se apiadó y me soltó. Esa misma noche, regresé al departamento arrastrando un cuerpo que parecía a punto de desarmarse.Al mirarme en el espejo y ver las marcas rojizas que cubrían todo mi cuerpo, sentí un miedo profundo. Emmanuel era demasiado despiadado

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