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Capitulo 9

Autor: Monn Star
last update Fecha de publicación: 2026-09-28 06:19:36

La llamada se cortó, dejando un silencio aún más cargado que antes.

Caster bajó el teléfono lentamente. La mirada de Morgana, siempre certera, le había dado un punto de apoyo en su tempestad interna. Ya no era solo la batalla entre el hombre herido y la bestia posesiva. Había un tercer elemento: la posibilidad. La esperanza que creía muerta.

—¿Y si tiene razón? —se preguntó, mirando a Faith— ¿Y si eres tú? ¿Y si siempre has sido tú?

Sus ojos, ahora de un azul más sereno, volvieron a posarse en
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    Zoey soltó una carcajada.—Eso no se lo contó Caster a los chicos...—dijo— Bueno no así. Dice que eres la humana más valiente que ha conocido. Que no te rendiste. Que luchaste hasta el final.Faith se sonrojó.—No me sentí valiente —murmuró—. Me sentí aterrada.—Eso es lo mismo —dijo Zoey, con una sonrisa suave—. El valor no es no tener miedo. Es tener miedo y seguir adelante de todos modos.Faith la miró, y en sus ojos grises brilló una comprensión profunda.—¿Y tú? —preguntó—. ¿Tuviste miedo? ¿Cuando supiste que Liam era tu compañero?Zoey asintió, y su sonrisa se volvió más melancólica.—Mucho. Pero no fue el vínculo lo que me asustó. Fue lo que significaba. Dejar mi vida atrás. Dejar mi familia. Dejar todo lo que conocía. Y luego… —hizo una pausa, acariciándose la barriga— … el embarazo. Eso me aterró de verdad.Faith la miró, y en sus ojos grises brilló una mezcla de curiosidad y aprensión.—¿Por qué? —preguntó, con un hilo de voz.Zoey suspiró.—Porque no fue una elección —adm

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    Entonces, Zoey soltó un ruido.—¿En serio? —dijo, con una voz que mezclaba exasperación y diversión—. ¿Vais a quedaros todo el día en vuestro reto de miradas? Porque yo tengo cosas mejores que hacer. Como conocer a mi cuñada.Se apartó de los hombres y caminó hacia Faith con paso decidido, a pesar de su barriga. Le sonrió, una sonrisa cálida y genuina, y le tendió la mano.—Hola —dijo—. Soy Zoey. La mujer de Liam. La que te ha estado esperando desde que Caster llamó a mi marido anoche.Faith tomó su mano, sorprendida por la calidez.—Faith —dijo—. Encantada.Zoey la miró de arriba abajo, y su sonrisa se ensanchó.—Eres preciosa —dijo —Aunque eso ya lo sabía. Caster no ha parado de hablar de ti desde que te encontró. Y yo la verdad me alegro no ser la única humana ahora.Faith se sonrojó, apartando la mirada.—No sé si eso es bueno o malo —murmuró.Zoey soltó una carcajada.—Bueno . Muy bueno. Créeme. Nunca le había visto así. Ni siquiera cuando… —hizo una pausa, y su expresión se volv

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    Caster le mostró el pueblo con calma, sin prisa. Caminaron por senderos de tierra rodeados de árboles, pasaron junto al parque donde los niños jugaban, y se detuvieron frente a la escuela, un edificio de líneas modernas con ventanales enormes y un patio lleno de flores.—Aquí aprenden los más pequeños —explicó Caster—. No solo las materias humanas. También nuestra historia. Nuestras tradiciones. Lo que significa ser un cambiaforma.Faith asintió, mirando el edificio con curiosidad.—¿Y los adultos? —preguntó—. ¿También aprenden?Caster sonrió.—Siempre se aprende algo —dijo—. Pero los adultos ya han vivido lo suficiente para saber quiénes son. Los niños… los niños son el futuro. Ellos son los que mantendrán viva nuestra especie.Faith lo miró, y en sus ojos grises brilló una comprensión profunda.—Por eso te importa tanto el embarazo —dijo, con un hilo de voz—. No es solo tu deseo. Es tu deber. Con tu especie. Con tu manada.Caster la miró, y en sus ojos azules brilló una mezcla de gr

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    Se giró hacia la niña de las trenzas, que la miraba con los ojos abiertos como platos.—¿Me prestas tu caña? —pidió, con una voz suave.La niña asintió, sin decir palabra, y le tendió la caña. Faith la tomó, sintiendo su peso, su textura. Era una caña sencilla, de madera y sedal, pero bien hecha. Sonrió, recordando las tardes junto al arroyo de su abuela.—Lo primero —dijo, en voz alta, para que todos los niños la oyeran— es desenrollar el lío del sedal. No puede haber nudos. Si hay nudos, el pez lo nota. Y se va.Los niños se acercaron, curiosos, olvidando por un momento la burla y el conflicto. Faith desenrolló el sedal con cuidado, mostrándoles cómo hacerlo.—Luego —continuó— hay que buscar una buena carnada. Algo que huela bien. Algo que atraiga al pez. No vale cualquier cosa. Hay que pensar como un pez. ¿Qué le gustaría comer?Los más pequeños se apiñaron a su alrededor, con los ojos brillantes.—¿Qué usas tú? —preguntó uno de ellos, un niño de unos seis años con el pelo rizado.

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    Caster se quedó hablando con el anciano, y Faith, sintiéndose un poco fuera de lugar entre tantas miradas curiosas, se alejó lentamente hacia el río. Necesitaba un momento para respirar, para procesar todo lo que estaba pasando. El valle, el pueblo, la manada, las palabras de Caster sobre el embarazo… era demasiado. Demasiado para un solo día.Caminó sin rumbo hasta que llegó a la orilla del río, donde un grupo de niños estaba pescando. Eran ocho en total: cinco niños y tres niñas. Los más pequeños parecían tener unos seis o siete años; los mayores, quizás once o doce. Estaban apiñados alrededor de unas cañas rudimentarias, riendo y gritando, compitiendo por ver quién sacaba el pez más grande.Faith sonrió. Le recordaba a su propia infancia, cuando pasaba horas junto a un arroyo cerca de la casa de su abuela, intentando pescar truchas con una caña improvisada. Nunca pescaba nada, pero no importaba. Lo importante era la paz, el silencio, la conexión con la naturaleza.Se acercó un poco

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    Faith cerró los ojos, sintiendo el calor de su cuerpo, el aroma que la envolvía, el latido de su corazón contra el suyo. Todo era demasiado. Demasiado intenso. Demasiado real. Demasiado hermoso.—Está bien —susurró, con la voz temblando—. Vamos.Caster la miró, y en sus ojos azules brilló una luz que no era de este mundo.—¿Estás segura? —preguntó, con una cautela que le resultó entrañable.Faith asintió, con una sonrisa pequeña y frágil.—Sí . Quiero conocer a tu manada. Quiero ver tu mundo. Quiero… —hizo una pausa, y su voz se volvió más firme— … quiero intentarlo.Caster sonrió, una sonrisa lenta y luminosa que le iluminó todo el rostro.—Entonces empecemos —dijo, con una voz cargada de emoción—. Pero primero… —hizo una pausa, y su expresión se volvió más seria— … hay algo que necesito decirte.Faith arqueó una ceja.—¿Más? —preguntó, con una sonrisa cansada—. ¿No crees que ya me has dicho suficiente por hoy?Caster soltó una risa suave.—Solo una cosa más —dijo—. Y es importante.

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