Mag-log inTariq—Se la regalé —admitió Khalid, sin apartar la vista de la daga—. Reem la vio en mi colección y le gustó. No imaginé que acabaría utilizándola contra Eliany.—¿Y qué hacía mi prometida en tus habitaciones? —Me levanté y me acerqué a él—. Me reprochaste aquella visita como si hubiera cometido una indecencia. ¿Por qué contigo habría de ser distinto?—No ocurrió nada entre nosotros, Tariq.—¿Por qué sientes la necesidad de aclararlo? Llevas demasiado tiempo defendiéndola, incluso después de lo que le hizo a Ely. Khalid me sostuvo la mirada unos segundos antes de apartarla. Podía discutir mis decisiones sin pestañear, pero rara vez lo había visto tan incómodo como ahora.—¿Qué sientes por ella? —insistí.—No quiero hablar de eso. —Apretó los dientes, pero terminó por soltarlo sin que tuviera que insistir—. La quiero, Tariq. Desde hace años. ¿Estás satisfecho? A pesar de eso, nunca te he dado motivos para desconfiar de mí.La confesión me dejó perplejo. Khalid conocía todos mis desas
Tariq—Adelante —grité más alto de lo que debía al escuchar los golpes en la puerta que llevaba un buen rato esperando.Omar entró y negó con la cabeza al encontrar mi mirada. Su gesto me bastó para saber que mi Ely me había abandonado.Mi tío Samir dejó de hablar sobre los últimos ajustes de una negociación y yo me puse de pie para acercarme a la ventana antes de que notara cómo se me humedecían los ojos.—¿Podemos tratar eso después? —dije mirando la rotonda desde mi ventana, mientras me reprochaba no haberme asomado para verla partir, no haberme quedado algunas horas más compartiendo la cama con ella… Pensé en todo lo que habría podido decirle para detenerla, pero había prometido respetar su decisión y, aunque la necesidad de salir a buscarla me quemara las entrañas, cumpliría mi palabra.—Cancela todo por hoy —le ordené a Omar, indicándoles que se marcharan. Cerré los ojos un instante, aferrándome a la última imagen de Ely dormida, y salí hacia la habitación que habíamos comparti
ElyBusqué a Tariq entre las sábanas antes de abrir los ojos y encontré su lado frío. No estaba tampoco en el sillón junto a la ventana, donde solía leer cuando no conseguía dormir. Cuando miré el teléfono, faltaban unos minutos para las siete. Los dos documentos seguían sobre la mesilla y aunque lo que vivimos ayer mientras recorríamos la casa junto al mar, parecía un recuerdo lejano, por un momento me imaginé instalada ahí, esperando su regreso al anochecer.Después de un buen rato divagando, comprendí que aunque podía ofrecerme aquella vida sin renunciar a casarse con Reem y que Mariam parecía feliz compartiendo a su amante; yo había sufrido demasiado con solo verlo posar junto a su prometida para unas fotos. ¿Qué pasaría conmigo el día de su boda? ¿Y cuando inevitablemente tuvieran hijos?Había pasado todas estas semanas con la sensación de que si esperaba pacientemente algo cambiaría. Su manera de hacerme y buscarme incluso cuando apenas le quedaban fuerzas habían alimentado esa
TariqEly me contaba que anoche Brian logró que Fhad le prometiera una visita a Londres junto a su hija, pero se quedó a media frase cuando entramos a la propiedad y miró los enormes árboles flanqueando el camino con sus ramas entrelazadas sobre nosotros.Bajé las ventanillas y el sonido del mar hizo que abriera los ojos y saltara en su asiento, emocionada.—¡Ay, Santa Bárbara, bendita! ¿Eso es…?Asentí, satisfecho, y al estacionar la ayudé a bajar mientras ella contemplaba los jardines. Cuando entramos a la casa, Ely se detuvo frente al cuadro que dominaba la sala con la mujer que abría las contraventanas. La luz que entraba desde la terraza iluminaba el suelo y le daba a la pintura un aire sofisticado mientras ella la miraba como si aquel hubiese sido siempre su lugar.—¿Lo compraste para mí? —preguntó—. Pensé que no habías vuelto a mirarlo después de que pasáramos a la otra sala.—Me precio de ser un buen observador —dije, rodeándole la cintura mientras ella apoyaba la cabeza contr
ElyPensé que después de haber sido ignorada por mi padre en público no iba a sentir una humillación más grande, pero me equivoqué. Cuando Reem le pidió a Tariq que se acercara más a ella para la fotografía, yo no sabía dónde mirar, y me parecía que todos estaban más pendientes de mi reacción que de la pareja que posaba frente a nosotros.La primera vez Tariq me miró a mí en lugar de a ella, pero cuando insistió, él se giró y la miró de tal manera que la hizo retroceder sin siquiera abrir la boca. Incluso Salma se atragantó con la champaña y me sujetó con fuerza antes de darles la espalda a todos y apoyarse contra mi hombro aguantándose la risa.—No es gracioso —susurré con los dientes apretados.—Lo sé. —Tosió una vez más—. Pero esto se convertirá en un infierno para ella, te lo apuesto.Me costaba reconocer en esa rigidez al hombre tierno y dulce que seguía buscándome bajo las sábanas. Y aunque una parte de mí agradecía su frialdad, bastó con que Reem le tomara el brazo y la pulsera
ElyUn grito ronco me arrancó del sueño y me incorporé tan deprisa que casi me caí. Tariq me sujetó de golpe y sentí un tirón. Todavía intentaba averiguar qué había ocurrido cuando el grito se repitió y él se echó a reír.—Un francolín gris —dijo, señalando el jardín.Sobre el borde del canal había un pájaro rechoncho, de plumaje pardo finamente rayado. Me dejé caer contra su pecho mientras le tapaba la boca con la mano, pero lo sentí reír contra mi palma. Su cuerpo desprendía tanto calor que acabé apartándome. Miré a mi alrededor antes de recoger la camisa del suelo y ponérmela, mientras él se incorporaba, todavía divertido.—Estamos solos, mi Ely. No me prives de tu desnudez —dijo al impedir que me siguiera abotonando la camisa y dejó un beso sobre uno de mis senos. —Tenemos que darnos un baño. Y dame de comer, que me muero de hambre. —Lo aparté antes de echarme a correr mientras me decía que nadie le daba órdenes a un emir si no estaba dispuesto a pagar el precio. Desayunamos tar







