LOGINElyBusqué a Tariq entre las sábanas antes de abrir los ojos y encontré su lado frío. No estaba tampoco en el sillón junto a la ventana, donde solía leer cuando no conseguía dormir. Cuando miré el teléfono, faltaban unos minutos para las siete. Los dos documentos seguían sobre la mesilla y aunque lo que vivimos ayer mientras recorríamos la casa junto al mar, parecía un recuerdo lejano, por un momento me imaginé instalada ahí, esperando su regreso al anochecer.Después de un buen rato divagando, comprendí que aunque podía ofrecerme aquella vida sin renunciar a casarse con Reem y que Mariam parecía feliz compartiendo a su amante; yo había sufrido demasiado con solo verlo posar junto a su prometida para unas fotos. ¿Qué pasaría conmigo el día de su boda? ¿Y cuando inevitablemente tuvieran hijos?Había pasado todas estas semanas con la sensación de que si esperaba pacientemente algo cambiaría. Su manera de hacerme y buscarme incluso cuando apenas le quedaban fuerzas habían alimentado esa
TariqEly me contaba que anoche Brian logró que Fhad le prometiera una visita a Londres junto a su hija, pero se quedó a media frase cuando entramos a la propiedad y miró los enormes árboles flanqueando el camino con sus ramas entrelazadas sobre nosotros.Bajé las ventanillas y el sonido del mar hizo que abriera los ojos y saltara en su asiento, emocionada.—¡Ay, Santa Bárbara, bendita! ¿Eso es…?Asentí, satisfecho, y al estacionar la ayudé a bajar mientras ella contemplaba los jardines. Cuando entramos a la casa, Ely se detuvo frente al cuadro que dominaba la sala con la mujer que abría las contraventanas. La luz que entraba desde la terraza iluminaba el suelo y le daba a la pintura un aire sofisticado mientras ella la miraba como si aquel hubiese sido siempre su lugar.—¿Lo compraste para mí? —preguntó—. Pensé que no habías vuelto a mirarlo después de que pasáramos a la otra sala.—Me precio de ser un buen observador —dije, rodeándole la cintura mientras ella apoyaba la cabeza contr
ElyPensé que después de haber sido ignorada por mi padre en público no iba a sentir una humillación más grande, pero me equivoqué. Cuando Reem le pidió a Tariq que se acercara más a ella para la fotografía, yo no sabía dónde mirar, y me parecía que todos estaban más pendientes de mi reacción que de la pareja que posaba frente a nosotros.La primera vez Tariq me miró a mí en lugar de a ella, pero cuando insistió, él se giró y la miró de tal manera que la hizo retroceder sin siquiera abrir la boca. Incluso Salma se atragantó con la champaña y me sujetó con fuerza antes de darles la espalda a todos y apoyarse contra mi hombro aguantándose la risa.—No es gracioso —susurré con los dientes apretados.—Lo sé. —Tosió una vez más—. Pero esto se convertirá en un infierno para ella, te lo apuesto.Me costaba reconocer en esa rigidez al hombre tierno y dulce que seguía buscándome bajo las sábanas. Y aunque una parte de mí agradecía su frialdad, bastó con que Reem le tomara el brazo y la pulsera
ElyUn grito ronco me arrancó del sueño y me incorporé tan deprisa que casi me caí. Tariq me sujetó de golpe y sentí un tirón. Todavía intentaba averiguar qué había ocurrido cuando el grito se repitió y él se echó a reír.—Un francolín gris —dijo, señalando el jardín.Sobre el borde del canal había un pájaro rechoncho, de plumaje pardo finamente rayado. Me dejé caer contra su pecho mientras le tapaba la boca con la mano, pero lo sentí reír contra mi palma. Su cuerpo desprendía tanto calor que acabé apartándome. Miré a mi alrededor antes de recoger la camisa del suelo y ponérmela, mientras él se incorporaba, todavía divertido.—Estamos solos, mi Ely. No me prives de tu desnudez —dijo al impedir que me siguiera abotonando la camisa y dejó un beso sobre uno de mis senos. —Tenemos que darnos un baño. Y dame de comer, que me muero de hambre. —Lo aparté antes de echarme a correr mientras me decía que nadie le daba órdenes a un emir si no estaba dispuesto a pagar el precio. Desayunamos tar
TariqTenía el brazo adormecido desde hacía rato, pero no iba a moverme. Ely parecía por fin dormida. Luego soltó un suspiro bajo y, al mirar hacia abajo, la vi sonreír a medias con los ojos todavía cerrados.—No has dormido nada —murmuró, rodeándome la cintura con un brazo y hundiendo la cara un poco más en mi pecho.—Tú tampoco.Le acaricié el rostro con ternura. Llevábamos una semana compartiendo cama desde el acuerdo, pero entre el miedo a que me apartara y el trabajo extenuante de ambos, me conformaba con su cercanía y esta pequeña habitación en lugar de la mía.Ely recorrió mis cejas con los dedos, despacio.—¿Qué estás pensando? Tienes un brillo extraño en los ojos.—Pienso en que deberíamos escaparnos un par de días.Se rio contra mi pecho, pero el sonido se interrumpió en cuanto me incorporé a buscar el teléfono y empecé a mover mis citas.—Tariq… las últimas pruebas del sistema de voz en el palacete.—Brian y Fhad pueden con eso. Tú revisas lo que te manden desde el ordenado
ElyCuando Omar abrió la puerta, Saleh entró como un vendaval frente a Tariq, pero este no le devolvió el saludo. Saleh miró la daga clavada en la madera y enseguida volvió los ojos hacia mí. Y aunque quise acercarme a Tariq, me quedé junto a la pared sin bajarle los ojos.—¿Por qué tienes a mi hija bajo custodia? —preguntó—. ¿Por esta mujer?—Estoy seguro de que mi madre ya te puso al tanto —respondió Tariq, sacando la daga de la madera para dejarla sobre la mesa.—¿Has visto cómo le dejó la cara? Ella la atacó.—Deja de parlotear. Hay una grabación y mi madre intervino para apartarla. Así que siéntate de una vez. Ambos sabemos a qué viniste.Saleh se sentó sin quitarme los ojos de encima. Me acerqué a la silla que Tariq había dejado a su lado y traté de erguirme a pesar de que me temblaba todo el cuerpo.—Ya me entregaron los originales del restaurante y fue costoso —dijo, dejando un sobre sobre la mesa—. Puedo conseguir que retiren las publicaciones, pero no mientras esta mujer sig







